Temas Especiales

02 de Apr de 2020

América

El temor a decir la verdad

No hay secretos eternos. Ni en lo privado, ni mucho menos en lo público. Más temprano que tarde son debelados y sus protagonistas convoc...

No hay secretos eternos. Ni en lo privado, ni mucho menos en lo público. Más temprano que tarde son debelados y sus protagonistas convocados a asumir las responsabilidades derivadas de sus errores o desviaciones. Mientras sucede viven intranquilos, temerosos de ser descubiertos, preparando coartadas para justificarse llegado el momento. Cuando se trata de gobernantes perversos todo es válido.

La destrucción de los depositarios o confidentes de esos secretos, la descalificación por la vía de la difamación, la injuria y la calumnia, el acoso y la persecución, la cárcel o el cementerio pueden ser destinos apropiados para quienes se consideran peligrosos enemigos. Para quienes así actúan todo vale.

Pudiera agotar este comentario con muchos ejemplos de cuanto sucede en el ambiente de putrefacción tanto de la comida, como de la vida pública venezolana. Uno de ellos es terriblemente ofensivo a la dignidad de una nación mayoritariamente católica, con probada capacidad de tolerancia y libertad religiosa entre todas las tendencias.

La actitud grosera e insultante del Presidente contra el Cardenal Jorge Urosa, merecedor de todo nuestro respeto y admiración, contra la Jerarquía, contra Su Santidad el Papa Benedicto XVI, contra El Vaticano como Estado independiente y el uso aberrante de la figura de Cristo con intenciones perversas, esconde el temor a la credibilidad de los voceros de la Iglesia cuando denuncian los peligros de un régimen que avanza hacia el comunismo ahogando la libertad, atropellando la dignidad de los venezolanos y la posibilidad de plantear otros temas definitivos para el futuro de la Patria.

Mas allá de diferencias políticas e ideológicas, los católicos cerramos filas en defensa de quienes representan nuestras convicciones fundamentales. Haga lo quiera hacer el gobierno, nos encontrará de frente. Otro caso gravísimo se refiere a las evidencias planteadas por el gobierno colombiano sobre la presencia en Venezuela de unos 1.500 narcoguerrilleros de ese país y unos seis jefes de los más representativos. Nada nuevo.

Desde hace años lo venimos planteando al recoger los irrefutables testimonios de secuestrados, chantajeados y familiares de asesinados que tienen como referencia las asociaciones de productores agropecuarios fundamentalmente de Táchira, Zulia, Apure y Barinas.

La información plena la tiene el gobierno venezolano desde hace años, por vía directa de sus pares colombianos y por denuncias específicas de gremios y personalidades. Sólo un caso más, por falta de espacio. Rechazamos la vulgar profanación del sarcófago de Simón Bolívar.

Las explicaciones son banales. Esconden no sabemos que cosa, con certeza nada científico, pero con un olor y sabor esotéricos que provocan indignación, rechazo y pena. ¡Hasta cuando!