19 de Oct de 2021

América

Los prósperos ancianos

C uando el presidente de la Cámara hace un llamado para recortar gastos por un valor de billones de dólares, el mensaje es claro. Todo a...

C uando el presidente de la Cámara hace un llamado para recortar gastos por un valor de billones de dólares, el mensaje es claro. Todo arreglo para elevar el techo de la deuda federal debe incluir considerables ahorros en los beneficios del Seguro Social y Medicare. Subsidiar a los ancianos es el mayor gasto federal (más de dos quintos del total); pero recortar los beneficios de los ancianos prósperos no es sólo aritmética presupuestaria, es también lo correcto.

He instado a elevar la edad para el Seguro Social y Medicare y a examinar los medios económicos de los beneficiarios durante tanto tiempo que me olvido de que muchos norteamericanos aún aceptan la idea anticuada y propagandística de que la ancianidad automáticamente empobrece a la gente. Un lector pregunta: ¿Quiénes son estos ancianos ‘acomodados’ sobre los que usted siempre escribe? La sugerencia es que son productos de mi imaginación, inventados para justificar duros recortes del Seguro Social y Medicare para los necesitados.

Justo lo opuesto. Vemos a diario que muchas personas de 60 y más años viven cómodamente —y lo seguirían haciendo si recibieran un poco menos del Seguro Social y pagaran un poco más de Medicare. El problema es que lo que es instintivamente obvio se pierde en el debate político; queda abrumado por estadísticas selectivas e interesadas, que describen a toda persona de 65 o más años como al borde de la insolvencia. El resultado es que el gobierno subsidia excesivamente a los ancianos prósperos. Transfiere los recursos de los jóvenes, que luchan por salir adelante, a los ancianos que están seguros.

Para corregir el estereotipo, consulten una publicación del gobierno titulada ‘Los norteamericanos mayores 2010, indicadores clave de bienestar’. Nos recuerda que los norteamericanos viven más y son más saludables. En 1930, la expectativa de vida era de 59,2 años en el nacimiento y de 12,2 años a los 65 años; en 2006, esos números eran 77,7 y 18,5. Desde 1981, las tasas de mortalidad para enfermedades cardiovasculares y hemiplejías han caído a la mitad para los de 65 y más años. Aproximadamente las tres cuartas partes de este grupo califica su propia salud como ‘buena’ o ‘excelente’.

‘La mayoría de los ancianos está disfrutando de una prosperidad mayor que la de cualquier otra generación anterior’, expresa el informe. Consideremos lo siguiente:

De 1959 a 2007, la proporción de la población de 65 y más años con ingresos por debajo de la línea de la pobreza del gobierno (12.968 dólares para una pareja en 2009) bajó de 35,2% a un 9,7%, es decir, la mitad de la tasa de pobreza para niños de menos de 18 años. (18%).

La proporción de los ancianos que vive en el grupo de ‘altos ingresos’ —definidos como cuatro veces la línea de la pobreza, o casi 52.000 dólares para una pareja en 2009— se elevó de un 18,4 por ciento en 1980 a un 30,6% en 2007.

En 2007, el valor neto medio (es decir, los bienes menos las deudas) de las familias de 65 y más años era de 237.000 dólares, alrededor del doble de la cantidad para familias de 45 a 54 años. Entre las parejas casadas de 65 y más años, el valor medio neto era de 385.000 dólares.

En verdad, la mitad de la riqueza de la nación es propiedad de gente de 55 y más años (un tercio de la población adulta), informa Eugene Steuerle y Stephanie Rennane del Urban Institute. Los viejos se sienten más seguros. El National Opinion Research Center habitualmente hace encuestas sobre la ‘satisfacción’ financiera de los norteamericanos. En 2010, el 82% de los de 65 y más años expresó que estaba ‘satisfecho’ o ‘más o menos’ satisfecho. Para los menores de 65 años, la cifra comparable fue del 66%.