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06 de Mar de 2021

América

Las cárceles : barriles de pólvora

HONDURAS. El último episodio con los 355 presos que murieron en sus celdas abrazados por las llamas o asfixiados por el humo en una gran...

HONDURAS. El último episodio con los 355 presos que murieron en sus celdas abrazados por las llamas o asfixiados por el humo en una granja penal en Honduras, son el testimonio más cruel de la tragedia que viven los reos en las cárceles de América Latina, hacinados y sometidos a la violencia de sus copresidiarios o de sus guardianes.

El narcotráfico en toda la región ha superpoblado las cárceles en las últimas tres décadas, transformando al hacinamiento y a la violencia en el mal común de Latinoamérica, según analistas consultados por la AFP.

Las estructuras carcelarias fueron diseñadas a comienzos del siglo pasado cuando no existían los delitos de narcotráfico y la población criminal era mucho menor a la actual, subrayaron.

En Venezuela, las cárceles encierran a 50.000 reclusos, cuando su capacidad es de 14.000, según cifras del propio gobierno; mientras que las prisiones de Chile registran superpoblaciones de 50%, 70% y hasta 200%, según datos del gobierno de 2010. Fue precisamente Chile donde se vivió el antecedente más cercano a la tragedia de Honduras, cuando, el 8 de diciembre de 2010, 81 reos murieron en un incendio en la cárcel San Miguel de Santiago, originado en forma intencional en medio de una riña.

La situación es especialmente acuciante en Centroamérica. En El Salvador los registros indican que hay un total de 25.400 reos, cuando los 19 centros penales del país fueron creados para albergar 8.100.

Guatemala presenta gran similitud con el caso de Honduras, según afirma Carmen Ibarra de la ONG Movimiento Pro Justicia. ‘Las situaciones son tan precarias que cualquier cosa puede pasar’, señaló. Según Ibarra, unas 1.500 personas se encuentran detenidas en las prisiones guatemaltecas pese a que ya cumplieron su condena. ‘El sistema carcelario está en crisis en toda la región, con mayores o menores niveles de problemas, pero en todos los casos con altos niveles de hacinamiento, bajísimos niveles de inversión pública y casi nulas políticas de reinserción’, explica Dammert.

Dammert cuestiona la validez de una institución que hace muy difícil la labor de rehabilitación y reinserción. En Brasil, el sistema vive también el problema de hacinamiento y el de falta de inversión, que fomenta la presencia de organizaciones criminales que imponen su ley en prisiones deterioradas, insalubres y con administraciones corruptas.

La historia de las cárceles del país está plagada de sucesos cruentos, como la masacre del 2 de octubre de 1992 en la cárcel de Carandiru de Sao Paulo, donde 111 presos resultaron muertos en un motín reprimido por cientos de policías, que transformó a los corredores de la prisión en ríos de sangre. Apoteosis de la problemática, los medios de información de México denuncian frecuentemente que la corrupción del país hace que los líderes de carteles se conviertan en los dueños de las cárceles.

Los gobiernos, lo que hacen es asegurar que los delincuentes no estén afuera, pero no se preocupan de lo que sucede adentro, dijo.