01 de Dic de 2021

América

¡Terremoto! ¿Qué hacer?

Una vez más, los humanos vuelven a enfrentarse a la furia de la naturaleza.

Una vez más, los humanos vuelven a enfrentarse a la furia de la naturaleza. El miércoles 16 de septiembre, un terremoto de 8.4 grados en la escala Richter sacudió a Chile. Posteriormente se originó un tsunami en toda la zona costera con olas entre 4 y 6 metros de altura. Los más importantes institutos sísmicos del mundo aseguran que se trató del más fuerte terremoto que se haya producido en el 2015 en el planeta.

Sin embargo, el dato de fallecidos, heridos y damnificados no se corresponde con la magnitud del evento: 10 muertos, 23 desaparecidos y un millón de afectados por daños materiales debido a derrumbes de viviendas, aludes de tierras por olas que arrasaron casas, caminos y puentes. Por lo pronto, estas son las cifras que se manejan.

A nivel internacional, muchos se preguntan las razones por las que, esta vez, la lista de víctimas sea mucho menor a casos similares anteriores e incluso en otros países.

Expertos internacionales en catástrofes naturales han destacado varios factores que han permitido que Chile —desde el terremoto y tsunami del 2010, el cual produjo 568 víctimas fatales—, cinco años después y con un terremoto de casi igual magnitud, registre un total de víctimas hasta el momento notoriamente menor. Los expertos insisten en señalar que tres elementos han sido claves para reducir los riesgos de muertos y heridos: la educación de la población, los sistemas de información y comunicación y la mejora de la normativa sobre construcciones adecuadas a países propensos a este tipo de tragedias.

Saber qué hacer es clave. En otras palabras, las autoridades municipales, policías, bomberos, escolares, etc. deben estar preparadas para saber conducirse en situaciones extremas. Esos cambios se intensificaron en los últimos cinco años y el gobierno de Michelle Bachelet cosecha las mejoras que produjo.

Especialistas chilenos han explicado por estos días que las constantes simulaciones de catástrofes en poblados, escuelas y comunas disminuyen el número de víctimas.

En América Latina, las experiencias de Chile y Cuba —el primero en cuanto a erupciones volcánicas, terremotos y tsunamis y el segundo en catástrofes por tormentas tropicales y huracanes— demuestran que la obediencia civil es un factor que contribuye a la protección de la población como ningún otro elemento.