La Estrella de Panamá
Panamá,25º

17 de Oct de 2019

América

Papel bochornoso de Panamá en lo internacional

Nuestros gobernantes no pueden seguir comprometiendo a nuestro país a adoptar decisiones lamentables siguiendo órdenes de otro país

President Taneti Maamau of Kiribati addresses the 74th session of the United Nations General Assembly, Wednesday, Sept. 25, 2019, at the United Nations headquarters. (AP Photo/Frank Franklin II)AP

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en estos días ha sido escenario de un debate candente entre poderes económicos y políticos mundiales que han dejado perplejo a más de uno. El antagonismo entre los liderazgos de países soberanos y los voceros de gobiernos serviles a Estados Unidos llenó a nuestra América de reflexiones y conclusiones sorprendentes.

Escuchábamos con sumo agrado y admiración la decisión del canciller de Uruguay en Nueva York al abandonar el nefasto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca TIAR, con la fuerza de la verdad y el derecho internacional, como muy pocas veces hemos visto en gobiernos regionales.

Uruguay se ha llevado los aplausos del hemisferio y el ataque de sectores rabiosos que desean la muerte y la guerra en nuestro continente. Pronto empezarán a acusar a Uruguay (con un gobierno de derechas) de ser castrochavistas y cuanto invento sirva para desmeritar su valentía.

¿Qué estaba haciendo Panamá mientras esto ocurría? Nuestro Presidente se reunía con Donald Trump, Iván Duque y Sebastián Piñera, los indeseables de América Latina. ¡Tremenda pandilla con la que nos fuimos a reunir!

Como siempre, estos escenarios evidencian que la crisis de Venezuela es el “comodín de los alienados”: Maduro es el responsable de los problemas de la región (ahora también las FARC), también Cuba y Nicaragua, pero no el intervencionismo norteamericano y los fraudes electorales auspiciados por éste, las sanciones económicas multimillonarias, la utilización de la DEA para sostener los carteles de la droga, los embargos y cercos comerciales ilegales, el uso de instancias internacionales como la CIDH y la OEA para chantajear gobiernos soberanos, la destrucción del ambiente y el robo de recursos naturales (en la Amazonía, por ejemplo). Todos estos graves problemas pasan por alto y hacen temblar rodillas a nuestra política exterior ante el micrófono, incapaces de denunciarlo con determinación y firmeza.

Pensar que la diplomacia panameña no iba a quedar empantanada en estas cruzadas, es esperar mucho. Durante décadas, gobierno tras gobierno hemos hecho el ridículo de la región y nuestra diplomacia internacional sigue cual perritos falderos a cada aventura golpista o guerrerista de los Estados Unidos; evidencia de la falta de criterio, independencia y soberanía de nuestro país y la subordinación política de nuestros gobernantes.

El Grupo de Lima fracasó, el golpismo regional fracaso y usurpadores ligados al narco-paramilitarismo como Juan Guaidó han quedado desacreditados ante toda la región, ¿para cuándo pretende nuestra cancillería distanciarse de esos rumbos? ¿Hasta cuándo vamos a seguir en el ridículo de tener una embajadora ilegítima de un gobierno paralelo e ilegal en Venezuela?

Nuestros gobernantes no pueden seguir comprometiendo a nuestro país a adoptar decisiones lamentables siguiendo órdenes de otro país, a espaldas de nuestro pueblo que ya ha rechazado aventuras antidemocráticas como la intervención militar que se prevé contra otro gobierno constitucional de la región con el TIAR. Es reprochable y contrario a nuestros anhelos; desdice de la historia y la cultura de consenso y de paz forjada con dolorosos capítulos de nuestra nación que ha dejado mártires y heridas aún abiertas. Pone entre dicho la neutralidad de nuestro territorio.

¿Qué panameño decente estaría de acuerdo con una invasión a otro país utilizando un instrumento internacional que ya fue usado para invadir el nuestro? Que Panamá haya sido parte de la votación del TIAR solo merece el desprecio de nuestro pueblo, pero también el compromiso de quienes abogamos por la paz y la autodeterminación soberana de los pueblos, como fuera ratificado durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) de 2014.

Abogado y analista político