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28 de Sep de 2020

Mundo

Los niños refugiados, los últimos en la lista de ayudas y los más afectados por la covid-19

Según el último informe de la Acnur sobre los infantes migrantes tras la pandemia, su situación será “catastrófica” en materia educativa

Si algo ha desnudado el virus de la covid-19 son las desigualdades existentes previas a la pandemia. Las personas con accesos mínimos a derechos básicos de salud, vivienda o educación, como es el caso de los niños refugiados, se perfilan para ser unos de los grandes perdedores en medio de la actual crisis sanitaria y socioeconómica.

Unicef calculó que para 2019 unos 50 millones de niños habían atravesado las fronteras en busca de un futuro mejor.EFE

De acuerdo con un informe publicado este jueves por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), las probabilidades de que un niño no asistiera a la escuela son el doble si es refugiado, esto antes de la pandemia. Ahora la situación es mucho peor, precisa el organismo.

“Muchos niños refugiados probablemente no tendrán la oportunidad de retomar sus estudios por el cierre de escuelas, las graves dificultades para pagar las tasas de matriculación, uniformes o libros, la falta de acceso a tecnologías o porque se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias”, son algunos de los problemas que destaca Acnur en el informe 'Uniendo fuerzas por la educación de las personas refugiadas'.

Estamos hablando de más de 30 millones de infantes víctimas de desplazamientos forzosos a causa de la guerra en todo el mundo. Desde los conflictos en Siria, Yemen, Irak, Afganistán, Cisjordania, Colombia o Nigeria, hasta aquellos niños que huyen de la pobreza y la violencia como en El Salvador, Guatemala o Honduras.

El precario escenario pospandemia, ya de por sí complicado para la niñez en todo el mundo, arrojaría a los menores refugiados a una situación “catastrófica” en cuanto al acceso a educación, alerta Acnur.

El organismo precisa que antes de la crisis, solo el 61% de los niños refugiados recibía educación primaria, cuando el índice mundial es de 92%; aún peor, la cifra de adolescentes que atiende una escuela secundaria, es solo 24%, en comparación con la tasa global de un 84%.

Según un reporte de 2019 elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, en inglés), el panorama es desolador tanto para los niños refugiados como para los migrantes: traumatizados por la violencia de los conflictos armados y obligados a cruzar fronteras, no en pocas ocasiones solos. Exponiéndose así a la desnutrición, deshidratación, ser víctimas de trata, violaciones, secuestro o asesinatos. Igualmente, al llegar a algún país como refugiados, su vida sigue siendo extremadamente dura, enfrentados a la discriminación y la xenofobia.

Unicef calculó que para 2019 unos 50 millones de niños habían atravesado las fronteras en busca de un futuro mejor.

“Después de todo lo que han soportado, no podemos robarles su futuro negándoles hoy una educación. A pesar de los enormes desafíos que plantea la pandemia, si se ofrece un mayor respaldo internacional a las personas refugiadas y a sus comunidades de acogida, podremos desarrollar más medios innovadores para proteger los avances fundamentales en la educación de los refugiados obtenidos durante los últimos años”, dijo Filippo Grandi, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que pidió mayores fondos para no desamparar a los infantes refugiados.

De momento, los organismos internacionales han pedido no abandonar las ayudas para financiar los programas humanitarios, especialmente los destinados para la niñez, pero la aparición de la covid-19 ha puesto en cuestión algunas donaciones y apoyos necesarios para la viabilidad de la respuesta humanitaria, colocando a los niños a la cola de las ayudas.