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30 de Ene de 2023

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Fusión nuclear, reformas constitucionales y poder ilimitado

La fusión nuclear une las masas de dos átomos que, bajo inmensa presión, se fusionan y liberan poderosas cantidades de energía

Fusión nuclear, reformas constitucionales y poder ilimitado
La fusión social requiere de mucha energía, requiere de presiones enromes, pero el resultado es energía solo comparable al sol.Pixabay

El 13 de diciembre el Departamento de Energía de EE.UU. anunció un nuevo hito en materia de fusión nuclear. Por primera vez en la historia, científicos lograron producir más energía de la que tomó para alcanzar la fusión de dos átomos. El National Ignition Facility de EE.UU. logró, a través de tecnología láser, la fusión de átomos de deuterio y tritio (ambos isótopos de hidrógeno, uno de los elementos más abundantes en el mundo) para generar por una fracción de segundo 10 cuatrillones de vatios. Esta cantidad de energía equivale a 700 veces la capacidad de generación de energía de la red eléctrica de EE.UU.

La fusión nuclear une las masas de dos átomos que, bajo inmensa presión, se fusionan y liberan poderosas cantidades de energía. Energía que además no produce desechos nucleares ni radiactivos. La tecnología científica es un ejemplo a emular en el aspecto social de nuestras democracias. Ante un mundo evidentemente dividido en grupos atomizados, las sociedades democráticas deben alcanzar la fusión social para generar poder ilimitado sin violencia (o con menores niveles de violencia). Las sociedades democráticas no sobrevivirán con base en un poder generado por la combustión social, ni del aprovechamiento de los vientos y mareas inconsistentes de los ánimos del vulgo. Las reformas constitucionales constantes y la violencia política no son alternativas viables. Debemos apegarnos al derecho natural para lograr la fusión social, que a su vez es la única manera de acercarnos a la paz social.

Fusión social y derecho natural

Lo primero que debemos considerar para emular el experimento científico del Departamento de Energía de EE.UU. es el aspecto natural de los átomos que buscamos definir. Al igual que en la ciencia, en la sociedad podemos definir, de manera concreta, a partir de la observación, cuáles son los derechos naturales del hombre. Esas características inalienables del individuo que definen su existencia en los términos más atómicos. Y recordemos que los átomos son indivisibles e indestructibles. En la sociedad democrática esa definición del individuo a nivel atómico no es sino los derechos naturales del hombre: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho al pensamiento (recordemos el artículo II de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano francesa de 1789).

En la era de la posverdad, agentes inescrupulosos que buscan alcanzar el poder han querido inculcarle a la población definiciones distintas a las determinadas por el orden natural. Para continuar con la analogía: el deuterio está confirmado por un solo protón y un solo electrón. Cualquier alteración de esta “anatomía” atómica resulta en una nueva partícula. Por ejemplo, si el deuterio pierde su electrón, se convierte en un ion con otro nombre: deuterón. Al igual que en la sociedad sus componentes tienen sus nombres y sus definiciones, basadas en la realidad fáctica y no en interpretaciones relativas y efímeras.

La fusión social al igual que la fusión nuclear requerirá de una enorme cantidad de energía, y requerirá someter a los átomos a presiones enormes. El resultado, sin embargo, son niveles de energía aún más altos que los necesarios para alcanzar la fusión de ambas partes. Esta es la misma base de la democracia liberal: el consenso siempre va a generar mayores niveles de poder y paz social que la violencia.

Falacia del poder renovable

En la era de la posverdad hemos evidenciado cómo los políticos inescrupulosos han utilizado la combustión social como maneras de alcanzar y mantener el poder. Al igual que la gasolina, el gas y el carbón, la combustión social es explosiva y libera desperdicios que son nocivos para la salud democrática.

No es sostenible para una democracia que generemos el poder que impulsa el funcionamiento de nuestras sociedades a partir de la combustión violenta de motivaciones político económicas. En otras palabras, no es sostenible para una democracia que un presidente, por ejemplo Joe Biden, catalogue a la mitad del país como fascista o racista u homófobo o misógino. Sí, al igual que la gasolina, la explosión de esos ánimos impulsará a los electores, pero también libera el resentimiento social, el odio hacia el prójimo, libera al individuo del pacto social para glorificar la violencia. De la misma manera, aquellos que se encuentren en oposición al statu quo en una sociedad democrática no pueden pretender alcanzar el poder con teorías de conspiración que no están basadas en hechos, manipulando a la población. Para ser ecuánime, movimientos como QAnon, e incluso algunos grupos antivacuna, han simplemente movilizado a millones, basados en fantasías que generan rechazo y violencia.

Es una falacia pensar que se pueden utilizar los vientos y mareas de los ánimos de una sociedad como base para impulsar el funcionamiento de la misma. Es una fuente de “energía” o cohesión social inconsistente y que desata de lo terrenal las definiciones del derecho natural. Para ser más directo: el populismo no es un movimiento sostenible y no produce una sociedad sin violencia. Todo lo contrario, el populismo pretende una destrucción del “otro”, del enemigo, y es lo opuesto a la fusión social.

Reformas estructurales superficiales

Continuando con la analogía de las fuentes de energía, en la actualidad tenemos que nuevamente estar claros: la gasolina sin plomo, la de 95 octanos, un carro con mayor MPG, y todas las propagandas que podamos ver sobre la eficiencia del uso de hidrocarburos, no deja de ser el uso de combustible. Así, pretender utilizar artificios lingüísticos que embellezcan una constitución o un acuerdo internacional no elimina un fin del uso de la violencia para alcanzar fines políticos. Solo el respeto al derecho natural y la fusión social lograrán una sociedad democrática sostenible.

En EE.UU. el partido Demócrata ha sido un experto vendedor de ilusiones. Pero al final del día #metoo, Black Lives Matter, la promoción de una diversidad de “géneros”, la crisis climática, la defensa a la democracia a nivel mundial, podrían calificarse de medias verdades, mentiras sin toda la sustancia y sustento apropiado en la vida de los americanos. Al igual que el vendedor de un concesionario de carros, el objetivo real del vendedor no es la protección de tu inversión, sino su propio enriquecimiento.

Si el caso de la política de EE.UU. es muy alejado para algunos o percibido como muy polarizante por otros, veamos al resto de las Américas: en 30 años la región ha visto más de 15 nuevas constituciones y cerca de tres decenas de reformas constitucionales. Cada vez los textos son más largos, con más adjetivos y la “creación” de más “derechos” basados en solamente el imaginario ficticio creado por el impulso populista. El resultado lo estamos viviendo. Una región resentida, convencida de que tiene el derecho a dádivas del Estado, convencida de que la violencia es la dinámica predominante para alcanzar el progreso individual, pero, sobre todo, silenciosamente sometida a respirar la toxicidad de un poder basado en la combustión social.

Conclusión

Los derechos naturales del hombre están definidos al igual que las partes y forma de un átomo. La fusión social requiere de mucha energía, requiere de presiones enormes, pero el resultado es energía solo comparable al sol. Energía sin desechos tóxicos, ilimitada, y sin la necesidad de quemar o destruir.

Al igual que la tecnología alcanzada por el National Ignition Facility de EE.UU., la fusión social en una democracia liberal es aún una tecnología en desarrollo que requerirá de muchos experimentos. Pero con toda certeza, los científicos que buscan lograr la energía ilimitada no se cansan en mitad del proceso y optan por una explosión nuclear como alternativa. Mantengámonos firmes en nuestro objetivo. Mantengámonos firmes en la realidad fáctica del derecho natural. No creamos en el discurso de vendedores de carros, ni en el resentimiento de populistas.