Brasil vota bajo la mirada internacional ante el pulso entre Lula y Bolsonaro

  • 24/10/2026 17:53
La incertidumbre electoral y la polarización marcan la disputa entre ambos candidatos, seguida de cerca dentro y fuera del país sudamericano

Casi 159 millones de brasileños están llamados este domingo a las urnas para decidir si le dan una nueva oportunidad al presidente Luiz Inácio Lula da Silva para conseguir un cuarto mandato no consecutivo, o bien decide optar nuevamente por el bolsonarismo encarnado en el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro. Estas elecciones no solo se miran con lupa dentro del gigante sudamericano sino también fuera de sus fronteras ante las consecuencias que podría tener el posible triunfo del hijo del expresidente condenado a 27 años de reclusión por golpismo.

Ambos midieron ayer sus fuerzas en sendos mítines de campaña en el contexto de la recta final de unos comicios marcados por la incertidumbre dado que las últimas encuestas vaticinan un empate técnico entre los candidatos del Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Liberal (PL).

Por un lado, Lula da Silva encabezó una marea humana que tiñó de rojo la playa de Copacabana. Consciente de que cada voto de los 33 millones de abstencionistas que decidieron quedarse en casa en la primera vuelta de las elecciones, el candidato presidente le dio un impulso renovado que no solo reflejó en la convocatoria de numerosas manifestaciones políticas en las que se reivindica lo conquistado durante los gobiernos del PT y se refuerza la presencia en las redes sociales de la mano del conocido como ‘Ejército de Lula’, sino también en la adopción de leyes como la que otorga dos días de descanso obligatorio a los trabajadores brasileños, en vez de uno como hasta ahora.

“El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense. Es un asunto de soberanía, y no permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, dijo Lula, de casi 81 años, al resaltar otro de los puntos calientes de la campaña: el favoritismo de la administración Trump hacia el hijo de Jair Bolsonaro.

Consciente de que cada voto de los 33 millones de abstencionistas que decidieron quedarse en casa en la primera vuelta de las elecciones, el candidato presidente le dio un impulso renovado a su campaña.

Nicolas da Silva, un empleado de hotel de 25 años, reconoció que el esfuerzo en la calle y en las redes por parte de los partidarios de Lula diseñado para remontar la ventaja del candidato derechista, quien consiguió el 47% de los votos de la primera vuelta de los comicios, “está siendo muy pesado”. “Pero no hay cómo descansar (...) Estamos luchando, dando vuelta a los votos, luchando contra el fascismo, a favor de la democracia”, afirmó a la AFP.

El esfuerzo tanto de Lula como de sus partidarios de intentar dar vuelta al resultado del pasado 4 de octubre, comenzó a ponerse en marcha después de que el mismo mandatario admitiera que el resultado lo dejó desprevenido y que pensaba que conseguiría la reelección en primera vuelta. Con la convicción de que un voto por Lula es un voto para asegurar la continuidad de la democracia, los partidos de su base política – como el PT o el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) – sus simpatizantes formaron parte de una operación remontada que se reflejó tanto en las calles como en las redes.

El cambio de estrategia de Lula también se notó en su desempeño en los dos debates televisados de la campaña, el de Band Televisión y el de TV Globo. En el primero, Lula se mostró confrontacional en un debate cuyo estilo emulaba al que tuvo la entonces candidata presidencial demócrata Hillary Clinton y su contrincante republicano Donald Trump en 2016. Allí entonces el candidato presidente retó a su adversario que levantara el secreto bancario para despejar cualquier duda en torno a la corrupción. Flávio Bolsonaro, por su parte, no aclaró si aceptaba la propuesta y señaló en cambio las acusaciones al hijo mayor de Lula por presunto tráfico de influencias. El segundo debate fue aún más bronco con un polémico dicho de Bolsonaro hijo en el que se mofaba de que el presidente Lula tan solo tuviera nueve dedos. El mandatario perdió el dedo meñique a los 17 años de edad mientras trabajaba en una fábrica. Ante la provocación, Lula le respondió que ese dedo lo perdió trabajando.

“No voy a permitir que un miliciano me llame ‘nueve dedos’, alguien que nunca trabajó en la vida, que el primer empleo que tuvo es falso”, sentenció Lula. Tras la reacción de Lula, Flávio Bolsonaro pidió sus ‘disculpas, de verdad’ haciendo un gesto de perdón con las manos.

Con todo ese tenso trasfondo, el candidato opositor Flávio Bolsonaro congregó a sus seguidores en la Plaza de la Libertad, en Belo Horizonte.

Las promesas electorales del hijo de Bolsonaro giran en torno al crimen, la promoción del libre mercado y la cercanía con Estados Unidos.

“El partido hoy en el poder quiere dejar a la gente dependiente del Estado. Nosotros valoramos la libertad”, dijo el simpatizante Ebert Dorigo, a la agencia AFP. “Mejorar es a través del trabajo”, dijo este empresario, haciéndose eco de un gran reclamo entre bolsonaristas contra los programas sociales de Lula, como el Bolsa Familia.

Las promesas electorales del hijo de Bolsonaro giran en torno al crimen, la promoción del libre mercado y la cercanía con Estados Unidos. El candidato del PL cogió auge a raíz del alto costo de la vida, que se refleja, por ejemplo, en la localidad fronteriza con Argentina y Paraguay de Foz do Iguaçu, conocida por ser un punto clave de intercambio económico en la triple frontera que comparte Brasil con estos dos últimos países. De las 40 personas consultadas en esa localidad por el diario argentino Misiones Online, el 65% manifestó su preferencia por Flávio Bolsonaro, el 12,5% por Lula da Silva y el 22,5% prefirió no responder.

Lo Nuevo