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‘Ante el cambio climático, es importante empezar a introducir el término de adaptación’
- 25/10/2026 00:00
El terremoto en Azuero puso en evidencia la necesidad de fortalecer la investigación científica y la preparación ante desastres, en una región donde la crisis hídrica ya representaba un desafío para las comunidades y el sector agropecuario. Para Haydee Osorio Ugarte, docente de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), ingeniera civil y doctora en Ingeniería Agrícola con mención en Recursos Hídricos en la Agricultura, enfrentar estos retos exige ampliar la inversión y la cooperación en ciencia, pero también asumir la adaptación al cambio climático como una prioridad. Más allá de mitigar sus efectos, la especialista destaca la importancia de desarrollar soluciones basadas en la naturaleza, proteger las fuentes de agua y fortalecer la infraestructura para responder a escenarios cada vez más complejos, ahora con una mirada centrada en la adaptación de la sociedad al desafío climático. Desde la investigación aplicada hasta la colaboración entre el Estado, la academia y la empresa privada, Osorio plantea que anticiparse a los riesgos y adaptarse a las nuevas condiciones será fundamental para construir comunidades más resilientes.
De acuerdo con las fallas y las explicaciones que nos han dado los expertos sobre las estructuras y cómo se mueve la roca, probablemente algunas fuentes desaparezcan, otras broten y otras se hagan más grandes. Esto dependerá de la magnitud del sismo, de la infraestructura que exista dentro de la misma geología y, por supuesto, de la roca. Entonces, puede ser que algunas fuentes broten y otras cambien su dirección.
Es importante separar el impacto del sismo, un evento nuevo para la memoria de muchos panameños, de las acciones que ya se estaban tomando frente a la crisis hídrica de la región. Hasta donde tengo entendido, el Gobierno había invertido recursos para evaluar la infraestructura e iniciado perforaciones de pozos. Sin embargo, desde mi perspectiva científica, una de las acciones más importantes para el futuro es la inversión en investigación a través del Ministerio de Ambiente, particularmente en el análisis de isótopos estables. Esta técnica permite conocer la edad y el origen del agua. Mediante el análisis de su composición isotópica, podemos determinar si proviene de lluvias recientes o si lleva años circulando y almacenada en el sistema hídrico. Es una herramienta innovadora que permite comprender mejor cómo funciona el ciclo del agua en una región. La Agencia Internacional de Energía Atómica impulsa la incorporación de países, entre ellos Panamá, a redes que utilizan estos análisis para identificar la huella hídrica. Esto nos permite estudiar de dónde viene el agua, cómo se mueve y cuáles son las condiciones que alimentan las fuentes. ¿Por qué es importante? Si conocemos la antigüedad y el origen del agua, podemos identificar las áreas de recarga que necesitamos proteger, restaurar o mejorar. No es lo mismo una fuente que depende de lluvias recientes que otra cuya recarga se produjo hace diez años. Esa investigación es fundamental porque ya estaba en marcha cuando ocurrió el sismo. Mientras analizamos cómo el movimiento de las rocas puede modificar las fuentes, también contamos con muestras que permitirán continuar el seguimiento. Esa información será esencial para comprender los cambios, proteger las fuentes hídricas y prepararnos mejor ante los desafíos futuros, ya sean desastres como un sismo u otros.
En cualquier emergencia después de un sismo, hay que hacer una evaluación de daños y un análisis de necesidades, en este caso, de agua y saneamiento; también se hace ese análisis para otros temas. Lo que se hace es el levantamiento de datos sobre cómo estaba la infraestructura antes y después del sismo. A partir de allí, se van a poder establecer las necesidades a corto, mediano y largo plazo. En ese sentido, también se está invirtiendo en la misma región a través del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos. Tengo entendido que ellos ya estaban levantando información sobre la infraestructura en Azuero para poder encontrar cuál es el origen de la crisis y, así, transformarla en un activo para la región a mediano y largo plazo.
La crisis, cuando inició, se presentó en la cabeceras del río, donde había algunas descargas de porquerizas. Ante esta situación, que afectaba la parte agroecológica, se impulsó el Laboratorio de Los Canelos, ubicado en Divisa, un punto estratégico entre Coclé, Veraguas y Azuero, para atender las necesidades de la región del Arco Seco. Desde entonces, se ha invertido en evaluar la calidad del agua y los suelos, además de habilitar reservorios para uso agrícola. Aunque la región enfrenta una crisis compleja, es importante reconocer que el país ya estaba invirtiendo en infraestructura, monitoreando los sistemas hídricos y atendiendo a la población antes del sismo. (...) Confío en que los estudios científicos permitirán identificar las causas de los problemas y generar conocimiento para mejorar la infraestructura hídrica, tanto en la calidad como en la disponibilidad del agua.
Más que hablar de cambio climático, sería importante empezar a introducir el término de adaptación, ni siquiera el de mitigación. ¿Por qué? Cuando queremos mitigar algo, es porque todavía se puede reparar, pero si empezamos a hablar de adaptación (...) lo que tomamos son medidas que nos permiten estar preparados para adaptarnos a lo que estamos viviendo. El cambio climático está relacionado también con la adaptación y con medidas de soluciones basadas en la naturaleza, que no son más que restaurar, de alguna manera, la función que ejercía la naturaleza. Se trata de estudiarla, observarla y, con eso, implementarla y hacer algún tipo de cambio. Por ejemplo, en los drenajes sostenibles, yo puedo tener un tragante de concreto por el que el agua entra y sale; el agua siempre va al río. En cambio, con un tragante urbano sostenible, lo que hago es una combinación con parte de la vegetación local. Eso está comprobado en el laboratorio, en el grupo de investigación de hidrología de bosques y aguas urbanas: una vez que pasa el agua contaminada o el agua de la calle, el sistema la retiene y lo que llega al río es mucho menor. Por eso se llaman soluciones basadas en la naturaleza, porque son como una réplica de lo que ella misma ya hacía. (...) Pensar en la adaptación, sea en una situación de desastre o no, es muy importante, además de involucrar en cualquier acción tanto a las empresas privadas como al Estado.
Hace poco mencioné el Laboratorio de Los Canelos, que surge a través de la Senacyt y que tiene que ver con temas agroecológicos para toda la región del Arco Seco. Esa instalación permite que la región cuente con investigación, y se avanza en relación con los temas de contaminación del suelo, contaminación del agua y su calidad. También se realizan investigaciones y se trabaja en su aplicación posterior. Una de las cosas que contempla el Pencyt (Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación) es un pilar de la agroindustria, en el que trabajan investigadores de la UTP, así como de la Universidad de Panamá y otros investigadores que ganan fondos para que la investigación termine en una aplicación. Cada vez el país invierte más en ese sentido. El Municipio de Panamá nos llamó para hacer una presentación sobre ese tema porque les pareció muy innovador poder utilizar sensores e incluso cambiar el paisajismo de la ciudad a través de una solución basada en la naturaleza. Esta fue una tesis de un estudiante que la ideó e innovó en ese aspecto. Entonces, en ese sentido, la investigación busca convertirse en ciencia aplicada.
Necesitamos involucrar mucho más a la empresa privada y lograr que se integre a nuestras acciones e investigaciones, así como crear espacios de puertas abiertas donde podamos identificar oportunidades de colaboración. Por ejemplo, si desarrollo una investigación sobre sensores capaces de medir la calidad del agua en tiempo real, podría organizar un encuentro para que las empresas interesadas conozcan esa tecnología y exploren cómo aplicarla. Es fundamental que la empresa privada y los investigadores nos veamos como aliados. Necesitamos construir una relación horizontal en la que ambas partes podamos aportar conocimientos, compartir desafíos y buscar soluciones conjuntas. Estoy convencido de que esta colaboración contribuiría a impulsar el desarrollo sostenible, mejorar la construcción de nuestras ciudades y generar una visión de sociedad más innovadora, necesaria y, sobre todo, esperanzadora.