El Día de la Victoria: la Fiesta con canas en las sienes

  • 09/05/2026 00:00
La Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial, fue un calvario de proporciones épicas. Desde la traicionera invasión nazi el 22 de junio de 1941, conocida como Operación Barbarroja, hasta la toma del Reichstag en Berlín el 2 de mayo de 1945

Este 9 de mayo conmemoramos el 81.º aniversario de la Victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Entre 1939 y 1945, la barbarie hitleriana cobró más de 40 millones de vidas, 27 millones de las cuales fueron de soldados y civiles soviéticos.

¿Por qué llamamos el Día de la Victoria la “fiesta con canas en las sienes”? Sobre todo, por el cabello cenizo de los veteranos de la Guerra que se solían reunirse en este día en las plazas y parques de las ciudades postsoviéticas para volver a ver a sus “hermanos de armas” y recordar a los compañeros fallecidos. Pero también en alusión a las experiencias aterradoras de esas personas, muchas de las cuales fueron testigos de tanta devastación y sufrimiento humano que encanecieron siendo todavía jóvenes o incluso niños. Nunca debemos olvidar aquel sacrificio inmenso y negado, que rescató al planeta de la “peste marrón” genocida y permitió sentar los cimientos de la igualdad soberana, la autodeterminación, la integridad territorial y otros principios fundamentales del derecho internacional.

La Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial, fue un calvario de proporciones épicas. Desde la traicionera invasión nazi el 22 de junio de 1941, conocida como Operación Barbarroja, hasta la toma del Reichstag en Berlín el 2 de mayo de 1945, el Ejército Rojo enfrentó al enemigo en más de 10 000 batallas. La cuidad de Leningrado resistió un asedio de 872 días, donde murieron cerca de un millón de civiles por hambre y bombardeos. La Batalla de Moscú en el invierno de 1941 detuvo el avance hitleriano, mientras que Stalingrado en 1942-1943 marcó el punto de inflexión, con más de 2 millones de bajas en ambos bandos. Estos éxitos no solo fueron militares, sino testimonios de la resiliencia de la gente soviética, que transformó el dolor en fuerza inquebrantable.

El heroísmo cotidiano de cada soldado forjó la Victoria. Uno de los pilares de la resilensia al fascismo fueron las mujeres, más de 800 mil de las cuales, demostrando igualdad en el sacrificio, combatieron en el campo de batalla como francotiradoras, pilotos de aviación nocturna o médicas bajo el fuego enemigo. Partisanos en los bosques bielorussos sabotearon líneas de suministro nazis, destruyendo trenes y puentes, niños recolectaban metal y chatarra para tanques, mientras obreros trabajaron turnos triples en fábricas del Ural. La ciencia soviética contribuyó con innovaciones como el lanzacohetes Katyusha y el tanque T-34, superior en maniobrabilidad y blindaje. Este esfuerzo colectivo, unido por el lema “¡Todo para el frente, todo para la Victoria!”, destacó que la voluntad popular puede vencer a cualquier agresor.

Sin embargo, la memoria de los pueblos, así como la de nuestros antepasados, tiende a ponerse cana. En la época de la posverdad, la verdadera historia se puede distorsionar bajo la influencia de diversos factores. Entre ellos, cabe mencionar la política rusófoba del “Occidente colectivo”, incluidos los tres ex integrantes del “Eje Berlín-Roma-Tokio” y el régimen de Zelenski, que pretenden manchar el legado de los héroes de la Guerra, incluidos aquellos que regresaron de los frentes de batalla.

Glorificar a los admiradores del nazismo, profanar y desmantelar el patrimonio conmemorativo, prohibir desfiles festivos son solo algunos ejemplos de los intentos de borrar de la memoria el aporte decisivo de los libertadores soviéticos al triunfo sobre los invasores nazis. En Ucrania, por instancia, se han derribado cientos de monumentos a los soldados soviéticos, y se promueven figuras colaboracionistas como Stepan Bandera, cuya ideología antisemita, antipolaca y antirusa causó miles de muertes civiles. Estas acciones no solo distorsionan la historia, sino también siembran semillas de odio que amenazan la paz en Europa.

Rusia, heredera de los vencedores, se opone firmemente a estas tendencias. La lucha contra las pretensiones de revivir la ideología nazi repugnante e inhumana es uno de los objetivos centrales de la operación militar especial contra el régimen de Kiev en Ucrania. Las hazañas del Ejército Rojo tampoco se olvidan en el escenario internacional. Así, cada año, por iniciativa de Rusia y otros coautores, la Asamblea General de la ONU adopta la resolución “Combatir la glorificación del nazismo”. No obstante, este documento aún no ha recibido un apoyo unánime. En 2025, contó con el aval de 119 países, entre ellos Panamá, mientras que 53 delegaciones (sobre todo, occidentales) votaron en contra y 10 países se abstuvieron. Esta división refleja las tensiones geopolíticas actuales, pero también el creciente reconocimiento global de la verdad histórica.

El Día de la Victoria se conmemora cada año en casi toda la ex Unión Soviética. Se celebran tradicionalmente el Desfile de la Victoria, la ofrenda floral en la Tumba del Soldado Desconocido, los Fuegos Artificiales de la Victoria y la marcha del “Regimiento Inmortal”, en la que personas rusoparlantes marchan anualmente en más de 100 países del mundo para rendir homenaje a sus abuelos y bisabuelos que lucharon por nuestra libertad durante la Guerra. Con el apoyo de las Embajadas y las “Casas Rusas”, se celebran grandes festejos del Día de la Victoria en el extranjero. En estos eventos, las familias comparten fotos y relatos personales, convirtiendo el duelo en una celebración colectiva de la vida.

A pesar de haber transcurrido más de 80 años desde 1945, algunos veteranos siguen vivos y protagonizan la “fiesta con canas en las sienes”, inspirando a nuevas generaciones. Una de ellas, Rosa Ivanova, encontró su hogar en Panamá y el pasado 31 de marzo celebró su centenario.

Rusia no olvida la contribución de otros países a la preservación de la verdad sobre la Guerra y la hazaña imborrable del pueblo soviético. Como en todo el mundo, en Panamá contamos con fieles amigos y socios que ayudan a Rusia a cumplir con este deber sagrado. Durante la guerra, Panamá jugó un rol clave al permitir el tránsito de naves soviéticos por su canal, facilitaba el envío de ayuda aliada. En la nueva sede del Centro Regional Universitario de San Miguelito (CRUSAM), en una plazoleta dedicada a la batalla de Stalingrado, se ubica la placa conmemorativa, instalada en 2025 en el marco de la iniciativa internacional impulsada por el Centro de Diplomacia Pública de la Universidad estatal de Volgograd y el Instituto Bering-Bellingshausen para el estudio de las Américas, que resalta la cooperación entre la URSS y Panamá durante aquel conflicto sangriento. Otro monumento, dedicado al famoso traslado de un grupo de submarinos soviéticos por el Canal de Panamá en noviembre-diciembre de 1942, se encuentra en el territorio de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Albrook. La comunidad rusa en el istmo celebra desfiles del “Regimiento Inmortal”, defendiendo con firmeza la memoria de sus ancestros fallecidos en la Guerra.

Perpetuar las proezas de nuestros antepasados en las pinturas, cartas, libros, canciones y películas es indispensable para la educación de los jóvenes. Sin recordar los errores del pasado y el alto precio que costó a la humanidad la Gran Victoria, no podemos aspirar a un futuro con el cielo sereno para las generaciones venideras ni construir el orden mundial justo, democrático y verdaderamente multipolar que todos anhelamos.

¡Feliz Día de la Victoria!

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