24 de Feb de 2020

Nacional

Sin bomberos a quien llamar

PANAMÁ. Nunca, en los 121 años que tiene el Cuerpo de Bomberos de Panamá, ha sucedido algo así: los camisas rojas ad honorem —voluntari...

PANAMÁ. Nunca, en los 121 años que tiene el Cuerpo de Bomberos de Panamá, ha sucedido algo así: los camisas rojas ad honorem —voluntarios— de la ciudad capital han colgado la voluntad en la percha de la esperanza.

No es plata lo que anhelan. Desean que se entienda, de una vez por todas, que sin equipos no pueden trabajar. Que están dispuestos a jugarse la vida, pero al menos quieren morir con botas que tengan suela.

Mientras tanto, los más de un millón de personas que viven en Ciudad de Panamá están al buen recaudo de poco más de 400 guardias permanentes que ruegan, al mismo tiempo, que la emergencia no asome la cabeza; saben que ante una coyuntura complicada, no tendrían forma de parar el fuego.

El escenario no podría ser peor. Pero aún hay más. La insólita medida también encierra surrealismo y terror. Hasta las 4:00 p.m. de ayer, ninguna autoridad del Gobierno se había acercado para solucionar o, al menos, mediar en el conflicto. Como si fuera poco, los bomberos voluntarios de las provincias de Chiriquí y Colón se sumaron a la medida de fuerza.

Pese al escenario ecatómbico que promete extenderse al resto del país y dilatarse en el tiempo, los panameños se aprestan a celebrar carnavales y están pensando en el jolgorio electoral que se avecina.

¿Pero qué pasa si asoma el fuego?

“La población actualmente está sentada en un barril de pólvora. Dios es panameño y espero yo que así mismo siga”, verbaliza sus rezos el capitán Rubén Madrid, vocero de los bomberos de brazos caídos y voluntario desde hace 22 años.

Los voluntarios saben lo que está en juego y dicen lamentar más que nadie esta decisión. Al fin y al cabo, es una manera de atentar contra su propia vocación de servicio.

Madrid aclara que el problema de la falta de equipamiento es de vieja data —unos 10 años— y que el Gobierno pudo haber resuelto el asunto hace mucho pero mucho tiempo.

En el Cuerpo de Bomberos de Panamá todos anhelan una solución; lo que nadie sabe es cuándo llegará.

“El voluntario es punto de apoyo importante para el permanente”, señala Marcos Wever, jefe de Información y Relaciones Públicas del Cuerpo de Bomberos, y además voluntario desde hace 10 años.

No exagera. Los agentes permanentes capitalinos son solo unos 430 en la capital; pero esta cantidad no está al servicio, al mismo tiempo, se divide en tres turnos.

A su vez, las compañías especializadas del cuerpo, todas, son voluntarias: Dos en rescate y salvamento, una de extinción forestal, la encargada de asuntos eléctricos, y la de primeros auxilios y control de área de emergencia.

Toda esta gente ha dejado de prestar su ayuda por la indiferencia de una sociedad que no los cuida lo suficiente.

Entre las peticiones figura una partida especial para comprar todo el equipo necesario, para voluntarios y permanentes. Madrid estima que debe ser de entre 50 y 60 millones de dólares.

Las preguntas obligadas son las que más duelen. ¿Qué pasaría hoy en caso de una gran emergencia? ¿Atenderían la llamada del deber? El capitán Rubén Madrid asegura que no se moverán de donde están. Pero.. “Estoy convencido de que a pesar de que haya una piedra en el zapato, el bombero voluntario correría a ayudar a los demás ante una emergencia”, remata Marcos Wever.