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28 de Oct de 2020

Nacional

La doctrina es el ‘Panameñismo’

‘Una sola doctrina: el Panameñismo’. Esta frase abrevia toda la proclamación del credo político de Arnulfo Arias. La inmortalizó de viv...

‘Una sola doctrina: el Panameñismo’. Esta frase abrevia toda la proclamación del credo político de Arnulfo Arias. La inmortalizó de viva voz, el 22 de diciembre de 1939, a su llegada en un tren que arrimaba en la estación en Calidonia. Antes de eso, Arnulfo había surcado el mar desde Europa hasta Colón, para encontrarse con un pueblo que se deshizo en afectos cuando lo vitoreaba por su proclamación, como candidato presidencial.

Ese día, todos los congregados en la Plaza Cinco de Mayo, alcanzaron a escuchar cuando Arnulfo exclamó con descollante hipérbole: ‘Ya estamos suficientemente maduros para necesitar de doctrinas, credos y tutelajes importados. Aquí en Panamá sólo debe existir, germinar y desarrollarse un sólo credo, una sola directriz, una sola doctrina: el panameñismo’. La muchedumbre aplaudía.

Pero, no todo fue concordia. Un tema de su discurso, quedaría después, envuelto en una madeja de controversias: los ‘componentes étnicos’. Los adversarios de Arnulfo no perdieron oportunidad para asociarlo con influencias del nazismo, tan en boga en Europa, por esos años. Preguntamos a los arnulfistas de hoy, sobre este avinagrado tema y sobre la postura de Arnulfo Arias, expuesta en un supuesto Boletín donde se hablaba de ‘tomar medidas’ contra ‘razas’ como la china, japonesa, sirias, turca, indico-oriental, indo-aria, dravidiana y negra de las Antillas y de las Guayanas. Uno de ellos, que pidió reserva, sustentó que cuando se habla de esto, deliberadamente se omite mencionar que la práctica de prohibir la inmigración de esas razas inició en gobiernos anteriores al de 1931; para demostrarlo escudriña leyes de 1926, 1927 y 1928, donde se leen textos como: ‘Queda prohibida la inmigración de chinos, japoneses, sirios, turcos, indios orientales, indo-arios, dravidianos y negros de las Antillas y de las Guayanas, cuyo idioma original, no sea el castellano, al territorio de la República’ (Ley 13 de 1926 Gaceta Oficial No. 4977).

Otros allegados al arnulfismo también refutaron afirmaciones de adversarios de Arnulfo, como esta de Rómulo Escobar Bethancourth: ‘Había antecedentes que involucraban a Arias con el partido nazi alemán.’ Para Alvin Weeden, el asunto es sencillo. Una vez --contó Weeden-- el Dr. César Quintero dijo en una clase que todas las generaciones de la década del veinte, o treinta, admiraban a Hitler por el nacionalismo que él irradiaba enfrentándose a los imperios. El Hitler de ese entonces no era el que asesinaba, todas estas locuras sobrevinieron después. Weeden amplió que Quintero confesó que él admiró a Hitler también cuando era el hombre que se enfrentaba a los imperios. ‘Era admirar a quien encaraba las mismas luchas nacionalistas que enfrentábamos en América Latina contra el imperialismo norteamericano’, sostiene Weeden. Otra persona anotó: ‘Cuando las personas hablan de un Arnulfo nazi, no explican cómo puede compaginar un gobierno totalitario con una institución de garantía como la que incluyó Arias en la Constitución de 1941, más específicamente el artículo 189 donde se dispone que ‘toda persona’ a quien se violen sus derechos, con una orden de autoridad, puede exigir que tal ‘orden sea revocada’ ¿Se imagina a un judío de la Alemania de entonces, invocando un derecho como este, contra Hitler? El gobierno democrático de Arias no era nazi’, concluye.

Para los panameñistas ningún estigma opaca la ‘doctrina panameñista’. Condensada en un folleto de 1979, la ‘doctrina’ del panameñismo es el buque insignia de los seguidores del caudillo. Allí se lee que ‘el panameñismo es la doctrina política que, fundándose en el concepto de la nacionalidad, impone a los panameños … vivir unidos y luchar por la vigencia de los principios universales de libertad, igualdad y fraternidad’. Se observa que la doctrina no sólo se engarza con estos principios de derechos individuales, sino también con los preceptos de ‘justicia social’. Arias habló sobre la necesidad de ‘introducir un poco de sensatez en el concepto de la libertad individual y de reconocer que en la vida gregaria de interdependencia que viven los hombres, están sobre ellos las obligaciones hacia la comunidad, hacia la sociedad y hacia el Estado’.

Pareciera ser que en ese afán de impulsar su doctrina, las posturas de Arias se enderezaron contra todo tipo de fuerza interna o externa, que no conciliara con lo que él intuía como los principios que revitalizaban y robustecían a la nación panameña. Carlos Iván Zúñiga, resumió esta idea, poco después de la muerte de este egregio personaje de la política panameña: ‘Arnulfo era un caudillo-programa, porque él encarnaba algunos criterios políticos o de principios, y los encarnaba por oleadas, por etapas, de acuerdo con su interés o con la vida política nacional. Encarnó en su primera etapa un vigoroso nacionalismo, encarnó en oleadas vigorosos movimientos antimilitaristas, encarnó en etapas vigorosos movimientos anti oligárquicos y también en etapas fue un representante de movimientos antiimperialistas’.

Con la proclamación de su doctrina panameñista, en 1939, Arnulfo Arias sentía que abanderaba un sólido baluarte para las elecciones presidenciales de 1940.