02 de Dic de 2022

Nacional

¿Nueva organización de la sociedad civil panameña?

Es martes 13 de septiembre del año 2011.. La vía España se atesta de carros en la hora apurada de los citadinos, y allí donde cruza co...

Es martes 13 de septiembre del año 2011.

La vía España se atesta de carros en la hora apurada de los citadinos, y allí donde cruza con la avenida Manuel Espinosa, hay gente con pancartas y volantes afuera de la Iglesia del Carmen. El cielo es una túnica ennegrecida. Las torres puntiagudas hoy no elevan rezos, elevan un reclamo que se parece a una oración: justicia, verdad y escucha.

Gritan: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Y también: ¡Democracia! ¡Respeto! ¡Habla!

Son las cinco de la tarde. La Asamblea Ciudadana inicia la vigilia para exigir, además, el cese de los ataques al derecho a disentir, que impere la tolerancia y que el Ejecutivo deje de controlar todo. La Asamblea es un espacio de ‘diálogo, debate y articulación’ que más de 30 organizaciones crearon en julio del año pasado. Hay sindicatos, gremios, instituciones de derechos humanos, ambientales y comunitarias. Convocaron a esta actividad vía twitter, facebook y comunicados.

‘Queremos respuesta para los asuntos del pueblo’ grita el vocero, Donaldo Sousa, papel y micrófono en mano, mientras alguien le sostiene el paraguas. ‘Justicia para las víctimas de la dictadura, de Changuinola, del dietilenglicol, para los menores del centro de detención...’, enumera.

Carlos Lee sigue con que hay que salvar a la democracia representativa, que ‘atraviesa una profunda crisis’. Y ratifica eso que vienen repitiendo en varios medios: ‘Rechazamos la imposición antijurídica y oportunista de la Sala Quinta y el método ilegítimo de escogencia de magistrados’.

Lo aplauden, y alguien le dedica al presidente esta letanía:

- Santo Padre Pío XII Eugenio Pacelli: Líbranos de Martineeeelliiiii.

‘Sólo hay dos formas de que el pueblo logre cosas: la violencia o la imaginación’, dice Mauro Zúñiga. ‘El pueblo’, se lee en el libro Panamá Protesta, de Brittmarie Janson Pérez , ‘eligió la imaginación en 1979 (contra la reforma educativa de Omar Torrijos), que sirvió de modelo para las protestas de COCINA en 1984 (contra la Ley 46 del presidente Nicolás Ardito Barletta), las de Hugo Spadafora en 1985 y las de la Cruzada Civilista en 1987’.

Y parece que ahora la imaginación vuelve, e inscribe las protestas que tímidamente están tomando las calles y, con furor, las redes sociales, en una tradición que existe en Panamá desde hace 32 años.

Empieza así, chiquito y con pocos en la Iglesia del Carmen, pero empezó antes.

EMPEZÓ ASÍ

Era viernes 10 de julio del año 1987.

La vía España se atestó de gente en la hora apurada de los citadinos, y allí donde cualquiera dirigiera la mirada, había pañuelos blancos, banderas y pancartas. El cielo esparcía sonidos de helicópteros. Las torres puntiagudas de la Iglesia del Carmen eran vigiladas por Dobermans, como las calles, las equinas, todo. El pueblo elevó un reclamo que se parecía a una oración: justicia, verdad y escucha.

Gritaban: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Y también: ¡Democracia! ¡Libertad! ¡Fuera el tirano!

Los panameños respondieron a la llamada de la Cruzada Civilista, que agrupaba más de 150 organizaciones de todo el país, y asistieron a la manifestación a pesar de las amenazas de represión del gobierno.

Dos años antes, la muerte de Hugo Spadafora había arañado, sin romperlo, el corazón de todos. Spadafora ya era un mito viviente en septiembre de 1985: guapo, joven y carismático. La brutalidad de su asesinato sacó a los panameños del pacifismo y avivó una serie de protestas, con un fin: había que derrocar al gobierno.

La idea se transformó en convicción en 1987, cuando el 6 de junio el coronel Roberto Díaz Herrera denunció en una conferencia de prensa detalles del fraude de las elecciones generales de 1984, acusó a Noriega del asesinato de Spadafora y de narcotráfico, entre otras.

Con eso, Díaz Herrera disparó a la sociedad panameña contra el régimen militar. Hubo protestas, cierres de vías y ‘tres pe’ (pito, paila y pañuelo). El 10 de julio poblaron las calles y los Dobermans dispararon escopetas de perdigones y torturaron a 700 detenidos.

El gobierno decretó la suspensión de las garantías constitucionales, pero cada mediodía la gente se concentró en calle 50 para sonar pitos y pailas y ondear pañuelos blancos.

Así hasta 1989. Ahí hubo gritos, tiros, sangre, muertos, el fin de todo, la tragedia. Otra historia.

SIGUE ASÍ

Este martes 13 de septiembre de 2011 acá quieren burlar y burlarse. Hay jóvenes, caras nuevas y están los mismos que lo hicieron antes en COCINA, organización con una amplia base de apoyo que se opuso también al fraude que dejó como presidente a Nicolás Ardito Barletta en 1984, y la Cruzada Civilista. Es otro país, en el mismo lugar.

‘Otra vez –dice Zúñiga– queremos recuperar la democracia perdida: no hay justicia, no hay fiscalización del gasto público y el presidente fue contra medios y periodistas. Lo eligió Panamá pero no es demócrata’, y dice que por eso estos grupos se están uniendo.

La lluvia sigue, y los rezos también:

-San Antero: Dinos por qué Martinelli tiene un santero- imposta Miguel Antonio Bernal en la vigilia.

Alguno se lamenta de la irrupción del Partido Popular, con canto y esas insignias partidarias que habían prometido no llevar. Es que en un momento de la tarde ingresó una columna con pañuelos verdes, encabezada por el presidente del partido, al ritmo de la canción ‘Habla Pueblo’; cuando todos prometieron ir tras la bandera de la justicia, sin ninguna más.

A otros no les interesa el interés de cada uno por estar hoy acá. Los más evitan aceptar que la mayoría de los panameños están conformes con la gestión del presidente Ricardo Martinelli, aunque esté bajando el nivel de popularidad en las encuestas.

Divisiones siempre hubo, desencuentros también, según Janson Pérez. Pero Noriega facilitó la unión momentánea. Si Torrijos era un totalitario, Noriega era un tirano fratricida. Por eso el civilismo se mantuvo unido en la lucha contra la tiranía hasta después de la invasión de Estados Unidos.

¿Y hoy? No hay homogeneidad, acepta Zúñiga, pero dice: ‘La gente un año atrás no se atrevía a protestar y ya se le está quitando el miedo. Esto va a seguir creciendo’. Lo dice con la evidencia de su experiencia: él estuvo en las manifestaciones de 1979, las de 1984 y las de 1987. En todas, en todo. Lo dice porque piensa, como los que están acá, que ‘estamos viviendo lo mismo, antes había una dictadura militar represiva, ahora tenemos una dictadura civil’.

‘Panamá es un país pequeño y todos nos conocemos’, dicen otros. Es la manera de justificar que, según ellos, la base de sustento que aún conserva Martinelli tiene que ver con esa costumbre que viene de la época colonial y que el historiador Alfredo Castillero Calvo definió como la actitud de ‘estar-allí-para-enriquecerse’.

La autora de Panamá Protesta escribió hace tiempo esta explicación: ‘El personalismo, la dependencia de redes familiares, económicas y sociales, el pragmatismo y el oportunismo político, tienden a impedir en Panamá el crecimiento de partidos basados en principios en vez de nombres y personalidades’.

TERMINA ASÍ

Seis de la tarde, la lluvia no para en la Iglesia del Carmen y la gente amontonada bajo los techos dice tener la certeza de que acá hubo algún santero que metió la cola y la azotó contra un cielo que sigue gris.

-Esto de la lluvia no estaba pronosticado hoy eh... -dice Edgardo-. Es cosa rara.

-En más de 30 años que tengo de concurrir a manifestaciones –acuerda Miguel Antonio Bernal-, nunca había llovido a las cinco de la tarde.

Ronaldo cree lo mismo pero no le importa, la gente vino igual y esto es el principio de algo que no va a parar, repite. Es alto, moreno, aguerrido, y tiene la edad suficiente para registrar el costado más siniestro de la verdad que suelta en forma de chiste:

-Va a volver Noriega y va a encontrarnos a puro pito, paila y pañuelo y va a pensar: ‘Coño, ¿cuándo me fui de acá?’.