17 de Ago de 2022

Nacional

Bosco: el gran fiasco político

Entre la asunción y la caída de Bosco Vallarino no hay muchas diferencias. Ni de circunstancias ni de tiempo. Llegó como el escudo del p...

Entre la asunción y la caída de Bosco Vallarino no hay muchas diferencias. Ni de circunstancias ni de tiempo. Llegó como el escudo del panameñismo para defenderse y abatir al PRD en las elecciones para la Alcaldía capitalina, y por giros de la vida fue derrocado por el propio poder político, aun sobre el popular.

Bosco, de hecho, ‘fue un mal experimento’, enfatizan analistas. Es que la simpatía que en algún momento ostentó solo le alcanzó para poco menos de mil días al frente de la principal municipalidad del país, de la que salió ‘voluntariamente’ hace una semana y media.

Una renuncia que, según muchos, golpeó por todos lados. Dejó ver que entre los tres poderes del Estado hay un superpoder: el del Presidente y sus presiones.

LA LLEGADA

La incursión de Vallarino en la política fue una mezcla de oportunidades, apoyo, sinsabores y simples coyunturas.

Él —un periodista, productor de televisión y publicista—, tras ganar un concurso de baile televisivo y disparar su popularidad por la gracia que transmitía en sus números, fue invitado por el líder del panameñismo, Juan Carlos Varela, y su esposa, la también periodista Lorena Castillo, a correr en la contienda electoral. Ricardo Martinelli, en su ruta para llegar al poder, lo empujó.

Toda la entonces fuerza opositora apostó por él. Habían desistido de apoyar la candidatura de Miguel Antonio Bernal porque se había negado a inscribirse en el panameñismo. Faltando un año para las elecciones, la ‘alianza por el cambio’ vio en la vieja teoría latinoamericana de que el carisma artístico tiene la misma trascendencia en el campo político, la fórmula para hacerse con el Municipio capital.

Y ahí empezó la accidentada vida político-partidista de Vallarino, que se extendió apenas cuatro años más. La misma que su familia le pide ahora olvidar.

‘El de Bosco fue un camino de menos a más’, sostiene el investigador de mercado Jaime Porcell, al enumerar la lista de trabas que enfrentó el exalcalde una vez decidió ir al ruedo político.

‘De tener una ventaja sensible y cómoda en las elecciones, pasó a que se le cerniera una duda’, resuelve.

Y esa duda lo persigue hasta hoy. Se trata de su doble ciudadanía. En tiempos de dictadura había adquirido la nacionalidad estadounidense y por ello no podía elegir ni ser electo en Panamá. Pero venció el problema con la Asamblea Nacional, que con la mayoría oficialista emitió una resolución administrativa en 2009 que le reactivó sus derechos ciudadanos con nueve años de retroactividad. Expertos aseguran que los diputados pasaron sobre las leyes.

‘ A él lo ayudan la presión de Martinelli y Varela. Él nunca salió electo por su popularidad política, sino por las circunstancias’, asegura el analista Ramón Jiménez Vélez.

LA CONTROVERTIDA GESTIÓN

La carrera política de Bosco ha sido una de las más cortas en el periodo posdictadura. No hay registros de algún caso similar.

Pero, ¿qué le pasó? ¿Por qué terminó como lo hizo? ¿Fue un fiasco?

‘Es que él no tiene historial político. Todo fue un invento de Varela, que lo postuló porque sí. Y por eso tuvo un período tan cuestionado, accidentado y con serios problemas’, expone Jiménez Vélez.

Vallarino nunca se agitó políticamente; no hizo camino. Lo más cercano fue haber enfrentado, como muchos otros, a la cúpula militar que mantuvo al país en dictadura por 23 años, pero, insiste Jiménez Vélez, esa no era una actividad con matices políticos sino ‘una actitud de la sociedad’.

Y en la era democrática, tampoco estuvo tan involucrado en el partidismo. Fuera de la marejada electoral, muy poco se le veía en actividades que su colectivo, en el intento de levantarse del letargo que le produjo estar gobernando con Martinelli, organizaba.

En cambio, en sus treinta meses de gestión recibió duras críticas y golpes. Empezó con la más baja valoración popular y terminó fuera del negocio de la recolección de la basura, por decisión del Órgano Ejecutivo. Esto aun cuando en campaña había prometido que con su ‘Plan B’, los desechos sólidos serían convertidos en dinero para las arcas municipales.

Además, los escándalos de la comuna, las constantes disputas en el Consejo Municipal, y las carencias de los 21 corregimientos capitalinos lo pusieron al borde de una crisis que iba a dar con su salida en 2009. Pero Varela, su mentor, lo salvó.

‘ Él sí fue un fiasco político y una gran decepción. Su piel nunca fue de alcalde ni de político’, plantea Renato Pereira.

Bosco alcanzó el 45% de los votos emitidos en la capital (160 mil), tras prometer ‘acciones concretas para el rescate de la ciudad’, una guardia municipal para las escuelas públicas, políticas para disminuir los costos de la canasta básica, y tener un ‘alcalde líder que procure que los mejores días sean los que están por venir’. En fin... cambiar Panamá. Pero nada de eso llegó a la ciudad.

Propuso en la marcha de su gestión instalar piscinas gigantescas en la Cinta Costera, y organizó las villas Navideñas. Pero poco a poco el gobierno central le quitaba todo tipo de poder. Por cada proyecto que presentaba recibía una crítica tras otra. Esto hasta que Varela le puso al frente como asesor al diputado José I. Blandón.

Al final se fue de la Alcaldía aduciendo serios problemas de salud a mitad de su mandato.

LA CAÍDA

Si bien el traspié de Vallarino, según los expertos, empezó con sus desaciertos en gestión, se profundizó al disolverse la Alianza ‘por el cambio’. Aunque ya había empezado a tomar respiros y hasta a empatar a Martinelli en aprobación popular, el fin de la relación política entre CD y los panameñistas, en agosto pasado, le abrió la puerta al abismo.

Para Jaime Porcell, con la crisis tras el fin de la alianza Bosco se quedó sin piso político... todo su colectivo ya había partido del gobierno.

‘Lo suyo no fue suerte, capeó todos los problemas como un guerrero’, dice Porcell. Y —reconoce el analista— el dilema era saber hasta dónde era capaz de aguantar. Y eso ya se resolvió: no mucho. ‘Todos esperaban que resistiera un poco más... hasta algunos copartidarios se mostraron sorprendidos por su renuncia’. El diputado José Isabel Blandón se mostró ‘decepcionado’ por el actuar del hoy exburgomaestre.

Vallarino se fue de la Alcaldía justo un día después de haber sostenido una fuerte discusión con Martinelli en el Palacio de Las Garzas. El mandatario —según contó el exalcalde en una entrevista con La Estrella— le había sugerido su dimisión. ‘Si yo fuera tú, por el bien de tu partido yo me iría de la Alcaldía’, repitió Vallarino.

‘Ese enfrentamiento lo dejó frío. Estaba cara a cara con el peso pesado de la política panameña, y no aguantó’, formula entonces Renato Pereira.

Y, de inmediato, cae en la crítica común: todo fue por la escasa experiencia.

Pereira sostiene que la ‘falta de control, conciencia y combate político’ precipitó a Vallarino. ‘La carencia de formación y de vocación no es subsanable, y ganar una elección no te borra eso’.

EL FUTURO

Pero Bosco, coinciden todos los consultados, ya no tiene nada más que hacer en el campo de la política. Lo que hizo ya está y para lo que no, no hay marcha atrás.

‘Con él no va a suceder nada. Ya mató su carrera’, reflexiona Jiménez Vélez.

Aunque plantea que en política todo es posible, el sociólogo Marco Gandásegui se une a quienes creen que para el terreno de Bosco ya no hay abono. ‘Su momento pasó’.

‘Aquí y en todo el mundo los electores tienen memoria corta, pero en la Alcaldía hubo un escándalo tras otro’, destaca.

Jaime Porcell, en tanto, es un poco más alentador. Pero siempre realista. ‘Va a ser muy difícil que vuelva, porque su salida fue fuertemente cuestionada a lo interno del partido’.

Así que —interpela— ‘si lo intenta hacer la pregunta sería ¿con apoyo de quién?’.

Lejos del estrado político, Bosco Vallarino aguarda ahora por un nuevo golpe. Nunca más grande que el de su renuncia, pero sí contundente. La Corte Suprema de Justicia deberá decidir este martes si es inconstitucional o no la resolución legislativa que le devolvió sus derechos ciudadanos, y por tanto, le permitió correr.

Con eso, la Corte definirá si Panamá, en efecto, está políticamente de cabeza.