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15 de Nov de 2019

Nacional

Cuando el conocimiento se descarta

En la universidad no sólo los docentes veteranos son forzados a retirarse. También las obras de contenido desfasado o que no son consult...

En la universidad no sólo los docentes veteranos son forzados a retirarse. También las obras de contenido desfasado o que no son consultadas por los estudiantes tienen los días contados.

Tal como explica Octavio Castillo, director de esta entidad, cada año son descartados cientos de obras de los 300 mil ejemplares y 100 mil títulos de los que dispone la Biblioteca Simón Bolívar de la Universidad de Panamá (UP). Explica que esta ‘política de descarte’ tiene como objetivo evitar que los textos ofrecidos terminen por convertirse en obsoletos. ‘Esta es un biblioteca académica, no histórica. Es necesario hacer espacio cada cierto tiempo para títulos nuevos’, indicó.

Al igual que sucede con los profesores, el tiempo juega en contra de los ejemplares olvidados. ‘Un libro técnico a los 10 años debe estar obsoleto; uno de humanidades e historia, a los 20 años’, sostiene. Si un ejemplar no ha sido consultado en aproximadamente cinco años, puede ser objeto de una revisión para determinar si se debe descartar o no. Con este fin los bibliotecarios de la UP revisan constantemente el movimiento de las obras en las estanterías.

Castillo advierte que se exceptúan los textos que son considerados como clásicos o cuyos autores sean reconocidos como autoridades dentro de sus respectivos campos de estudio. Estos pasan a integrar algunas de las 16 colecciones especiales (colección Belisario Porras, colección Octavio Méndez Pereira, etc.).

Antes de ser desechado o enviado a una biblioteca escolar, pública o de una cárcel, cada libro debe pasar por un proceso dividido en tres partes. Primero los bibliotecarios deben examinar las condiciones de los textos y la actualidad de su contenido.

Posteriormente, se procede a llamar a un especialista del tema abordado en el texto, para que determine si el documento ‘es obsoleto o si todavía tiene algún valor’.

Antes de que se dé al libro de baja, le corresponde a la Dirección de Bienes Patrimoniales confirmar el descarte. De esta forma, asegura Castillo, se hace todo lo posible por proteger la inversión realizada por la casa de estudios superiores. Si a pesar de que los especialistas consideran que el material del libro está atrasado, la Dirección de Bienes Patrimoniales determina que el mismo sigue siendo valioso, se puede llegar a un acuerdo para conservar el texto por uno o dos años más.

Castillo advierte que el material que la biblioteca recibe como donación es, por lo general, el que más se descarta. Los libros que no son enviados a otros sitios son dispuestos en mesas en la planta baja y están a disposición de quien quiera llevárselos. Los que han sido afectados por la acción de las polillas y el comején son destruidos y desechados.