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29 de Sep de 2020

Nacional

Líbranos de todo mal

Las misas en Latín (tridentinas) que se oficiaron en las parroquias y catedrales católicas hasta principios de la década del 60, result...

Las misas en Latín (tridentinas) que se oficiaron en las parroquias y catedrales católicas hasta principios de la década del 60, resultaban inentendibles en la niñez y juventud de Manuel A. Ruiz, hoy reverendo y apóstol evangélico; en tanto que para el actual arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, las misas fueron su inspiración al sacerdocio.

Son dos vidas distintas, en escenarios y caminos diferentes, aunque con similares destinos. Ahora, ambos son líderes religiosos reconocidos en sus trincheras, tanto en nuestro país como en el ámbito internacional.

Entre ellos, igualmente sobresale la figura de Edwin Álvarez, reverendo-apóstol del cristianismo panameño quien ha logrado fundar y levantar uno de los imperios religiosos más grandes de la capital, que se extiende incluso internacionalmente: La Comunidad Apostólica Hosanna. Esto después de haber sido ateo en su juventud.

EN BUSCA DE LA PALABRA De madre española y abuelos gallegos la familia de Manuel Ruiz se apegaba a la tradición religiosa, y aunque su padre le hablaba de la Biblia, cuando iban a misa en la Iglesia de Santa Ana, simplemente ninguno entendía nada. El cura oficiaba de espalda al público, todo en Latín. Aquello siempre le hizo mirar diferente el catolicismo.

Fue al llegar a los 30 años que tomó el Evangelio en sus manos. Había comprado una biblioteca en la que encontró una Biblia y empezó a estudiarla con ese entusiasmo que desde niño le removía su interior. Pronto se unió a un pequeño grupo evangélico y aceptó a Jesús en su corazón. Tras ese llamado y con el paso del tiempo se convirtió en pastor para enseñar sobre la Palabra a otros.

A la fecha, Manuel Ruíz lleva ya cuatro décadas y media de estar cumpliendo esa misión que él asegura, le encomendó el Señor.

Con su grito de predicador ¡Sopla Dios! Ruiz es uno de los líderes cristianos de mayor potencia en el país. La fuerza de su voz a sus 80 años estremece cada semana los cimientos del Tabernáculo de la Fe, el Ministerio del Espíritu con Gloria, ubicado en Juan Díaz. La gente ora, salta, canta o cae ante la imposición de sus manos.

El edificio en forma de coliseo tiene capacidad para más de 4 mil personas en butacas. Y en la efervescencia, mil más se quedan de pie. En cada jornada la cantidad de creyentes se multiplica en un ir y venir de caras de todas las edades.

La estructura alberga a la vez oficinas, salones para reuniones y charlas, la emisora Radio Avivamiento y hasta un comedor infantil que da alimento diario a 2,600 niños y niñas que el Tabernáculo traslada en autobuses desde los barrios. También comen allí entre 100 a 150 ancianos, abuelas y abuelos que por cosas de la vida cuidan a los nietos ante la ausencia de sus padres.

APUESTA DIVINA Un 24 de diciembre, pero del año 1956 nació en la ciudad de Chitré, provincia de Herrera, un niño que por lo escuálido que era nadie apostaría nada por él como en el futuro lo hizo Dios.

Hijo de Clodomira Mendieta y don Dagoberto Ulloa, el más pequeño de tres hermanos, José Domingo, como se le llamó al chiquillo, solía jugar a ser sacerdote.

Hacía crucecillas con palitos que buscaba en el amplio patio de la casa en Llano de Piedras. A veces tomaba algunas botellas de soda, las colocaba una al lado de la otra, como si fuesen personas, y ponía en el centro pan, tortilla o galletas para escenificar que daba la comunión, incluso a sus hermanos.

Ese era el sueño de quien es ahora el cuarto panameño en ser arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, obispo número 47 de la primera diócesis que se fundó en América. Le antecedieron monseñor Tomás Clavel, Marcos Gregorio McGrath y José Dimas Cedeño. Así creció Ulloa en la fe y se consagró hombre de Dios.

Inclusive primero fue monaguillo en su pueblo.

En una ocasión su madrina lo trasladó a la capital y se lo presentó al arzobispo Tomás Clavel: “Monseñor, este niño quiere ser sacerdote”, le dijo.

Y en su adolescencia llegó a tener la oportunidad de decirle personalmente a McGrath, que deseaba ser sacerdote.

McGrath, un hombre alto, bajó la cabeza para mirarlo y tocándole la frente como si le diera la bendición contestó: “debes tener ánimo muchacho”.

El destino le llevaría a estudiar primero agronomía en la universidad. Con esta profesión pretendía ayudar a la gente cuando cumpliera su sueño.

Finalmente, en 1978, ingresó al Seminario Mayor San José y la Universidad Santa María La Antigua. El 17 de diciembre de 1983, en un acto celebrado en la catedral San Juan Bautista de su natal Chitré, Ulloa fue ordenado sacerdote.

Su primera labor se le asignó en la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, en Guararé, en la provincia de Los Santos, de donde son sus padres. Allí estuvo por cuatros años.

Aunque Ulloa se sentía feliz con el sacerdocio, algo en su interior se le removía. Quería dar más, más a su gente en las comunidades, ayudar a la población. Se integró a la Orden de San Agustín, una congregación que en sus años juveniles le había amparado en la fe.

Lo que él ignoraba era que esta vocación lo llevaría a ser arzobispo.

Fue el 18 de febrero de 2010 que se anunció su nombre como reemplazo de monseñor Cedeño, escogido por el papa Benedicto XVI. Y el 17 de abril de ese año se le ungió en una ceremonia religiosa realizada en la Catedral Metropolitana.

Ulloa, quien fungía ya como obispo auxiliar en el Arzobispado de Panamá, lo sabía desde enero de ese año, solo que no podía decirlo hasta el anuncio oficial.

Estaba dispuesto a fortalecer la espiritualidad y la unión de la familia panameña. Otra de sus preocupaciones, como él mismo ha dicho, es la intolerancia entre católicos y evangélicos, debido a que algunos grupos tratan de ganar seguidores desacreditando el catolicismo, mientras la Iglesia Católica no se hace ese tipo de proselitismo.

DE REBELDE A PESCADOR A Edwin Álvarez la vida le cambió cuando el corazón le falló y casi muere. Era estudiante de la Universidad de Panamá y en su cabeza reinaba la corriente del socialismo, de izquierda. Nada que ver con Dios por aquellos años.

Pero por aquel toque en su corazón, divino o clínico, empezó el cambio en el joven Álvarez. Durante su recuperación fue invitado a un culto en San Miguelito, un distrito en la periferia capitalina cuyos caseríos se abrían campo con gente que dejaba las provincias con esperanza de un trabajo y mejor vida.

Puede que para Álvarez asistir a una ceremonia religiosa en la que no creía no significara más que cumplir una invitación. Le dijeron que es posible la sanación mediante la fe. Que inclusive gente desahuciada hacía años asistía y seguía más viva que nunca. Y en el culto, las palabras que escuchó se le clavaron hondo en el pecho. Así sintió la pasión por el Señor. Entendió que no era casualidad.

Desde entonces conoció a Jesús, su salvador, emprendiendo el camino en el que cada vez fue mayor la necesidad de visitar a los convalecientes en los hospitales para darles aliento con mensajes bíblicos. De esta manera empezaría a estructurarse Hosanna, inicialmente en un paraje a cielo abierto en los alrededores de la antigua Cuchilla de Calidonia en donde, él y otros compañeros improvisaban una tarima de madera frente a un grupito de sillas que no siempre eran calentadas.

Con los años, y con el aumento de los seguidores, se trasladaron a La Cresta, donde se encuentra ahora una fortaleza nodriza valorada en más de seis millones de dólares. Pese a que el templo de adoración cuenta con butacas y amplias gradas para miles de personas, muchos no logran puesto y se quedan parados. Igualmente opera allí un canal televisión, Hosanna Visión, una emisora de radio y se cobija a otras congregaciones hermanas en diferentes lugares del país, además de grupos misioneros que evangelizan en el exterior. Es una misión alabada por miles y a la vez vista con recelo por quienes ven abundancia en este líder.

Diezmo, matrimonio entre personas de igual sexo, celibato, violencia entre panameños, pugnas políticas y participación de las iglesias en las crisis del gobierno. ¿Qué piensan los líderes? Las preguntas sobran, solo uno de ellos se atreve a hablar.