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28 de May de 2020

Nacional

Víctimas del fuego cruzado

COLÓN. Yamileth Navarro tenía 31 años, tres hijas y un esposo. Antonio Castro hoy llora su muerte. Las niñas no han podido, solo una sab...

COLÓN. Yamileth Navarro tenía 31 años, tres hijas y un esposo. Antonio Castro hoy llora su muerte. Las niñas no han podido, solo una sabe que su madre murió de un disparo en la cabeza: mi mami está en el cielo, dijo muy tranquila esta mañana. Ella no entiende por qué. No entiende tampoco que su madre es la tercera víctima mortal de estos disturbios que ‘el gobierno ha causado en la ciudad por glotón de dinero, fren, por avaro’, dice llorando Antonio sentado en un sillón de la pequeña casa de calle 6 y Avenida Balboa.

Una de las balas atravesó la cabeza de Yamileth el pasado martes. ‘La Fula’, como le decían las vecinas del barrio, volvió de su trabajo en Zona Libre a las 5:15 de la tarde. Era dependienta de Jean & Jean y no tenía descanso, ‘siempre trabajaba para sacar a sus chiquitas del sector y darles un mejor futuro’, recuerda entre lágrimas su cuñada.

Dejó su cartera sobre la mesa y salió a cobrar una plata que le debían. ‘Yo no me di cuenta’, continúa Antonio. ‘Solo escuché a los vecinos cuando entraron y me dijeron: man, tu guial está en el piso, man’.

Y corrió hacia allá. Nadie la había podido recoger, quedó tirada en el piso porque cada vez que un grupo de muchachos intentaba levantarla, las balas amenazaban sus vidas, dice la cuñada de Yamileth llorando.

Los chicos del barrio dejaron la trifulca para levantar el cuerpo muerto, los policías disparaban, los chicos la tiraban, de nuevo la acción. Hasta que llegó Antonio por su esposa.

El inspector de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) le dijo a una de las vecinas —que acudieron asombradas, asustadas y curiosas a ver el cuerpo de su amiga muerta— que la bala era de pandilla. ¿Cómo va a saber él eso? se preguntan las vecinas que estaban cerca de La Fula a la hora de su muerte.

Según ellas, un policía disparando a quemarropa no midió el alcance de su arma. La Fula se desplomó, dejando en el piso sus sueños de ser agente de ventas, cargo al que pronto la promoverían para lograr sacar rápido a sus chiquitas de la pequeña casa de dos cuartos en la calle 6 y Balboa.

-Ahora a Tony le quedará muy difícil solo, dice su hermana. Él es mecánico y su trabajo no es constante. ¿Qué van a hacer las niñas?

LA PEQUEÑA YALENIS

Yalenis Arias, de siete años, vive con sus padres en el edificio Colón Import entre calle 6 y 7 Balboa. La chiquita de la etnia guna es la segunda infante víctima de la represión policial. Yalenis, al igual que el otro niño que murió baleado, ‘Pelón’, no estaba en la calle ni en ninguna protesta cuando lo alcanzó la bala que atravesó su cuerpo.

Eran las cinco de la tarde del pasado lunes y Colón resistía en cada punto. Los manifestantes corrían y la policía detrás con lacrimógenas, perdigones y balas. El mejor refugio ante esa situación parecen ser las casas. Pero no, en Colón no hay lugar seguro ahora, dicen los colonenses. Así fue como, en busca de quién sabe a quién, al Colón Import irrumpieron hombres armados. Se oyeron las balas y una de ellas alcanzó a la pequeña guna de risa vivaz y andar rápido, cuenta Yahira, una vecina.

Según los vecinos, el edificio de dos plantas, donde viven 44 familias: niños, ancianos y enfermos, fue tomado por los hombres armados, que subieron corriendo a la segunda planta y empezaron a disparar, Yalenis estaba en la casa de su tía, reja cerrada, todos tranquilos, cuando de repente el fuego se armó adentro del hogar. Yalenis corrió de la sala a la cocina para esconderse. Su andar rápido no fue suficiente. Una bala pasó la rejilla de la puerta y entró por un costado del frágil cuerpo en movimiento. La niña se desplomó.

Abraham e Israel Cubilla, dos esquizofrénicos, fueron arrestados en ese operativo. La operación terminó y Yalenis ahora lucha entre la vida y la muerte.