Temas Especiales

01 de Jun de 2020

Nacional

La historia de un cholo en España

HOLA. Darisnel Chiquidama siempre fue un chico con sueños grandes y oportunidades pequeñas. De su rural entorno en el olvidado Darién s...

HOLA. Darisnel Chiquidama siempre fue un chico con sueños grandes y oportunidades pequeñas. De su rural entorno en el olvidado Darién se asentó con su familia en un barrio violento en la capital. Quería prosperar, pero la violencia jugaba de mano invisible en su día a día. Quería estudiar, pero universidades e institutos le cerraban las puertas. A pesar de las contras, Darisnel no tropezó y apunto arriba. Y llegó alto.

‘Salí de la escuela y empecé a buscar y buscar. Intento entrar en la Universidad de Panamá a para ser profesor de Geografía o de Español, pero para eso tienes que tener un bachiller y lo mío era un perito’, comienza Darisnel, de ojos cholos y cabello corto, casi al rape.

Semanas atrás recibió un título por cumplir con el Programa de Grado Superior en Dirección y Administración de Empresas, de la Escuela Internacional de Negocios (CESTE) en la ciudad norteña de Zaragoza, España, pero el camino fue largo y variado.

‘La verdad es que cada vez que recuerdo esto digo ¡wao... lo logré!’, narra casi incrédulo Darisnel, de traje y corbata, desde el lobby del Sheraton Panamá Hotel & Convention Center, a pocos metros de donde su familia, amigos para la eternidad, autoridades españolas, panameñas y comarcales (incluyendo a Silvia Carrera), celebraban a la camada de nuevos líderes, casi héroes especializados en suelo foráneo.

PALABRAS DEL DIRECTOR

‘El que no lo intenta fracasa con el alma y con la mente’. Esa frase retumbó en las conciencias de los casi 200 presentes del salón que escuchaban atentos al discurso de graduación del profesor José María Marín, rector de la Escuela Internacional de Negocios (CESTE) de Zaragoza España.

Los casi doscientos corazones palpitaban a más no poder y se aguantaban la emoción, atentos a las historias y anécdotas que narraba el castizo sobre la hazaña de los 26 nativos panameños que aguantaron durante cuatro años en el exilio para obtener la distinción académica.

Cualquiera de esos jóvenes nunca sospechó, cuatro años y medio atrás, que el destino lo uniría junto a otros 30 perfectos extraños en una aventura llena de cambios, retos, esfuerzo, corazones apretados y mucho aguante en aquella provincia del noreste de la llamada Madre Patria.

Ahora con 27 años, Darisnel está en Panamá con nuevos rasgos que su madre incrédula no reconocía al principio: acento zaragocí (ese tumbao típico que tienen los bailaores), seguridad y fluidez al hablar, apretón de manos fuerte y cuatro años de las experiencias más insólitas que podría imaginar.

Pero el camino para llegar, desde la canoa de su infancia por el Río Chucunaque hasta las cabinas gélidas del sistema de cercanías (metrobús español) fue largo e intenso.

El barrio en el que se pudo acomodar junto a su familia era en Mano de Piedra, cerca del infame ‘Puente Rojo’ en donde Darisnel enfrentó su primer y único encuentro con la delincuencia, del cual salió ileso y se convirtió en motivo para huir de ese lugar.

Con un grado técnico en el bolsillo y unos 19 años de edad, las ganas de seguir estudiando las iba ahorrando mientras cargaba bultos y vendía mercancías en una concurrida tienda por departamentos: sus bajas calificaciones, el poco dinero que ganaba su padre como policía y el aporte de su madre que alcanzaba para soportar una casa de seis miembros, tuvo a Darisnel de un lado a otro buscando una oferta académica que lo aceptara.

Para la UTP no alcanzó el índice mínimo de la prueba. El año que pasó en la Ulacit terminó con el bolsillo pidiéndole ayuda. Para la Universidad de Panamá, le exigían un título de bachiller en ciencias; y para casi el resto, las lagunas mentales de matemáticas y castellano que le quedaron del técnico no le ayudaban frente al resto de la competencia.

Darisnel no desfalleció y en su búsqueda encontró una oferta en la Universidad de las Américas (Udelas) que abría el espectro y aceptaba a cualquier egresado de una escuela nacional. Allí empezó la carrera de Ingeniería Informática Educativa y ‘por sus propios medios’, el delgado chico de sueños grandes, logró pasar los cuatro primeros semestres con la satisfacción de obtener una media de 2.5 sobre tres puntos.

Con la vista puesta en el siguiente semestre, la suerte del destino no le tocó la puerta... se la reventó a golpes. Por un lado, el alegre muchacho que drenaba sus tardes en un gimnasio de Curundú tirando puños y amagues en un ring, se enteró de una beca sobre liderazgo en Washington D.C de un mes de duración y otra del Ifarhu (Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos) con el MEF (Ministerio de Economía y Finanzas) que también implicaba salir de casa, específicamente a España, solo que por 47 meses más.

Sin pensárselo concursa ante ambas oportunidades. Atento, recibe la primera llamada. Le dicen que junto a otros 399, Darisnel tiene que acercarse a la sede del Ifarhu-Mef para una entrevista si quiere optar por una licenciatura de 4 años en la ciudad norteña de Zaragoza.

Entre las dosis de emoción y alegría, reducidas con otras de escepticismo se mantiene incauto y espera por la oportunidad que tardó en llegar: ‘Eres aceptado en nuestro programa para forjar líderes latinoaméricanos en Estados Unidos durante un mes’, decían al otro lado del teléfono.

Ya con la entrevista del Ifarhu realizada, las ansias sumaban en la casa de la familia Chiquidama y el joven Darisnel presiona al Ifarhu para conocer su destino.

La suya era la última llamada por hacer en el departamento de admisión del Ifarhu. Junto a otras 30 personas, él era uno de los que habían seleccionado para la Carrera Superior Universitaria en Dirección y Administración de Empresas.

Darisnel debía elegir, y sus padres insistieron en que así fuera. ‘Te apoyaremos en lo que tú decidas; si te decimos que tomes esta decisión entonces pesará en nosotros si llegas al fracaso’, le dijeron.

Emociones y abrazos duraron poco. El ni tan chico de los 23 años había tomado la decisión: dejar la licenciatura educativa en Informática de la Universidad de las Américas y la oportunidad en Washington, para ir ‘a por todo’ en España y aprender una carrera que le permitiría ayudar directamente a su necesitado pueblo en el futuro mediano.

EMPACANDO LOS CHÉCHERES

Ahora los nervios y apuros sí duraron un mes: el tiempo que tenía para prepararse y arrancar directo a la comunidad autónoma de Aragón.

Llamadas a los nuevos compañeros, apostillado de documentos, visitas a la Embajada de España, al Ifarhu y pasar los últimos momentos con su familia antes de emprender una jornada que duraría cuatro años, fueron la tonada de sus últimas cuatro semanas en Panamá.

Calzando sandalias, pantalones raídos, suéter y algunos sosteniendo cajas por maletas, el 26 de noviembre de 2008, 31 panameños iniciaban un viaje y una aventura repleta de primeras veces.

El cansancio de un viaje que sumaba las treinta horas y el frío invernal, retaban a Darisnel y a aquellos que juraban que el frío del aislado Darién no iba a ser un problema en Europa.

Lo menos que sospechaba el último en ser convocado para la beca, era que iba a ser el primero en visitar una clínica. Un fuerte resfriado por el frío, constantes estornudos, una nariz que goteaba sangre a menudo y un tímpano debilitado por los golpes del boxeo terminaron por enviar a Darisnel al quirófano a recibir una timpanoplastia en un hospital español. El seguro del programa y la atención de los unviersitarios ayudaron al convaleciente a soportar un mes de reposo.

Ya de vuelta al ruedo, otros retos se asomaban a la vista: Encajar entre los locales. La bondad de Jesús Sienes (apodado por todos Chús), tutor e incansable compañero de los muchachos desde su llegada a España hasta el regreso a casa, trató de suavizar las cosas entre ambas nacionalidades. Les introdujo con los del último año de la carrera que les trataron de traspasar toda la experiencia posible para sobrevivir los pasillos de la universidad.

EL RETO DE ENCAJAR

Los ‘grupitos de españoles, ya cerrados’ eran para el emberá ‘sin vergüenza’ un motivo para levantarse, dirigirse y regalarle a los ibéricos el primer ‘¿qué xopa, fren, vengo de Panamá y soy indígena?’. A partir de ahí el resto fue chicha e’ piña.

Vinieron los amigos, ‘el curro’ (trabajando de asistente en una cocina de la universidad), las noches desveladas con las matemáticas, y la novia.

Mary Keyla Cachupi, panameña y de padres emberá, se convirtió en su compañera sentimental a poco tiempo de haber llegado a España. Juntos duraron los tres primeros años de la carrera aunque al final decidieron darle el voto a la amistad.

Sin embargo, su relación con Mary Keyla no lo alejaron de las copas y las noches de baile con sus amigos.

También llegaron las birrias. De nunca haber jugado en su vida al fútbol, Darisnel terminaba en la cancha de fútbol haciendo amigos y gambetas hasta 4 días a la semana. La actual tierra del fútbol le contagió su fiebre y se lo llevó al estadio en donde gritó, vitoreó y apoyó al equipo del Zaragoza FC en su lucha por mantenerse en la primera división.

El tiempo corría y los cambios del clima le hacían añorar la casa, la calidez de su madre, los chistes de su padre y la comida, asignatura que mantuvo pendiente durante mucho más tiempo del que pensaba.

Aún así, el extrovertido muchacho comandaba los viajes junto a sus amigos con quienes cruzó muchas fronteras, dentro y fuera del país. La Almudia de Doña Codina, y otros tantos pueblos históricos lo llevaron a visitar a las a mistades que iba forjando en su camino. La cordillera de los Pirineos y su primer contacto con la nieve, la ciudad de Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao fueron las metrópolis que lo cautivaron. Pero París, con la chica que le movía el piso y varios de sus amigos fue para Darisnel ‘algo inexplicable’.

LA CRISIS EN AMBAS CASAS

Vivían en un país en crisis. Desde que llegaron, se percataron de que el fantasma financiero en España iba creciendo sin parar. La crisis bancaria, el paro juvenil, el desempleo y la más reciente crisis hipotecaria acababa con los sueños de conocidos, el empleo de unos muchos y la vida de otros pocos.

No se acercó a las protestas, tampoco a las marchas, pero las ganas de hacerlo se las tenía que guardar, más aún con la impotencia a rastras cuando veía a su Panamá sumida en revueltas en Changuinola y en Barro Blanco, incluso cuando su tío, Betanio Chiquidama, el cacique de la comarca Emberá-Wounaan, era en las luchas por Barro Blanco, parte de un conflicto que no hallaba una solución y para Darisnel, fueron días de pena.

‘Fue muy lamentable lo que veía y lo que se escuchaba a nivel internacional. Es cierto que estamos creciendo pero no existe un control... Así como en España, estamos caminando un camino muy parecido y esa es una cosa muy peligrosa’, opinaba Darisnel quien tenía a la computadora, el Skype y las páginas web de noticias de Panamá como el cordón umbilical que nunca cortó.

Su criterio se iba forjando, sus amistades fortaleciendo, la incondicional ayuda de Elena Alonso, quien hizo de su madre en la península, le hizo de apoyo económico y anímico en los días en los que el temple resquebrajaba.

El final se acercaba. Pasaron los años y las experiencias que se hicieron un modo de vida, ese mundo de diversidades, de otras ideas, de los amigos como familia y de los retos asumidos en equipo pronto iban a pasar a otro plano. Darisnel lloró al despedir a Doña Elena y a varios de sus amigos, incluso más que cuando se había despedido de su familia panameña.

ARMANDO MALETAS

El 16 de octubre de 2012 fue un día difícil. Darisnel y los otros 25 que aguantaron el trote, entre ellos Mary Keyla, con mejores maletas, abrigos que les iban a sobrar y un centenar de agradecimientos que repartir, emprendieron viaje de regreso a Panamá... era el momento de presentar soluciones y probar lo aprendido.

Ese que fue su proyecto final de carrera, un sistema de explotación ganadera, hora lo tomará Darisnel para aplicarlo en su comarca, la cual tiene un poco de experiencia en ese rubro y mucha ayuda por recibir, especialmente ahora con el Tratado de Promoción Comercial que empezó a funcionar entre el istmo y Estados Unidos, situación que según el mismo cholo ‘ha dejado al productor panameño fuera de la competencia’.

Deberá enfrentar a una comarca quedada en el olvido, instituciones fantasmas y con mucho por hacer y de momento, devolverle el favor al MEF y cumplir con un tiempo como funcionario, hacer dinero para su familia y relatar todas las historias que no contó por webcam.

Atrás dejó el país que no obedecía jerarquía y cualquiera se trataba de tú, de primera persona; aquel en donde el jefe trata a su empleado como quiere que lo trate su gerente. Eso que en palabras de Darisnel fue algo que se le quedó en el ‘chip’ que lo implementará en su día a día en Panamá, en Darién y por el resto de su vida.