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07 de Mar de 2021

Nacional

Un mal que no termina por desaparecer

Todos son conscientes del problema: autoridades futbolísticas, gobiernos locales, periodistas. Y sin embargo, nadie se pone de acuerdo e...

Todos son conscientes del problema: autoridades futbolísticas, gobiernos locales, periodistas. Y sin embargo, nadie se pone de acuerdo en cómo combatir semejante peste.

Hasta ahora las armas de combate han sido campañas de concientización, seminarios interminables en los que se estudia el problema, protocolos, acuerdos, penalizaciones más o menos blandas y siempre desiguales (una liga como la inglesa castigó con 8 partidos al uruguayo Luis Suárez por insultar racialmente a un rival, mientras que el miércoles pasado un árbitro rumano decidió ignorar los ataques racistas de decenas de miles de hinchas del CSKA contra el africano Yaya Touré, jugador del Manchester City, en un encuentro de la UEFA Champions League).

¿Acaso se puede combatir a las brutales hordas de racistas con niños impecables, multirraciales, sonrientes, que salen a la cancha portando un estandarte con el lema ‘No al racismo’? La verdad es que la mayoría de las armas que proponen los estamentos internacionales para combatir el racismo en el fútbol tienen la misma eficacia de un periódico enrollado para enfrentar una manada de elefantes enfurecidos.

Los estadios de fútbol son focos crecientes de expresiones racistas, principalmente en Europa. El incidente de la Champions League ocurrido en Moscú hace menos de una semana generó un hervidero de críticas contra árbitros y autoridades. Luego de 90 minutos de abuso verbal Yaya Touré propuso la opción de que los futbolistas negros boicoteen el mundial de 2018 que deberá celebrarse en Rusia. Otro grupo constante y perversamente agredido son los judíos, o los equipos con vínculos hacia esa comunidad. Los ‘ultras’ de la Lazio (equipo romano con vinculaciones con grupos de ultraderecha) acuñaron esta frase espantosa, expresada en pancartas gigantescas: ‘Auschwitz es su país... Los hornos, su hogar’.

Pero no todo es malo. Existen grupos de hinchas asociados para acabar con el racismo y de vez en cuando se cierra un estadio europeo, buscando el compromiso de todos para eliminar a los hinchas racistas. Pero todavía hay un exceso de dirigentes que se concentran en emitir palabras de aliento y muy pocas acciones, y que parecen estar más interesados en los inmensos beneficios económicos que el fútbol produce incesantemente.

Es evidente que desde aquellos tiempos remotos del pelo planchado y los polvos de arroz, el fútbol ha mejorado en la igualdad de oportunidades.

Para Michel Platini, máximo jerarca de la UEFA, en el fútbol se vive una mayor democracia racial que en el resto de la sociedad. Tal vez sea verdad. Pero una verdad insuficiente.