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03 de Apr de 2020

Nacional

Más de 18 años sin recibir agua potable

CHIRIQUÍ. En una fosa a la orilla del manglar, se encuentra la llave común en donde más de 390 familias de la barriada Villa Escondida, ...

CHIRIQUÍ. En una fosa a la orilla del manglar, se encuentra la llave común en donde más de 390 familias de la barriada Villa Escondida, corregimiento de Pedregal, en el distrito de David, descienden en busca del vital líquido. Llevan más de 18 años que las tuberías de sus casas no conocen el ‘sabor’ del agua. Cada mañana y todas las noches, la faena es la misma: buscar agua para satisfacer sus necesidades básicas.

Los peligros en dicha fosa consisten en las subidas de mareas, las cuales anegan todo el perímetro del sector.

En algunas familias, como la de Candelaria Martínez, ocupan entre 15 a 25 tanques diarios para cumplir con las labores del hogar.

Martínez indicó que ya están ‘hasta el gorro (cansados)’, en sus palabras y que lo único que piden es que por los tubos que colocó el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales, empiece a fluir agua.

‘Ahorita lo que queremos es el agua, la tuberías ya hace años las colocaron, pero el agua nunca ha llegado, estamos hasta el gorro de tanta mentira’, sostuvo.

‘Esto es lo único que tenemos, a veces hay agua y otras no’, dijo al señalar el tubo de media pulgada taponado por un corcho del cual obtiene el líquido, cuando hay.

Para ella, cabeza de familia en ausencia de su esposo, que es marino y pasa mucho tiempo en alta mar, es difícil acarrear el agua para el gasto. Su hogar lo integran siente personas más. Cinco de ellas son niños, los otros dos, adultos mayores.

Por otra parte, María Murillo, quien asegura vivir por más de 16 años en el lugar, sostiene que han aportado dinero en varias ocasiones para solucionar el problema.

La última vez fueron $400.00 Según dijo la mujer, sería para comprar una bomba.

‘Aquí todos los moradores hemos dado dinero para solucionar este problema. Ya se ha recogido plata en cuatro acciones’, indicó.

‘Acá somos puras mujeres, nuestros esposos viven más en el mar que en tierra. Nosotras somos las que tenemos que solucionar, que transportar el agua. Imagínese que una de nosotras venga por agua y un piedrero nos agarre y nos viole’, dijo al explicar una de sus inquietudes.

Cuando las mareas alcanzan los 18 pies el lugar se llena de agua, los lagartos anidan en el área y podrían agregar a una de ellas a su cadena alimenticia.

Al conversar sobre el tema con Edgardo Álvarez, representante del área, dijo que desde los inicios de su administración se han hecho las gestiones para solucionar ese problema. Admitió que la comunidad aportó un grano de arena para la compra de una pieza que se necesitaban.

Álvarez lamentó que tras más año y medio de las últimas diligencias, la entidad rectora de ese servicio no haya realizado los ajustes.

El representante dijo que a finales de la administración anterior había quedado una plancha para construir un tanque de reserva, pero al darse el cambio, las cosas se estancaron.

VERSIÓN DEL IDAAN

Rodrigo González, recién nombrado director regional del Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales en Chiriquí, reconoce que la situación es preocupante. Indicó que envían cisternas dos veces por semana para abastecer a los usuarios.