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16 de May de 2022

Nacional

Si las mujeres se preparan más que los hombres, ¿por qué les es más difícil?

El número de egresadas de las universidades del país duplicó, en el 2013, al de hombres

De los 24,224 egresados de algún centro de educación superior en el 2013, dos tercios —16,336— eran mujeres. Ya Gustavo García de Paredes, rector de la Universidad de Panamá, había hablado de que en la ‘Casa de Méndez Pereira’ el 70% de los estudiantes eran damas y en los posgrados el porcentaje se incrementaba a 74%.

Al parecer, según las cifras, las mujeres se preparan más que los hombres; sin embargo, pese a esto, ganan menos. Un estudio de la economista Ana Patiño, de la máxima casa de estudios superiores, señala que entre los años 1999 a 2010 el salario promedio de los hombres fue de $1,142 mensuales, mientras que el de las mujeres, en ese mismo periodo de tiempo, fue de $750.

Salarios inferiores en comparación con el de sus contrapartes masculinas no es la única muestra de desigualdad a la que se tienen que exponer las mujeres. También está la discriminación que termina en el desempleo. Estadísticas de la Contraloría General de la República indican que, de las 76,126 personas que no tienen un oficio, 41,133 son mujeres; es decir, más del 50% de los desempleados del país.

DE PATRIARCADOS INJUSTOS

Los empleadores o las personas encargadas de las contrataciones en las empresas se ven severamente afectados por los prejuicios infundados por una sociedad que, a juicio de la abogada Deika Nieto, está ‘marcada por el machismo’. En palabras de Celia Moreno, de la Fundación Calicanto, el problema radica en que ‘vivimos en una sociedad patriarcal donde el sistema está hecho por los hombres que tienen paradigmas muy específicos, los cuales, por lo general, ni siquiera los beneficia a ellos’.

Los paradigmas a los que se refiere Moreno son, por ejemplo, como explica la activista Haydeé Méndez, que ‘el hombre tiende a ver a la mujer como inferior porque piensan que la mujer puede quedar embarazada, que a la empresa le costará mucho dinero darle una licencia por maternidad o porque piensan que, si ya tiene hijos, estos se le van a enfermar y no va a cumplir con el trabajo’.

Moreno coincide con Méndez y destaca ese prejuicio de que la mujer falta más que el hombre: ‘[Discriminan] por aquello del ausentismo, porque, dicen, una justificación falsa, de que la mujer va a ausentarse más, ya sea porque tiene la menstruación, porque está embarazada o porque tiene hijos’.

Justamente, las mayores cifras de desempleo en mujeres son en las edades más jóvenes, por ejemplo. En el rango de edad entre los 15 y 19 años, la tasa es de 17.2%; mientras que entre los 15 y 19 años, el porcentaje se sitúa en 13.7%. A medida que aumenta la edad, baja el porcentaje de desempleo si se observan las cifras de la Contraloría General de la República.

Datos de la Contraloría también indican que la mayoría de los nacimientos que se registran en el país son en mujeres entre los 20 y 24 años. De ahí, le siguen aquellas que están entre los 25 y los 29 y, de terceras, las mujeres entre 15 y 19.

POR QUÉ ELLOS NO

La economista, Juana Camargo explica que si las mujeres ingresan más a las aulas universitarias es porque ‘saben que la única posibilidad para tener una mejor situación es a través de la educación. Las mujeres deciden estudiar cuando no quieren depender de un marido que las golpea o las maltrata. En esos casos sabes que tienes que estudiar para poder independizarte’.

Moreno, más que hablar de por qué las mujeres entran a las aulas más que los hombres, identifica por qué los hombres no lo hacen, y es que, explica: ‘La mayoría de las familias son monoparentales, donde el jefe de familia es una mujer, la madre. Generalmente el hermano o hijo mayor es el que debe traer para ayudar a los más pequeños, siempre con ese paradigma de que el hombre tiene que ser proveedor’.

‘Vivimos en una sociedad marcada por el machismo en donde existe un sistema en el cual el hombre ocupa el centro de todo’, comenta Deika Nieto, quien añade que ‘todavía persiste el concepto ‘jefe de familia’, que establece al hombre como proveedor primordial’.

Este concepto de que el hombre es el proveedor primordial, va de la mano con que la mujer tiene toda una serie de responsabilidades en el hogar: ‘El hombre llega de su trabajo y se sienta a leer el periódico. La mujer llega a cocinar, a hacer oficios, a hacer tareas, un montón de cosas. Los hombres y las mujeres no colaboran igual en el hogar, la mujer colabora más en el hogar, ya que se espera eso de ella en esta sociedad patriarcal que tenemos. Se espera más de ella y que sea la responsable de las riendas del hogar’, comenta Haydeé Méndez.

Para Celia Moreno, al final, estos conceptos no son solo arcaicos, sino que terminan por limitar al hombre: ‘El hombre debe ser más que proveedor en el hogar. La sociedad debe ser más equitativa, más igualitaria’.

La economista Camargo comenta que en estos tiempos la imagen del hombre proveedor está desfasada y es sinónimo de esclavitud: ‘Un proveedor ya no puede suplir las necesidades de la familia ni de las mujeres; pero si no tienes los medios, debes buscarte uno’, explica la economista, quien adiciona: ‘Eso le pasa a las adolescentes que salen embarazadas. No terminan sus estudios y deben buscarse un proveedor’.

EL MERCADO

Si hay más mujeres graduándose de la universidad y tomando posgrados, ¿por qué muchos empleadores reclaman que la fuerza laboral no tiene lo que requiere el mercado?

Para Celia Moreno, una cosa no tiene que ver con la otra; es decir, que haya más mujeres graduadas no quiere decir que estas sean lo que buscan los empleadores: ‘Se gradúan muchas mujeres, pero en carreras tradicionales’. Moreno comenta que lo que urge en este momento en el mercado local son técnicos. El problema es que ‘el único lugar donde brindan educación técnica es en el Inadeh, en Tocumen, lugar que para muchas mujeres es inaccesible’.

‘Una mujer con un doctorado, va a ganar menos que un hombre con el mismo título. Es parte de las desigualdades estructurales’, asegura Juana Camargo, quien añade: ‘Las mujeres tenemos menos oportunidades aunque tengamos títulos y más capacidades. Eso se traduce en que las mujeres tengamos poquísimas oportunidades en los estamentos de decisión, menos mujeres en la Asamblea, menos mujeres representantes, alcaldes o ministras. Tampoco hay mujeres en las empresas, en los consejos universitarios. Es una estructura en donde las mujeres, por más condiciones que tengan, van a sufrir la discriminación’.

Haydeé Méndez coincide con Camargo y asevera que no importa el hecho de que ‘la mujer panameña tiene dos años más de estudio que el hombre; los cargos gerenciales, los puestos altos, las curules en la Asamblea, todos están ocupados por hombres’. Si los estudios, la experiencia o las cualidades de una mujer son hechos a un lado, considera Méndez, se debe ‘por la discriminación sexual’.

La también abogada Deika Nieto se refiere a esta discriminación, la cual, explica, ‘afecta a la mujer a nivel general’. Un claro ejemplo de esta discriminación, asegura Nieto, es el trabajo de doméstica: ‘Es el único trabajo que, por ley, tiene un salario mínimo menor y una jornada mayor. Es un trabajo igual, pero como es una labor cotidianamente realizado por mujeres, su valorización está por debajo de la cualquier otro trabajo’.

MUCHOS ESCOLLOS

Deika Nieto habla que la mujer, según organismos internacionales, devenga 34 % menos que un hombre en la misma posición. Haydeé Méndez, por el otro lado se refiere al 28.5 % de diferencia. Sea como fuere, la diferencia salarial por un asunto de género, critica Méndez es un fenómeno que se da ‘ en casi todas las profesiones, exceptuando, tal vez, a los médicos, porque ellos tienen una cifra fija para todo. Pero se ve en abogados, en ingenieros, en un montón de profesiones liberales’.

El problema de la discriminación, agrega la abogada Méndez, es que ‘se disfraza’. Ya que, explica, ‘no es políticamente correcto decirle a una persona: ‘No te contrato porque eres mujer’. Van a inventar miles de otras excusas. La mujer tiene un techo de vidrio, porque no se ve, pero existe: A la mujer le cuesta el doble o el triple, en comparación con el hombre, llegar arriba, porque a medida que va escalando se encuentra con un techo nuevo’.

Nieto, por su parte, comenta que las mujeres tienen mil y un escollos que sortear, por lo cual las cosas siempre les serán más difíciles: ‘Si todavía le incluyes elementos como la violencia, que afecta a la mujer no solo en el entorno familiar o privado, sino también en los trabajos, donde hay acoso laboral; vas a ir encontrando obstáculos para que las mujeres tengan las mismas facilidades que los hombres al momento de conseguir un trabajo. El ambiente es más hostil para una mujer que para un hombre’.

POCOS CAMBIOS

A pesar de que los problemas han sido identificados, pareciera que es poco lo que se hace para revertir la situación, por lo menos así lo considera Juana Camargo, quien indica: ‘Falta mucho, muchísimo. Hay que cambiar las políticas públicas. ¿Cuántos presupuestos hay para acabar con el problema de las niñas embarazadas o para resolver el tema de la nutrición escolar? ¿Cuánto presupuesto hay para capacitar mujeres? ¿Qué programas específicos para darles las condiciones? Tampoco hay programas en el Meduca para evitar la desigualdad de género, para que se trate igual a las mujeres, se les respete, no se les golpeé, se les enseñe que su cuerpo es suyo y se debe respetar. No hay nada de eso’.

Celia Moreno, de la Fundación Calicanto, explica que, desde su perspectiva, el movimiento feminista ha sido malentendido y, por eso, algunos lo rechazan. Este rechazo lo que trae es que se dificulte la reivindicación de los derechos de la mujer: ‘Los jóvenes no entienden lo que es el feminismo. Piensan que es una pelea entre machismo y feminismo. Eso pasa porque no leen, no saben de historia. Dicen cosas sin pies ni cabeza. En la escuela ni en la universidad les dan una formación adecuada. No les explican las causas ni consecuencias de los fenómenos históricos’.

Para Haydeé Méndez, ‘Panamá tiene muy buenas leyes a favor de la mujer, pero ninguna se cumple. El esfuerzo está ahí y todo el mundo está consciente de la discriminación, pero no se ha logrado romper ese techo de vidrio’. Deika Nieto coincide con Méndez y alaba las leyes vigente (‘Tenemos legislaciones, pero muchas no se aplican’, comenta, también). Para Nieto ahí está la clave la lucha por la igualdad de género: ‘Hay que darle su justo valor si queremos hacer transformaciones reales y no cosméticas, como sociedad’, considera.