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21 de Oct de 2020

Nacional

“Me quedé ciego, pero puedo trabajar”

Jeremías, de 27 años y el mayor de ocho hermanos, vive en la Asociación Nacional de Ciegos, en Las Cumbres

“Me quedé ciego, pero puedo trabajar”
El joven estudiará Derecho o Comunicación Social.

Jeremías Montezuma perdió la vista a los 21 años. En aquel momento, ya no podía trabajar rociando veneno en los sembradíos de papa en Chiriquí, labor que hacía desde los doce. Vino a la capital y en el Hospital Santo Tomás se sometió a tres cirugías. ‘Me dijeron que era tarde, tenía desprendimiento de retina hacía tiempo', relata desde lo alto del paso elevado de Plaza Edisson, donde vende galletas y chocolates desde hace dos años.

Jeremías, de 27 años y el mayor de ocho hermanos, vive en la Asociación Nacional de Ciegos, en Las Cumbres. De allí sale a las cinco y media de la mañana para comprar los productos en un mayorista de San Miguelito y luego venderlos en el puente. Los días buenos recauda unos 15 dólares. Los malos, ocho. Esta actividad la ejerce hasta las cuatro de la tarde, hora de salir para el Instituto Rubiano, donde cursa el sexto año del bachiller en Letras.

‘No me puedo quedar con los brazos cruzados. Si los demás (los que viven en la Asociación de Ciegos) salen a vender y van a la universidad, yo también puedo perder el miedo de salir a la calle', comenta el joven. Esto fue hace dos años, y comenzó vendiendo ambulante en las aceras de los centros comerciales de la Tumba Muerto y la Transístmica.

Relata que ha llenado solicitudes en varias empresas, pero no ha tenido suerte. ‘Cuando ven que eres ciego piensan que no puedes hacer nada, sin preguntar si uno tiene estudios o está preparado para laborar', señala Montezuma, que tiene entre sus metas a corto plazo ingresar a la Facultad de Derecho o estudiar Comunicación Social de la Universidad de Panamá.

Jeremías sigue llenando solicitudes y yendo a las ferias de empleo porque quiere afiliarse al Seguro Social. Lamenta no haberse venido a la capital a los 16 años, cuando sufrió la intoxicación con el veneno que le echaba a las malezas de los cultivos de papa. ‘Puedo bajar y subir estas escaleras casi corriendo —dice— sostenido del bastón metálico. Tampoco tengo problemas para viajar, si la parada tiene el acceso, no tengo ninguna dificultad', asegura.

El Instituto de Estadística y Censo revela que en 2013 el porcentaje de trabajadores informales alcanzaba el 38.6%. (529,672 personas). Al año siguiente, 2014, este segmento de trabajadores aumentó a 39.1% (545,507 personas). En ambos conteos está incluido Jeremías.

El empleo informal en Panamá es una actividad histórica: ha existido desde la época de la colonia. La población originaria usaba trueque y no comercio. En las ferias de Portobelo había comercio informal, menciona el excontralor José Chen Barría.

La informalidad es muy rentable, considera Chen Barría. Esa rentabilidad radica en que no se declara renta, no se pagan los tributos ni cuotas al Seguro Social. Las dificultades de los ‘sin jefes' surgen cuando se enferman o alcanzan una edad en que ya no pueden trabajar. Al gobierno de turno le toca darles atención médica e incluirlos en programas de alimentación como 120 a los 65.

Para Felipe Argote, presidente de la Comisión de Entorno Macroeconómico y Finanzas de Apede, existen miles de trabajadores informales, y cita a los taxistas como ejemplo, que tienen suficientes ingresos para pagar Seguro Social, pero prefieren no pagar para disponer de mayor liquidez en lo inmediato.

Argote subraya que los trámites para quienes sí optan por pagar la seguridad social son engorrosos y se tarda hasta un día en los ‘procedimientos arcaicos que tiene la Caja para estos trámites'.

Sobre este punto, la Fundación del Trabajo apunta a que muchos informales no se afilian al Seguro porque les resulta una inversión del 22% de los ingresos, ya que también deben asumir el porcentaje del empleador.

Lo anterior es difícil al menos para el 50% de las empresas informales de Panamá, que registran ventas brutas mensuales por un valor inferior a un salario mínimo. ‘Resulta obvio que a un negocio con tal escala de operación y ventas le es imposible cubrir los costos de la seguridad social y otros requisitos de la formalidad'.

Los registros de la Caja de Seguro Social revelan que hasta enero de 2015 se afiliaron 3,082 trabajadores informales.

LUCHA GLOBAL

En América Latina y el Caribe, hay 27 millones de jóvenes que trabajan en la informalidad, según la Organización Internacional del Trabajo. ‘El desempleo juvenil es muy elevado, pero es apenas la punta del iceberg del problema de falta de oportunidades para quienes recién inician la vida productiva', manifestó Elizabeth Tinoco, directora regional del organismo.

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INFORMALIDAD EN CIFRAS

Cada año, la informalidad va en aumento, según la Contraloría

2013

Estadística y Censo reportó que la informalidad se ubicaba en 38.6% (529,672 personas) informales en todo el país.

2014

Se incrementó el registro de estos trabajadores hasta llegar al 39.1% (545,507 personas). 15,835 fue la variación en 12 meses.