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01 de Ago de 2021

Nacional

El dinero no lo es todo... ¡pero cómo ayuda!

En Donoso, Colón, las necesidades sociales arrecian

Es jueves... uno de los dos únicos días de la semana en que los habitantes de las montañas de Donoso disponen de transporte para trasladarse hasta Miguel de la Borda.

Una mujer de 49 años, llamada Lucas Chirú, espera paciente la lancha que la llevará de regreso a su hogar en Vallecito, tras asistir al control de salud que es requisito para recibir el bono de cien dólares que el Estado panameño otorga a las familias de extrema pobreza. Ya son las 2 de la tarde, y ella empieza a inquietarse... ‘Creo que se me fue el último motor. Ahora tendré que pedir hospedaje en Río Indio', dice resignada.

JUAN MONTENEGRO

‘Tenemos una comunidad muy vulnerable porque el acceso a la atención médica es muy difícil'

MÉDICO

Todos los gobiernos y los políticos en campaña prometen ampliar la carretera para conectar los corregimientos de Gobea, Miguel de la Borda y El Guásimo con la provincia de Panamá Oeste y el distrito de Penonomé, pero hasta el momento ninguno lo ha hecho. Hacia el resto de los corregimientos, la población se transporta a través de ríos, por mar o caminos de penetración, explicó Víctor Lam, tesorero municipal. ‘Si contáramos con la carretera, podríamos vivir un poco mejor', indicó un productor vecino... ‘Podríamos transportar los productos cosechados y venderlos', agregó a este diario, que viajó hasta el muelle de Miguel de la Borda.

Los 12,810 habitantes de Donoso enfrentan viejas y grandes necesidades sociales y de salud pública.

‘La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo', dijo en una ocasión el presidente sudafricano Nelson Mandela. Pero, para los niños y jóvenes del distrito de Donoso, en Colón, no existen esas condiciones de cambio.

En el pueblo de Santa Cruz, corregimiento de El Guásimo, los niños reciben clases en una iglesia, en una casa comunal y un ranchito, porque su escuela está en ruinas y constituye una amenaza para su integridad física.

Tras sufrir los embates de la naturaleza y el paso del tiempo, la estructura ya no tiene techo, las paredes están agrietadas, su deslucida pintura se encuentra tan descascarillada como las esperanzas de los lugareños.

‘Hace poco se desprendió un pedazo de concreto y por poco le cae en la cabeza a un niño que jugaba cerca del área. Los padres de familia no van a esperar perder a uno de sus hijos, y han decidido demoler la escuela', narró Rubén Ayarza, oriundo del pueblo.

La deserción escolar alcanza un 38%, según las autoridades centrales de educación. El abandono de las aulas de clase se produce pese al marcado interés de los padres de familia para que sus hijos asistan a la escuela. En su mayoría humildes campesinos, no aprendieron a escribir ni a leer en su momento y se encuentran ahora con que sus hijos tampoco recibirán la educación apropiada. ¿Dónde está el desarrollo?, se preguntan.

La falta de escolaridad de sus padres ‘es una limitante para el aprendizaje de los niños y una causa de la deserción escolar', a juicio de Neris Ruiz, un maestro multigrado de la escuela de Río Caimito, en Coclé del Norte, un área de difícil acceso. Ruiz camina hasta diez horas para llegar a atender dos salones de clases. Su trabajo se complica más cuando se encuentra ante la carencia de material didáctico e infraestructura.

El proceso de enseñanza-aprendizaje también se ve afectado por la falta de luz eléctrica, que alcanza a un 62.7% de la población de Donoso, según un estudio del Ministerio de Economía y Finanzas, que tomó como referencia el último censo de población (2010).

‘Como no hay luz, los maestros no pueden usar una tecnología moderna; no hay computadoras, no se puede usar un retroproyector', apunta Ricardo Rodríguez, supervisor de educación del área. En ocasiones, los maestros atienden hasta seis grados, además de asumir tareas de dirección y el trabajo de mantenimiento, cuenta Doris Guardado, de la escuela primaria El Limón, en Costa Abajo, donde dicta clases a catorce niños en una sola aula y abrumada por el calor, aunque reconoce que prefiere el sol a la lluvia. ‘No hay luz. Cuando el día está oscuro hay que suspender las clases hasta que la naturaleza aclare el salón', comenta.

Las opciones para estudiar en Donoso e ir luego a la universidad son pocas o, mejor dicho, es una sola. El distrito, de 702 kilómetros cuadrados, con un índice de pobreza que alcanza el 71% de la población, solo tiene una escuela secundaria completa: el Instituto Profesional y Técnico Gil Betegón Martínez, que ofrece un bachillerato industrial y uno agropecuario. Esas son las limitadas opciones para que los jóvenes ingresen a la universidad.

‘Cuando los chicos terminan la secundaria se van al campo a cultivar yuca, ñame, coco, otoe y a criar gallinas y ganado', narra Ayarza, con una voz que denota rabiosa frustración e impotencia, ante un gobierno que no es capaz de hacer nada para fiscalizar cómo se están manejando los ingresos del millonario distrito.

RIESGO DE SALUD PÚBLICA

Al arrastre de males en materia educativa hay que agregar los problemas del sistema de salud, que repercuten en la esperanza de vida y la productividad.

El 13.8% de las viviendas no tiene servicios sanitarios; el 44.7% no tiene agua potable. Hay, sin embargo, algunas comunidades que cuentan con acueductos rurales. El resto extrae agua de los ríos, quebradas, ojos de agua y pozos, explica Juan Antonio Montenegro, director médico del Centro de Salud de Miguel de la Borda.

‘Nosotros los orientamos para que puedan tratar el agua que ellos consumen, ya sea clorándola (...) o usando la luz solar. Así vive la gente en Donoso', añade el galeno.

La falta de agua potable es la causa de la alta frecuencia con la que se reportan enfermedades diarreicas agudas en este centro de salud, añade el doctor. En la instalación médica también se reportan niños de bajo peso y déficit de nutrición. La mayor incidencia de desnutrición se da entre los uno y cuatro años de edad. Otros problemas de salud, como los síndromes gripales y el asma bronquial, están asociados al clima y a los cambios de estaciones.

SIN VERTEDERO

Los riesgos de salud pública se agudizan por la falta de un vertedero. La población quema o entierra la basura para evitar que se convierta en una fuente potencial de criaderos del mosquito Aedes aegypti , transmisor del dengue, chikunguña y zika. La otra parte de la basura termina en la costa, contaminando el área de playas. En 2013, el centro de salud reportó entre 21 y 23 personas con dengue positivo, pero la rápida acción de las autoridades de salud y la cooperación de la comunidad permitió controlar la situación, ocasionada en parte por el mal manejo de la basura.

Donoso necesita además un matadero, donde las reses se sacrifiquen de forma apropiada para el consumo humano. ‘Se está matando las reses en lugares inadecuados, evadiendo muchas veces el permiso de la corregiduría o del Ministerio de Salud. Es otro riesgo que corremos', explicó Montenegro. ‘Este es un distrito sumamente vulnerable. Existen pocas facilidades para recibir atención médica. Los habitantes de las comunidades más lejanas ni siquiera cuentan con transporte acuático y deben caminar horas, incluso días, para llegar a un centro de salud', concluye el médico.

Sin carretera que comunique los pueblos de Donoso y acerque las costas a las montañas, sin acueducto que lleve agua potable, sin alambrado para luz eléctrica y escuelas ruinosas, el municipio de Donoso ha recibido en los últimos cuatro años un promedio de $4.1 millones en impuestos de construcción de las mineras que se preparan para explotar su rico subsuelo, un patrimonio que no se ha sabido invertir.