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17 de Oct de 2019

Nacional

Gammal Nasser, modelo de Omar Torrijos Herrera

En 1968, se repetirían en Panamá la sucesión de eventos que tuvieron lugar en Egipto en 1952: la irrupción de un nuevo liderazgo

Gammal Nasser, modelo de Omar Torrijos Herrera

Desde que el conde Fernando de Lesseps empezara a dar forma a los planes de construcción de un canal a través del istmo centroamericano, la historia de los canales de Suez y Panamá estaría ligada para siempre.

Ambos proyectos habían sido contemplados desde siglos antes por visionarios que soñaron romper las barreras naturales de la geografía para facilitar el comercio, la navegación y el intercambio entre los pueblos.

Ambos fueron impulsados en el siglo XIX por el conde de Lesseps y construidos por los grandes intereses imperiales en países pobres que posteriormente obtuvieron el control sobre su territorio, consagrando la narrativa del líder nacionalista con la valentía para ‘jalar la cola del león' y salirse con la suya.

HISTORIA DE UN SUEÑO

Si la idea de abrir un canal a través del istmo panameño fue concebida desde el siglo XV, durante el reinado de Carlos V, la historia del canal de Suez se extiende hasta la antiguedad.

Numerosas referencias señalan que cuando Alejandro Magno conquistó Egipto en el año 332 a.c., el canal tenía mil años de estar operando.

‘‘Nosotros le decimos a Londres hoy que nuestro nacionalismo y patriotismo están firmes y fuertes',

GAMAL ABDEL NASSER, PRESIDENTE DE EGIPTO

De acuerdo con la Autoridad del Canal de Suez, esta fue una de las más antiguas obras de ingeniería del mundo y sus primeras excavaciones datan del reino del faraón Senausret II (1887-1849 ac), aunque todavía se debate si esta primera zanja llegó a unir el Mar Rojo con el Mediterráneo.

En los tiempos modernos, la idea del canal fue retomada por Napoleón Bonaparte, quien durante su campaña en Egipto en el año 1798 se hizo acompañar por un grupo de científicos que pudieron observar los restos del antiguo canal de los faraones.

Sin embargo, los ingenieros comisionados posteriormente por el emperador calcularon un falso desbalance entre los mares y recomendaron no aventurarse en la construcción de la obra.

El proyecto obtuvo su impulso definitivo con Fernando de Lesseps, quien, al igual que Napoleón, se había familiarizado con la historia de Egipto de formar directa, al ser nombrado cónsul de Francia en Alejandría (1832-1837).

En 1854, bajo el contagioso optimismo del conde de Lesseps, su amigo el pachá Mehmet Said, representante del Imperio Otomano (del cual Egipto era parte), concedió su autorización para formar una compañía privada, la Compañía Universal del Canal Marítimo de Suez, que buscaría el financiamiento y ejecutaría la obra. Para Egipto, el virrey retuvo el 44% de las acciones, lo que le daba derecho al 15% de los ingresos netos que generara la obra una vez concluida.

En 1869, después de diez años de trabajo, en que los ingenieros se encontraron en más de una ocasión con los restos del milenario canal de los faraones, la obra fue inaugurada con una gran fiesta.

El canal fue un éxito extraordinario desde el punto de vista comercial y estratégico.

Sin embargo, en 1875, en medio de una gran crisis de deuda externa, Egipto se vio obligado a poner en venta su parte accionaria, que rápidamente adquirió el gobierno inglés, viendo en ello la oportunidad de reforzar su estatus hegemónico en la región del Medio Oriente y hasta sus posesiones en la India. Con un financiamiento de la banca de los Rotschild, el gobierno del premier Benjamin Disraeli se hizo con el control real de la vía acuática.

NACIONALISMO

Finalizada la II Guerra Mundial, a comienzos de la Guerra Fría y del movimiento de descolonización promovido por las Naciones Unidas, tanto en Egipto como en Panamá cobró fuerza el movimiento nacionalista, que veía en la presencia militar de las potencias extranjeras una disminución de su autonomía.

En este panorama, en 1952 tuvo lugar un golpe militar en Egipto, que terminó por derrumbar la vieja oligarquía reinante. Al mando del país quedó el militar Gamal Abdel Nasser, que inmediatamente inició la transformación de Egipto en un país autónomo y progresista.

Pero las potencias europeas vieron con sospecha el impulso que daba Nasser al movimiento de reafirmación árabe y su apoyo a Palestina.

La política egipcia de reconocimiento de China y sus coqueteos con Rusia, molestaron sobremanera a Estados Unidos y Gran Bretaña, que se negaron a honrar su compromiso de financiar la Represa de Aswan, un proyecto que Nasser consideraba básico para el progreso material de su país.

El 26 de julio de 1956, el líder egipció anunció unilateralmente la nacionalización del Canal de Suez, 12 años antes de que venciera el plazo negociado por de Lesseps.

Con el dinero de los peajes pagados al Canal, Egipto financiaría la construcción de la represa, proclamó Nasser.

Aunque es debatible si la ley internacional daba a Egipto derecho de romper el contrato antes de tiempo, Francia e Inglaterra decidieron no aceptar la nueva situación. Tras una serie de torpes movimientos políticos y militares que terminaron con la invasión israelí de Egipto, la posición de ambos países fue repudiada por la comunidad internacional, y, sobre todo, por el gobierno estadounidense de Dwight Eisenhower, en plenas elecciones presidenciales.

Después de varios meses en que el mundo estuvo en vilo ante la escalada de la amenaza de guerra, con la involucración de Rusia y los países árabes en apoyo de Egipto, las aguas volvieron a su cauce.

‘El mundo tiene que darse cuenta: los países son independientes o no lo son. Egipto ha decidido ser independiente y no permitirá que ningún país lo controle. Hoy, la opinión del mundo esta dividida, un grupo que apoya la justicia, y el otro que está de parte de la explotación. Desafortunadamente, aquellos que apoyan la explotación son los grandes poderes'.

‘Nosotros le decimos a Londres hoy que nuestro nacionalismo y patriotismo están firmes y fuertes. Declaramos que, desde el Océano Atlántico hasta el Golfo Pérsico, el arabismo se ha reafirmado y despertado'.

Nasser había triunfado. Su victoria dio impulso al Movimiento de Países No Alineados como una alternativa viable para apoyar las negociaciones en que se vieran involucrados los países débiles contra las grandes potencias.

La nacionalización del Canal de Suez fue un punto de inflexión en la política internacional, pues marcó la pérdida del lugar de Francia e Inglaterra entre las superpotencias, lo que las impulsó, a su vez, a buscar alianza con otras naciones europeas, sentando las bases para la Unión Europea.

En Panamá, la nacionalización del Canal de Suez fue un despertar para los movimientos nacionalistas que habían quedado adormecidos durante la última década.

En Estados Unidos, el nuevo estatus y el ejemplo que daba Egipto a Panamá fue motivo de preocupación.

De hecho, una encuesta realizada por la Universidad de Michigan entre estudiantes de derecho de la Universidad de Panamá, encontró que la mayoría de ellos consideraba que la nacionalización del Canal de Suez era un modelo a seguir.

En septiembre de 1956, los estudiantes universitarios llamaron a una Asamblea General y demandaron que el gobierno de Panamá aboliera el tratado de 1903 y diera su apoyo completo a la causa de Egipto.

Ese mismo año, se organizó en la misma universidad la primera conferencia internacional sobre canales interoceánicos, que reunió a grandes académicos de países centroamericanos y de México y sirvió como un fórum legal y político de estudios comparativos entre Egipto y Panamá.

Dos años después, en mayo de 1958, los estudiantes universitarios plantaban 75 banderas panameñas en la Zona del Canal en demanda de la renegociación de los tratados.

El 3 de noviembre de 1959, dos miembros de la Asamblea Nacional lideraron a un grupo de panameños en la llamada ‘Operación Soberanía' que exigió que la bandera panameña tuviera presencia en la Zona del Canal. El movimiento fue atacado por la policía y el ejército estadounidense, sembrando así los cimientos para una protesta mayor en 1964, que finalmente pondría en marcha las negociaciones definitivas.

‘El nacionalismo finalmente ha tomado a la gente de Panamá. Ahora los panameños están listos para ejercer sus derechos de soberanía sobre el canal justo como los egipcios lo hicimos en 1956. A menos que Estados Unidos reconozca esto y aprenda de los hechos de 1956, solo enfrentará más problemas y baños de sangre en Panamá', declaró el gobierno Egipcio tras los trágicos hechos del 9 de enero de 1964.

En 1968, se repetirían en Panamá la sucesión de eventos que tuvieron lugar en Egipto en 1952, con la irrupción de un gobierno militar, ajeno a la política tradicional, que tomó para sí la bandera nacionalista y se promovió como agente del progreso social.

Sin duda, el general Omar Torrijos vio en Gammal Abdel Nasser, un ejemplo a seguir, con todas sus consecuencias.