Temas Especiales

24 de Oct de 2020

Nacional

El camino hacia la igualdad

Yeritzel estudia para educadora inclusiva en Udelas; Jorge, para abogado, en ISAE. Dos panameños que demuestran que la discapacidad visual no es una barrera para alcanzar las metas

Yeritzel termina las tareas universitarias y ensaya la canción. El concurso regional al que está invitada está encima y no quiere que se repita el resultado de cuando compitió en un campeonato de ajedrez en Honduras. Con la música, piensa, es distinto: de pequeña en su natal Renacimiento, provincia de Chiriquí, quería ser muchas cosas, una de esas, artista.

‘Con el ajedrez no me preparé', reconoce. Para representar a Panamá en Guatemala ha escogido el tema ‘Más allá', de Gloria Estefan, porque tiene un mensaje muy positivo, muy empático, cuenta.

Para asistir a la jornada matutina en la Universidad Especializada de las Américas (Udelas), a la carrera de Educación Especial, se levanta a las cuatro de la madrugada. A un cuarto para las cinco sale por un taxi que la traslade hasta la estación del Metro en San Isidro. Lo hace con familiares para evitar ser asaltada.

La falta de docentes integrales en los centros escolares la llevó a decidirse por la docencia en vez del derecho, la música o la sicología, sus otras áreas de interés. Esta carencia la experimentó en Renacimiento, cuando luego de terminar los estudios primarios en la capital, en la escuela ‘José Agustín Arango', se matriculó en el plantel del pueblo donde vivía su mamá.

‘En Panamá, antes de ingresar a una escuela regular hice unos años donde me enseñaron las cosas básicas, vestirnos, orientarnos. Allí estuve hasta los cinco años', relata. En la capital vivió con una tía. En la ‘José Agustín Arango', una maestra especial atendía a los que tenían alguna discapacidad, relata.

En el centro escolar de Renacimiento no había profesores integrales, tuvo que adaptarse a los docentes regulares. Luego se dio cuenta de que era una deficiencia que se repetía en las zonas apartadas.

Yeritzel no la pasa tan mal porque puede comunicarse para pedir ayuda, dice, no como las personas que no hablan o andan en sillas de ruedas, que se tropiezan con las murallas arquitectónicas.

Yo puedo subir estas escaleras, comenta, refiriéndose a la entrada de la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá, donde está la oficina de la Asociación de Estudiantes y Egresados Ciegos de Panamá, pero para alguien en silla de ruedas la única opción es subir la loma y entrar por la parte de atrás.

Las tecnologías han aportado su granito de arena en la comunicación de las personas con discapacidad visual. Yeritzel, con ceguera congénita desde niña, es una de esas personas (1,200 millones hasta febrero de este año) que utilizan el servicio de mensajería WhatsApp mediante un lector de pantalla que le avisa cuando llegan los mensajes. Otros programas le facilitan la lectura de los libros y otros documentos en formato digital.

Entre sus planes futuros está enseñar. ‘No seré la abogada que esperaba mi familia para que hiciera cumplir las normas, pero haré mi pequeña contribución al mundo desde la educación integral', concluye la entrevista y retoma los ensayos : ‘Cuando das sin esperar, cuando quieres de verdad'. En la competencia de canto ocupó el segundo lugar. Es la primera vez que Panamá se ubica entre las tres primeras posiciones de este concurso.

EL IMPROVISADOR

Jorge nació en un pueblo de la provincia de Veraguas llamado La Redonda. A la edad escolar se vino a la capital. Un programa del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE) le pagaba el costo del hospedaje, alimentación y transporte en un ‘hogar sustituto' cerca de las escuelas donde estudiaría.

En los centros ‘José Agustín Arango' y República de Japón cursó el nivel primario. El financiamiento del IPHE se terminó y regresó a Veraguas. Se matriculó en el colegio ‘José Santos Puga' de Santiago.

Desde niño quería ser acordeonista. Mientras llegaba ese momento, jugaba a ser locutor con su madre. ‘Ella me llamaba por un teléfono imaginario y yo le respondía imitando a un locutor', relata un sábado por la tarde en la sala de visitas en una emisora de Santiago.

A la radio verdadera llegó en 1991. Un conocido le propuso que aprendiera a hacer controles en la cabina de Radio Urracá para suplir la falta de personal durante los fines de semana. Aprendió rápido, afirma. Cuatro años más tarde, abrió su propio programa, ‘Facetas del Folclor', que todavía difunde los fines de semana.

En 1995, el domingo antes del referéndum que promovió el presidente Ernesto Pérez Balladares para aprobar o rechazar la reelección presidencial, Jorge comenzó a trabajar en la radio.

Ya había abandonado el sueño de ser músico, por lo costoso que era el equipo que necesitan los grupos típicos y se matriculó en el Instituto Chiriquí, donde recibía las clases los fines de semana. Se graduó de bachiller con el segundo puesto de honor.

Por la orientación del aire, Jorge sabe si hay casas cerca un otras estructuras y el olor a combustible lo alerta de los carros. Pocas veces se le ve con bastón. ‘Lo uso poco porque he logrado afinar otros sentidos', comparte.

Unos años más tarde, el nombre de Jorge se hizo conocido en todas las provincias. Comenzó a cantar décimas. Cobraba ochenta dólares por una tarde de cantadera. Dice que esa cantidad es poco comparado con lo que cobran ahora, hasta 500 dólares por una jornada de ‘versos, rimas y poesía' en los jardines típicos.

Se sabe unas mil décimas, aunque memorizar no es su fuerte. Lo suyo era improvisar. En las cantaderas, cuenta, los otros cantores, pasados de tragos, pensaban que por su discapacidad visual sería fácil de vencer, pero se tropezaban con una muralla, expresa.

El negocio de la décima fue decayendo y Jorge volvió a las aulas, esta vez, a las de la Facultad de Derecho de una universidad privada. La beca por el segundo puesto en el bachiller le permitió escoger el centro de educación superior de su preferencia.

Sobre el optimismo que transmite en la radio, Jorge comparte que desde pequeño aprendió que ser positivo lo hacía más fuerte y así todo le sería llevadero. Podemos aspirar a más, pero siempre hay que valorar lo que se tiene en el momento, recomienda.

Solo le faltan los seminarios de la Escuela Judicial, para lo cual tiene que viajar a la capital, para recibir el título de abogado, una meta que se trazó para ayudar a quienes no tengan recursos para contratar a un abogado. Jorge camina hacia la cabina, en un par de segundos comienza su programa. ‘Bienvenidos a Facetas del Folclor, un programa cultural que destaca y mantiene nuestras tradiciones y costumbres en alto', anuncia, y deja que los tambores alegren el fin de semana de los veragüenses.