07 de Dic de 2021

Nacional

Panamá debe escuchar su voz indígena

Sonia Henríquez es la presidenta de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, que fue creada en 1993 y es parte del grupo consultivo de la sociedad civil del Banco Interamericano de Desarrollo

Sonia Henríquez se viste de mola como quien se viste para la batalla. Su lucha es cultural, dice. Y los colores que lleva son los de su pueblo, por cuya identidad ha hecho frente común con todas las mujeres indígenas de Panamá. Hasta siete pueblos se agrupan en la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas de Panamá (Conamuip), que ella preside desde 1993. ‘Somos la voz de la mujer indígena que vive río arriba, en las montañas, las que tienen que caminar seis y siete horas para salir a la carretera', sostiene esta mujer menuda, pero aguerrida, que habla por las bri-bri, las nasso, las ngäbe, las wounaan, las emberá, las buglé y las guna, pueblo del que hereda el espíritu vivo de Gantule y Ologintipipilele, neles de la revolución que se libró para defender el derecho a la vestimenta típica que luce con tanto orgullo. ‘Somos como las flores junto a los ríos que hacen fuerte las raíces de los árboles. Flores cuyos pétalos hacen fecunda la misma tierra', repite Henríquez recordando pensamientos de Olonadili, una referencia de identidad en la comarca que mejor ha sabido defender su legado cultural.

‘Vestir tradicionalmente es también un gesto de autodeterminación, de visibilización y de lucha' .

¿SE ORGANIZAN MEJOR LAS MUJERES QUE LOS HOMBRES?

Las mujeres indígenas están organizadas en sus propias comunidades, cada una con sus particularidades. En el pueblo guna, que es el mío, ha jugado un papel fundamental (la mujer) dentro de su pueblo, en las luchas por la participación y mantener el enfoque comunitario. Al pasar de los siglos nos han afectado los cambios y el reto grande es mantener la participación activa en la toma de decisiones, porque es la mujer la que tiene que velar por la familia en el entorno comunitario.

¿SON LAS MUJERES LAS QUE FAVORECEN O FRENAN LOS CAMBIOS?

La participación de la mujer es muy importante para el futuro y sostenibilidad de cualquier cambio en una comunidad, pero más en la indígena. Son las mujeres las garantes y protectoras de la identidad de la comunidad, de la lengua, el vestido, la historia, y tienen que ser incluidas para que cualquier proyecto de cambio sea exitoso, rechazando cualquier propuesta que atente contra la identidad. Cada programa de ayuda debe tomar en cuenta el desarrollo propio de las comunidades, no puede darse desde la imposición y debe considerar el desarrollo integral de las comunidades indígenas y su futuro saludable en el entender tradicional, para lo que, repito, es sumamente importante el rol de la mujer.

¿Y CUÁLES SON LAS CORTAPISAS FEMENINAS EN SU COMUNIDAD?

Ninguna, desde el respeto y el deseo de entender a la comunidad y su desarrollo integral propio; a la cosmovisión indígena, a nuestra manera de entender el mundo y nuestros indicadores de desarrollo. No es verdad que las comunidades indígenas no quieran el desarrollo, pero lo entendemos de una manera diferente. Para que pueda haber un cambio en las comunidades debe abordarse desde el conocimiento, el consentimiento y el respeto.

¿EL PROYECTO DE SANEAMIENTO RURAL EN EL QUE PARTICIPA PUEDE SER UN EJEMPLO?

Sí. Disapas promueve la construcción de acueductos, saneamientos y servicios básicos en las comarcas indígenas, trabajando directamente con las mujeres como agentes de cambio. Claro que necesitamos agua potable, pero que eso no signifique cambiar lo que no queremos cambiar. Se incorporan elementos del mundo occidental desde el consenso. El desarrollo debe darse preservando nuestra cultura en todo su contexto general. Y es factible el desarrollo integral de la comunidad con ayudas que no representen una agresión a nuestra identidad.

Y A QUIENES AFIRMAN QUE LOS INDICADORES DE LAS COMARCAS MARCAN A LA BAJA EL CRECIMIENTO DEL PAÍ S, ¿QUÉ LES DICE?

Hay una brecha que impide un desarrollo integral en todo el país, desde el respeto y la inclusión y se identifica a las comunidades indígenas como focos de pobreza o subdesarrollo, aunque hay zonas de difícil acceso con peores indicadores. El crecimiento del país es desigual. La pobreza según se mide por los organismos internacionales, e incluso desde organismos del gobierno, no se limita a las comarcas indígenas... también está en áreas periféricas de las zonas urbanas, a minutos de la ciudad, y refleja un problema que nos afecta a todos, que es la mala distribución de la riqueza.

¿ES ESTA UNA SEGREGACIÓN DISCRIMINATORIA?

El problema de las comunidades indígenas es el problema del país, no puede ser un problema aislado y debe abordarse de manera integral. Se invisibilizan los problemas de las comunidades indígenas y se desprecian las causas tradicionales por estar por encima de las costumbres occidentalizadas, pero yo digo que no se respeta lo que no se conoce. Debemos conocernos mejor para entendernos mejor. Panamá debe escuchar la voz de las comunidades indígenas, porque somos parte de la historia del país y parte importante del pueblo panameño. No queremos que se sustituya o se acabe con nuestro estilo de vida.

¿PROPONEN USTEDES SOLUCIONES?

Debe haber un equilibrio y que podamos disfrutar de nuestra identidad para el beneficio de las generaciones próximas. Somos parte de la rica diversidad cultural de Panamá. Si hemos vivido tantos años, siglos, con nuestras costumbres, y hemos sobrevivido, por qué no podemos mantenerlas. Tenemos muchas cosas que aprender del desarrollo occidental, pero también tenemos muchas cosas que enseñar. Los cambios deben ser voluntarios. Ese es el derecho que reclamamos.

¿CÓMO IMPULSAR EL DESARROLLO EN SUS COMUNIDADES?

No vamos a renunciar a ser dueños de nuestra propia historia. Es factible el desarrollo integral de la comunidad con ayudas que no representen una agresión a nuestra identidad. Estamos también atentos a fenómenos novedosos como el cambio climático y aceptamos las soluciones que puedan ofrecer desde afuera, pero incorporando información y esperando consentimiento.

¿HAY AVANCES HACIA LA IGUALDAD?

Como mujer y como indígena, siento una doble exclusión. También en las comarcas tenemos conciencia de nuestra vulnerabilidad y hay un trabajo pendiente de divulgación y conocimientos de derechos. No habrá país desarrollado si no hay también acceso igualitarios a las oportunidades de crecimiento. Vestir tradicionalmente es también un gesto de autodeterminación, de visibilización y de lucha.

¿CÓMO ES EL PANAMÁ MEJOR QUE USTED SE IMAGINA?

El Panamá que queremos debe ser inclusivo, orgulloso de su herencia indígena, sin discriminación por indígena o por mujer. Con respeto hacia la diferencia, porque es la diferencia lo que nos hace ricos. Eso se entiende muy bien en el extranjero. No tenemos la curiosidad por lo nuestro que yo he identificado en otros países, donde aprecian nuestras molas, nuestras danzas, nuestra lengua, nuestras tradiciones. Conociéndonos mejor, eso podría cambiar. Creo que es la semilla que tenemos que dejar bien plantada para el futuro o perderemos todos. Sería una tragedia. No podemos permitir que se nos vea como una especie en extinción esperando protección. La fuerza de los pueblos indígenas debe ser la fuerza de Panamá.

AGUA Y DESARROLLO EN LAS COMARCAS

Henríquez forma parte del equipo de enlace en las comarcas de la Dirección del Sub-sector de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario (Disapas). Detrás de tan largo nombre se oculta la importante organización de las comunidades rurales para que se conviertan en mecanismos de apoyo en la gestión y administración de los servicios de agua. Sin la participación de los usuarios beneficiados no puede garantizarse la sostenibilidad del sistema, explica, y es en ese aspecto que el papel de la mujer es fundamental. El programa, que cuenta con financiación internacional, promueve la participación de la comunidad en todo el ciclo del proyecto para que participen como garantes de su preservación en el futuro. El propósito es que la comunidad se involucre en el mantenimiento de sus acueductos, mejorando sus prácticas sanitarias y su calidad de vida. Sonia Henríquez promueve que sean las mujeres las que participen en las denominadas ‘juntas de agua' en las comunidades rurales e indígenas de la región de Panamá Este, la provincia de Darién y las comarcas Guna Yala, Ngäbe.

LÍDER COMUNITARIA

Su prioridad es la defensa de los derechos humanos de las mujeres indígenas

Nombre completo: Sonia Henríquez Ledad

Nacimiento: 6 de noviembre en Sasardi Muladub, Guna Yala

Ocupación: Presidenta de Conamuip

Creencias religiosas: Sigue la espiritualidad del pueblo kuna (Ibeorgun)

Familia: Es la tercera de cinco hermanas, tiene cuatro hijos, tres varones y una hija que sigue sus pasos en la organización de género.

Resumen de su carrera: Estudió enfermería, pero se formó en liderazgo comunitario, primero en sus comarca natal, con Abya Yala, y luego a nivel nacional. Representa or Panamá en distintos foros internacionales sobre los derechos de las mujeres indígenas.