Panamá,25º

06 de Dec de 2019

Nacional

Un Estado pedagógico contra el crimen

En una columna publicada en el 2000, Carlos Iván Zúñiga Guardia ‘El Patriota' se refiere a la educación como la respuesta ante la creciente ola de inseguridad en el país y la incidencia perjudicial del alcohol en el comportamiento del hombre

Son muchos los factores que determinan la vida delictiva. Desde la época del padre de la Escuela Positiva, Enrico Ferri, se sugirieron algunas causas sociales e individuales que dan nacimiento al delito. Antes, con otras palabras, otros teóricos pudieron haber dicho lo mismo. No se debe olvidar que, salvo excepciones, en la explicación de los hechos sociales y humanos, la originalidad consiste en tratar de hacer el círculo más redondo. Como decía Méndez Pereira, ya todo está listo. Lo postulado por Ferri tiene trascendencia universal, no solo es aplicable a Europa, también tiene vigencia en América, en toda colectividad humana.

Entre las causas sociales o exógenas del delito están los desajustes económicos, las crisis de la familia, la corrupción de la sociedad civil, la ausencia o quebrantamiento de la escala de valores, las deficiencias crónicas del aparato educativo (escuelas, programas, medios de comunicación, etc.), el comportamiento cínico del político profesional sin vocación de servicio, y muchas otras que encuentran su mejor caldo de cultivo en un tejido social infectado de toda clase de morbosidades.

Las causas individuales o endógenas de la acción delictiva yacen en el organismo de cada cual, en sus características psicosomáticas (del alma y del cuerpo), que determinan su conducta o comportamiento y que la medicina, la psiquiatría o la psicología intentan explicar. Estos dos factores, bien estudiados, dan cuenta de la existencia, disminución o aumento de las infracciones penales. Son verdades viejas y muy sabidas.

En la actualidad, el crecimiento de la violencia social es universal. Curiosamente en las sociedades ricas y en las sociedades pobres se registra el mismo fenómeno. En Estados Unidos, a pesar de su espectacular superávit, se escenifican hechos violentos, realmente increíbles, de todo género. En la América Latina ningún país ofrece una estadística de criminalidad más sana o menos crítica que la que ofrece Panamá. Todos confrontan el mismo drama y todos desean explotar el fenómeno en el campo electoral, endosando al gobierno de turno la responsabilidad de la causa que produce el resultado dañoso.

Lo sensato, empero, es buscar con el mejor afán las fórmulas adecuadas para enfrentar el descarrilamiento social. Existen fórmulas primitivas, talionescas y también existen alternativas racionales, científicas, previsoras y no exclusivamente punitivas. Las formulas primitivas, severas, consideran que la palabra tranquilidad, como he dicho antes, viene de tranca y que la tranca no debe diferenciar entre delincuentes adultos y delincuentes menores ni entre delincuentes primarios y reincidentes.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

En las fórmulas científicas, elaboradas principalmente en el mundo de la sociología y de la criminología, para conjurar toda lesión al ordenamiento jurídico, la sociedad en su conjunto y el Estado pedagógico como coordinador, deben acordar un plan previsor y transformador del comportamiento social e individual. Es un plan complejo de largo alcance que debe ser preparado por expertos y no por improvisados que surgen de la piñata burocrática estos planes deben ser más vigorosos, repito, en la línea de la previsión.

Tiene sentido expresar que en la medida en que se construye una barriada popular saludable, higiénica, con áreas completas, se hace remota la necesidad de construir un hospital en su entorno. Igualmente tiene sentido manifestar que en la medida en que se construye una escuela moderna, socialmente bien dotada, las cárceles no serán en el futuro el domicilio alterno de esos escolares. Las escuelas que construía en el Brasil el Gobernador Brizola, particularmente en los sectores más olvidados, marginados, pobres, contaban con excelentes comedores, con confortables baños y con una asistencia médica que ahondaba en la medicina preventiva. Los estudiantes al llegar a su colegio, primeramente se bañaban, luego desayunaban y con tal equilibrio óptimo en su organismo, entraban al aula. De inmediato surge una pregunta: ¿Cuánto cuesta semejante política educativa? Menos, mucho menos, que lo que se invierte en esos apoyos logísticos para la reelección que reciben el nombre de partidas circuitales.

En mi experiencia como abogado penalista, tengo registrado el hecho de que un altísimo porcentaje de homicidios, de otros delitos de sangre y los que atentan contra el honor sexual, sus autores los ejecutan bajo los efectos del alcohol. El alcohol es o puede ser hilo conductor de toda acción delictiva. A pesar de ello, el Estado y todas las líneas educativas, públicas o privadas, no tienen una política vehemente, ni siquiera tibia, divulgadora de los efectos nocivos del alcohol. Como beneficiario de los impuestos derivados de esa industria, el Estado con su omisión estimula el consumo y se hace cómplice de todas las consecuencias negativas en la conducta humana.

Ferri, el gran penalista italiano, hablaba de las actividades sustitutas distintas a las que responden a una iniciativa personal rutinaria, destinadas a entretener y educar a los pueblos. Las competencias deportivas o las temporadas artísticas podrían ser típicas actividades sustitutas. Pero deben estar sabiamente dirigidas. Ello evitaría que después de cada competencia, el dios Baco impere gloriosamente entre jugadores y fanáticos, y luego bajo los efectos del licor se colocan los más increíbles goles o los cuadrangulares más repulsivos en perjuicio del Código Penal o de la sociedad.

Urge un diálogo nacional para enfrentar la creciente delincuencia y la inseguridad social. Podría ser un punto prioritario en el diálogo que podría propiciar la Iglesia dirigida por Monseñor Cedeño. Y sobre todo, en estos momentos en que el crimen se profesionaliza y la sociedad como que pierde incluso el respeto al dolor ajeno. Con motivo del asesinato del abogado Roque Pérez, han surgido signos alarmantes de una descomposición social integral. Un desconocido, burlando un cuerpo de seguridad que rondaba en la escena del crimen, asesina físicamente a Roque Pérez. Y de inmediato el malogrado abogado es asesinado moralmente por algunos medios de comunicación, al incorporar en el relato del hecho algunas especulaciones que afectan la reputación de la víctima y el dolor de los suyos. ¿Dónde están los cuerpos de seguridad para evitar los asesinatos morales?

Es evidente que la criminalidad y el espanto social crecen en el mundo. Si se trata de buscar responsables, en la misma sociedad, como sociedad, los encontraremos. El pésimo diseño moral del conglomerado, los intereses creados como pegamento del sistema económico, el imperio de la cultura del vicio, podrían ser factores exógenos actuales del crimen. La solución es transformar la sociedad, utilizando todos los elementos transformadores con un Estado pedagógico a la cabeza. Hacer del país un gran surco y sembrar para el presente todo lo que se pueda, pero para el futuro sembrar la semilla concebida por Bolívar: moral y luces para que germine un hombre nuevo. El trastocamiento económico es factor social del crimen, pero toda solución debe tener en la educación, desde la cuna, el lazarillo salvador o la rehabilitación del hombre como célula fundamental de la sociedad.

‘Los estudiantes al llegar a su colegio, primeramente se bañaban, luego desayunaban y con tal equilibrio óptimo en su organismo, entraban al aula. De inmediato surge una pregunta: ¿Cuánto cuesta semejante política educativa? Menos, mucho menos que lo que se invierte en esos apoyos logísticos para la reelección que reciben el nombre de partidas circuitales'.