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20 de Apr de 2021

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Sobre el concepto de situacionalidad

En la actualidad pueden distinguirse dos sentidos para el concepto de situacionalidad, un sentido débil y uno fuerte. De estos dos, el segundo, presente en las perspectivas marxistas y feministas, presenta una serie de problemas epistemológicos a considerar

Sobre el concepto de situacionalidad
Sobre el concepto de situacionalidad

El concepto de situacionalidad ha adquirido trascendencia en las últimas décadas extendiéndose su uso como recurso retórico y teórico en ámbitos del saber tan diversos como los estudios literarios y de traducción, análisis de discursos, la ética y epistemología o las ciencias cognitivas, por mencionar algunos. Dicho término, de manera general, hace referencia a la dependencia que ciertos fenómenos cognitivos —lenguaje, significado, pensamiento, aprendizaje, conocimiento, comunicación, entre otros— guardan con la circunstancias (situación) en la que tienen lugar.

Así, la noción de situación, aunque con un nombre diferente, aparece ya contemplada en el libro de las Categorías de Aristóteles. Para ser más específicos Aristóteles hace referencia a la idea de posición o estar en una posición (keísthai) como aquello que se puede predicar de los seres, es decir, usando los ejemplos que ofrece Aristóteles se puede predicar de una persona que yace o está sentado; ello hace referencia a su posición (Aristóteles 1982, 33 – 34) Es importante advertir que nuestra idea actual de situacionalidad es un concepto un tanto más amplio que podría incluir otras categorías aristotélicas como lugar o dónde (póu), tiempo o cuándo (poté), entre otras. No obstante, tales categorías son el antecedente más remoto de la noción en cuestión.

De manera semejante, aunque mucho tiempo después y con una orientación diferente, la noción de situacionalidad la podemos encontrar en los planteamientos de Karl Marx cuando nos dice que la esencia humana se halla determinada principalmente por el lugar que los seres humanos ocupan en el proceso de producción, esto es, sus relaciones sociales.

De manera semejante, aunque mucho tiempo después y con una orientación diferente, la noción de situacionalidad la podemos encontrar en los planteamientos de Karl Marx cuando nos dice que la esencia humana se halla determinada principalmente por el lugar que los seres humanos ocupan en el proceso de producción, esto es, sus relaciones sociales (Cf. Marx 1969). Por ello, nos dirá Marx, que ‘También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y ligado a condiciones materiales.'(Marx 1974) En otras palabras, los fenómenos cognitivos como el pensamiento o el lenguaje, la manera de los seres humanos de representarse el mundo y entenderse a sí mismos se hallan condicionados por la situación (condiciones materiales) en la que se desenvuelven. Es importante señalar que esto implica una sujeción total de los seres humanos a las circunstancias en las que se encuentran, lo que supone una concepción radicalmente determinista de la situacionalidad.

En el mismo orden de ideas, aunque desde una perspectiva menos radical, el filósofo español José Ortega y Gasset usó la noción de situacionalidad que quedó inmortalizada en su famosa frase ‘Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.' (Ortega y Gasset 1914, 43-44) Ortega apunta aquí a la unidad entre el hombre y su entorno, entre los que existe una relación de doble ‘amoldamiento'. Aunque es inseparable el hombre de su circunstancia, la situacionalidad aquí tiene un sentido menos radical que en Marx. Ello se muestra en el uso del pronombre ‘yo', lo que denota que estar en una cierta circunstancia sólo nos proporciona una cierta perspectiva personal. En ese sentido, consecuente con su perspectivismo, Ortega reconocerá no sólo la inmediatez de nuestras circunstancias, además lo que tienen de experiencia individual. (Ortega y Gasset 1914, 39-40).

El concepto de situacionalidad ha adquirido importancia técnica para la filosofía gracias al aporte de la filosofía existencialista. (Jaspers, Sartre). ‘Situacionalidad', según algunos existencialistas, apunta a la relación entre los humanos y el mundo. Una situación dada restringe, predetermina las acciones y elecciones humanas y, al mismo tiempo, las hace posibles. Lo anterior se puede entender mejor si consideramos el concepto de ‘coeficiente de adversidad' propuesto por Jean-Paul Sartre. Sartre introduce dicha expresión en relación con su argumento en favor de nuestra libertad, esto es, libertad situada. El coeficiente de adversidad es el peso o las restricciones que algunas circunstancias posan sobre los proyectos de los individuos, es decir, es la tensión existente entre nuestras circunstancias o situaciones —por lo general difíciles— y nuestras aspiraciones. Según Sartre, sentir el peso de las circunstancias es una señal de que estamos resistiendo o intentando trascender una determinada situación difícil, lo cual, a su vez, es un signo de nuestra irremediable libertad. (Sartre 1976, 481-554)

la idea de situacionalidad ha ganado un rol central dentro de las ciencias cognitivas. En particular, nos referimos a la tendencia dentro de las ciencias cognitivas que atribuye un rol importante a las situaciones o contextos para explicar los procesos cognitivos, lo que a su vez ofrece una imagen diferente de los procesos mentales, alejándose del dualismo cartesiano.

Igualmente, el concepto ha tomado reciente importancia en el ámbito de la epistemología feminista. Tal es el caso de Donna Haraway quien ha acuñado el concepto de ‘conocimientos situados' (situated knowledges). Así, Haraway nos dice que si mantenemos viva la metáfora ‘conocer es ver', ello podría llevarnos a reconocer que la visión (ver) y, en ese mismo sentido, el conocimiento está mediado por la situación o posición en la que uno se encuentra, es decir, el conocimiento es siempre una visión desde una perspectiva o situación en particular. En ese sentido, ‘situacionalidad' adquiere un sentido perspectivista, un tanto en la línea de Ortega. (Haraway 1988)1.

De igual modo, la idea de situacionalidad ha ganado un rol central dentro de las ciencias cognitivas. En particular, nos referimos a la tendencia dentro de las ciencias cognitivas que atribuye un rol importante a las situaciones o contextos para explicar los procesos cognitivos, lo que a su vez ofrece una imagen diferente de los procesos mentales, alejándose del dualismo cartesiano. Un ejemplo de la tendencia anterior es la llamada ‘situated semantics' que puede considerarse como intento de colocar los contextos situacionales en el centro de la discusión sobre la producción de significado como proceso cognitivo, es decir, lo que se intenta explorar es cómo las características del hablante y el contexto en que se profiere una proposición afecta no sólo su significado, sino también su gramática. (Akman 2009, 401-402)2.

Lo dicho hasta aquí nos permite distinguir al menos dos sentidos en el que se ha usado ‘situacionalidad'. El primero, un sentido que podríamos llamar débil o perspectivista, en dicho sentido, estar en una situación determinada nos afecta en la medida en que nos proporciona una cierta perspectiva, es decir, siempre suponiendo unos valores subyacentes que responden a la experiencia individual de aquel que mira y juzga. Ello, como puede verse, contrasta con el uso de S. en sentido fuerte. Según dicha acepción, nuestra situación se presenta como algo a lo que no podemos escapar, al punto de gobernar no sólo la forma en cómo vemos el mundo, sino también nos incita a actuar de manera determinada, condicionando nuestra naturaleza.

Tratados de lógica I (Órganon). Madrid, España: Editorial Gredos.

Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective. Feminist Studies, Vol. 14, No. 3. 575-599.

Tesis sobre Feuerbach. En Obras escogidas. Moscú: Editorial Progreso.

La ideología alemana. En Marx & Engels, Obras Escogidas en tres tomos. Moscú: Editorial Progreso.

Meditaciones del Quijote. Madrid, España: Publicaciones de la residencia de estudiantes, serie II, Vol. I.

The Cambridge handbook of situated cognition. Cambridge, M.A.: Cambridge University Press.

Being and Nothingness. New York: Philosophical library.

Desde nuestra perspectiva, las consecuencias que emergen de sostener el concepto de situacionalidad en su sentido débil son bastante triviales, pues ello simplemente equivale a defender la obviedad de que siempre nos encontramos en una situación y que ella nos brinda siempre perspectivas parciales. Por el contrario, sostener dicho concepto en su sentido fuerte genera algunos problemas epistemológicos a considerar y por ello, quisiéramos enfocarnos en las consecuencias usar el término situacionalidad desde perspectivas ideológicas como la feminista y desde la perspectiva de Marx.

Este último, aunque sostiene que la naturaleza de los seres humanos está determinada irremediablemente por sus circunstancias, no es menos cierto que su filosofía se presenta como herramienta que le permita a algunos individuos (los oprimidos) cambiar su circunstancias, es decir, plantea la posibilidad de una filosofía que trascienda las circunstancias, que en principio ha estimado ineludiblemente determinante, es decir, asume la idea de que existen algunas ideas (las teorías de los oprimidos) que pueden escapar al efecto de las situaciones. Esto parece arrojar la misma idea de situacionalidad por la ventana o, lo que es epistemológicamente cuestionable, usar convenientemente una terminología ambigua.

Por otro lado, existen algunos problemas con la perspectiva de Haraway, quizás el más evidente es que aunque sostiene cierto tipo de perspectivismo, nos habla igualmente que hay unas perspectivas preferibles a otras ( preferred positioning ), específicamente la perspectiva de los oprimidos. (Haraway 1988, 584) Sin embargo, no existen razones que puedan aducirse en favor de la superioridad moral o epistemológica de una perspectiva sobre otra y que, en ese sentido, sea preferible. Ciertamente, lo único que podemos afirmar sobre las situaciones es que habitamos inescrutablemente en ellas.