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23 de Sep de 2019

Nacional

La pobreza infantil, un atentado contra la vida

Kyungsun Kim, representante de Unicef en Panamá, explicó que este flagelo social compromete el futuro de los infantes y atenta contra sus posibilidades de crecer y desarrollarse de forma integral y productiva

La pobreza infantil, un atentado contra la vida

‘El 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzos que hagan', sentenció Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía.

La tendencia demuestra que los panameños que vienen al mundo en áreas que no cuentan con recursos y servicios básicos tienen pocas oportunidades de superación social, económica y cultural.

En plena capital, con la bahía de Panamá, como referencia, se enfrentan dos universos dispares de una misma realidad. En un extremo, se yerguen imponentes rascacielos, símbolo del poderío y crecimiento económico de la última década. Al otro, prevalecen las viejas casas de madera rodeadas de basura, donde las aguas negras fluyen de los baños hasta los patios, en los que los niños corretean resignados a la pobreza que los rodea. En Panamá, uno de cada tres niños es pobre.

Son las dos caras de un país que apunta hacia el primer mundo, por sus índices de crecimiento, pero que no logra superar las profundas desigualdades sociales entre sus habitantes.

Esta desigualdad es más notable en las comarcas Guna Yala, Ngäbe Buglé y Emberá, donde la mayoría de los niños entre 0 y 17 años están privados de cinco, seis y hasta siete de diez aspectos claves de la vida de un niño para crecer y desarrollarse adecuadamente.

Las cifras extraídas del Índice de Pobreza Multidimensional de Niños, Niñas y Adolescentes de Panamá 2018 (IPM-NNA), elaborado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Instituto de Estadísticas y Censos Nacionales (INEC) y Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) establecen las carencias a las que está expuesto este grupo de la población panameña.

Este registro mide diez indicadores o derechos básicos (alimentación variada, prevención de riesgos de salud, disponibilidad de fuentes de agua mejorada, saneamiento, hacinamiento, viviendas precarias, cuidados, actividades infantiles y recreación, protección de la infancia, acceso a Internet, educación y formación temprana) para determinar la intensidad e incidencia de la pobreza infantil en Panamá.

Los números hablan: 453,837 niños, niñas y adolescentes, una población comparada a la de la provincia chiricana, con una superficie de 6,548 kilómetros cuadrados, son pobres. Esta cifra representa a un 32.8% de los niños, niñas y adolescentes que experimentan carencias básicas para alcanzar el bienestar humano.

De acuerdo con las estadísticas, la incidencia de pobreza alcanza al 99.3%, 95.4 % y 81% de los niños, niñas y adolescentes de las comarcas Guna Yala, Ngäbe-Buglé y Emberá-Wounaan .

El mayor número de niños pobres está radicado en la comarca Ngäbe-Buglé. Las cifras indican que uno de cada cuatro infantes de esta comarca indígena, es decir, el 25% (112,857) es pobre.

La segunda región del país que acumula mayor cantidad de niños, niñas y adolescentes en condición de pobreza es Panamá. Un 20.4% (92,534) de la población infantil es pobre, de los cuales un 23% (21,248) es indígena.

En una tercera posición, con un 10.8% (49,182) está Panamá Oeste. Las tres regiones del país acumulan el 56% de todos los niños, niñas y adolescentes pobres.

Los pequeños son más vulnerables a la pobreza porque no tienen herramientas para combatirla porque dependen de sus padres para erradicarla. Además, se convierten en eslabones de una cadena de pobreza que se transmite de generación en generación, que no solo limita su presente sino que compromete seriamente la posibilidad de cambios sociales futuros.

Las consecuencias pueden ser irreversibles, considerando que la mala nutrición y la falta de cuidados básicos de la salud en la primera infancia puede llegar a causar la muerte y trastornos en el desarrollo cognitivo.

La pobreza en la que viven los niños, niñas y adolescentes es un atentado diario contra sus posibilidades de crecer sanamente y desarrollarse de forma integral como personas productivas y autónomas. En el largo plazo, la pobreza representa una acumulación de problemas sociales, explicó la representante de Unicef en Panamá.

‘Las personas adultas que no tienen las capacidades para desarrollar una vida productiva actualmente estuvieron en su niñez privados del derecho a aprender; muchas de las personas adultas que manifiestan comportamientos violentos y antisociales, es probable que fuesen niños víctimas de violencia doméstica o en su comunidad, y crecieron ausentes de una protección eficaz', agregó la representante de la organización.

‘La pobreza es, en sí misma, un problema de derechos humanos y es a la vez causa y consecuencia de violaciones de estos', remarca Kim.

La incidencia de pobreza en las zonas indígenas es 3.3 veces superior a la de las provincias, una evidente muestra de la existente y conocida disparidad social.

Nueve de cada diez niños, niñas y adolescentes de la comarca Guna Yala y el 53.6% de los de la comarca Ngäbe Buglé están privados de agua y saneamiento básico. Mientras que un 66.8% de los que habitan en la comarca Emberá están carentes de fuentes de aguas mejoradas. Un 41.1% de la comarca a Ngäbe Buglé se encuentra privado de este mismo servicio.

La alimentación de los indígenas tampoco está garantizada. De acuerdo al índice del IPM, el 62.6%, el 59.3% y 49% de los niños, niñas y adolescentes de las mencionadas comarcas están privados de una alimentación variada. Este grupo poblacional también presenta serios problemas de viviendas. En las comarcas Ngäbe Buglé y Guna Yala, el 81.3% y 77.3%, respectivamente, reside en viviendas precarias.

‘La pobreza en los niños, niñas y adolescentes indígenas es mucho más difícil de erradicar porque están expuestos a muchas más carencias y tienen menos acceso a servicios públicos que los del resto del país', explicó el economista Juan Jované.

De no mejorar la calidad de vida y el entorno al que están sujetos los indígenas, el desarrollo cognitivo, motor y social de este grupo, se verá afectado de manera negativa, coincide Michelle Muschett, ministra de Desarrollo Social.

Muschett coincide con Kim: ‘(La pobreza) resultaría un impedimento a lo largo del ciclo de vida, viéndose afectada la capacidad de desarrollar su pleno potencial y volverse un miembro productivo de la sociedad'.