27 de Sep de 2021

Nacional

Hacia una historia general de Panamá

La obra profundizará, sin duda, el conocimiento que se tiene de la colonia. ‘En 1637 -dice Castillero Calvo- la ciudad contaba con 12 poetas. Y se tienen noticias de varios tratados de jurisprudencia que se escribieron aquí; muchos funcionarios y vecinos tenían surtidas bibliotecas, las casas se adornaban con decenas de pinturas y había vecinos con más de 50 cuadros. Y no faltaban instrumentos musicales, como virginales, órganos, arpas, guitarras, laúdes y violines'

En casi todos los países sus historiadores, principalmente, han entregado para la posteridad voluminosos tratados sobre la historia de sus respectivas naciones. Generalmente son obras objetivas, abarcadoras, completas. En la mayoría de los casos sus páginas son el fruto del pensamiento y de la investigación de un solo autor. Eso no quiere decir que no hay historias escritas por un conjunto de versados en la materia. En mi preferencia se encuentran las que responden al talento de un solo personaje. Sobre todo, porque entiendo que todo juicio histórico debe descansar en la filosofía, formación, y perspectivas de su dueño. La unidad de pensamiento como que ofrece mayor lucidez y coherencia, virtudes que se reflejan en el texto.

En lo personal he resentido la ausencia de una historia general de Panamá. Una obra ciclópea, como la de Encinas, Arboleda o Basadre y tantas que abundan en la bibliografía de América. Al morir Carlos Manuel Gasteazoro sentí un gran pesar porque, entre otros motivos, siempre pensé que él escribiría esa historia general. Sus monografías y ensayos tan cuajados de erudición eran obsequios precursores de una obra gigante. En el prólogo que hizo a la última edición del Compendio de Arce y Sosa, puso de manifiesto sus extraordinarios conocimientos de las fuentes de la historia de Panamá y los dejó como atisbo indiciario de la gran historia que pudo escribir. Idéntica desazón me produjo el fallecimiento del Dr. Ricardo J. Alfaro, sin haber escrito la historia general de la diplomacia panameña. En la segunda república que se inició el 3 de noviembre de 1903, ningún panameño tuvo un protagonismo más relevante en la diplomacia que Ricardo J. Alfaro. De su pluma salieron, igualmente, ensayos y monografías que confirmaban la luminosidad de su pensamiento y lo prolífico de su obra. Pero en el tintero de su quehacer intelectual quedó no nato su historia de la diplomacia. La documentación que dejó en sus archivos es tan extraordinaria, que la existencia de tales documentos invita a pensar que el estadista estaba preparando su obra fundamental.

A Justo Arosemena no le ocurrió igual en el campo de su especialización. Tuvo la oportunidad de publicar, algunos lustros antes de su muerte, sus Estudios constitucionales, obra de dos tomos que motivó el aplauso justiciero y que hoy libra de todo juicio crítico el alcance insuperable de su obra.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

En los últimos años, en Panamá, una nueva generación de historiadores y de intelectuales de otras ramas, con instrucción universitaria o con vocación para interpretar los hechos del pasado, ha venido desarrollando una tarea pedagógica enorme en el campo de la historia. Lo extraordinario del nuevo empuje generacional es que no ha habido reproche significativo a la obra zapadora de los historiadores de antaño. Si acaso ha habido colisión alguna es apenas natural que así haya sido, dados los nuevos métodos científicos de investigación puestos en escena. Lo importante es que las nuevas generaciones han enriquecido magistralmente la historiografía nacional y hoy se cuenta, para el contentamiento de estudiosos, con excelentes monografías que han incursionado en campos inexplorados.

En razón de todo lo que viene expuesto, me ha causado especial complacencia el anuncio formulado por el historiador Alfredo Castillero Calvo, acerca de que pronto el país contará con una historia general de Panamá, obra escrita por un número plural de historiadores, enmarcada en tres tomos.

No deseo anticipar el carácter o contenido final de la obra porque lo desconozco, pero el pensamiento de Alfredo Castillero Calvo expuesto recientemente en Panamá la Vieja da un pantallazo en torno al alto relieve, por el fondo y la forma, de la obra en preparación. Sobre el particular, Castillero Calvo ha dicho que ‘la mayoría de los panameños comparte una visión de la historia dominada por lugares comunes, falsificaciones, ambigüedades, omisiones y mitos. A esa visión subyace una concepción de la historia profundamente tradicionalista, conservadora y hasta cierto punto estática. Tradicionalista porque prefiere la anécdota al análisis y confunde historia con meras cronologías. Conservadora, porque rehúye los posibles enfoques revisionistas que cuestionen los supuestos de una alegada identidad nacional en la que no hay sombras ni dudas. Estática, porque pareciera que el pasado se nos da como un hecho acabado, que no puede descubrirnos nada nuevo'.

La obra profundizará, sin duda, el conocimiento que se tiene de la colonia. ‘En 1637 -dice Castillero Calvo- la ciudad contaba con 12 poetas. Y se tienen noticias de varios tratados de jurisprudencia que se escribieron aquí; muchos funcionarios y vecinos tenían surtidas bibliotecas, las casas se adornaban con decenas de pinturas y había vecinos con más de 50 cuadros. Y no faltaban instrumentos musicales, como virginales, órganos, arpas, guitarras, laúdes y violines'.

El Panamá independentista -1821- 2003- tan rico en sucesos, personajes, instrumentos jurídicos que revelan una mentalidad autonomista, será examinado seguramente con el convencimiento de que en esa época se encuentra, como enseña, la más pulida piedra miliar de nuestra identidad nacional.

Profundizar estos datos transcritos y otros de distinto calado social, explicando el qué, el cuándo y el dónde, es misión indeclinable del historiador.

Si la historia general, o como se denomine, se enmarca en los parámetros expuestos por Castillero Calvo, qué duda cabe que el país recibirá alborozado la gran biografía de su atormentada y digna existencia.-