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22 de Nov de 2019

Nacional

Voces de la historia: aspiraciones y promesas presidenciales desde 1904 hasta 2019

Este 30 de octubre será presentado el libro 'Voces de la Historia', primera compilación de los discursos inaugurales de todos los presidentes de la historia republicana, desde Amador Guerrero hasta 'Nito' Cortizo

Voces de la historia: aspiraciones y promesas presidenciales desde 1904 hasta 2019

Ha llegado a mis manos, como una cortesía de su autor, el ingeniero Juan Cardona Conte, Voces de la historia, una cuasi enciclopedia presidencial panameña cuyo aporte medular son los discursos inaugurales de los jefes de gobierno desde 1903 hasta 2019.

Es sorprendente que hasta ahora nadie se hubiera tomado la tarea de reunir en un solo tomo estos documentos. El resultado es un libro fascinante, que revela el alma de nuestra nación a través del prisma de los mandatarios, su filosofía, personalidad, estilo y concepción de las circunstancias históricas.

Además de los discursos, el autor ofrece una descripción del ambiente que rodeó cada uno de los eventos de toma de posesión –el escenario, invitados nacionales y extranjeros— y casi una docena de anexos, que incluyen un listado numérico y definitivo de cada presidente constitucional (Laurentino Cortizo es el número 51).

De particular interés resulta otro listado de mandatarios (algunos de facto) separados por periodo constitucional –que muestra la frecuente irrupción de los gobiernos por efecto de golpes, fallecimientos, renuncias o licencias—. La lista permite comprobar que desde 1903 se han sucedido 27 periodos constitucionales con un largo promedio de cuatro años, en los cuales han tomado el mando formal 68 jefes de gobierno.

El libro también incluye el Acta de Independencia, leyes y el discurso de Omar Torrijos durante el evento de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, en la sede de la OEA en Washington, en 1977.

La impresión es magnífica, con tapa dura, un prólogo del expresidente Aristides Royo (1978-1982), y plumillas de cada mandatario, de la mano del artista Armando Díaz, mejor conocido como Ologwagdi. La edición de los textos es de la profesora Ileana Gólcher.

En conjunto, la lectura cronológica de los discursos va mostrando las constantes de la historia panameña: la eterna falta de recursos, los grandes retos en materia de educación, la pobreza, el retraso del agro, las difíciles relaciones con Estados Unidos.

También quedan en evidencia los avances alcanzados desde el periodo de Manuel Amador Guerrero, cuando los panameños asumían por primera vez el control sobre su destino y todo estaba por hacer –caminos, escuelas, el mismo Canal, y el asentamiento del concepto de nación—, y hasta la toma de posesión de “Nito” Cortizo, que se compromete a controlar la corrupción, nivelar el disfrute de la riquezas entre la población y reactivar el crecimiento económico.

Endara

“Vivíamos en una sociedad en tensión. Reinaba la ansiedad y la angustia en la población porque no controlábamos nuestro destino, porque no sabíamos hacia dónde íbamos, porque ignorábamos lo que sería de nuestras familias y del futuro de nuestros hijos. Nadie hablaba de otra cosa más que de cómo nos íbamos empobreciendo material y anímicamente, a medida que transcurría el tiempo y muchos pensaba en labrar su futuro en otras tierras”.

Así empieza su disertación el presidente Guillermo Endara en el acto de instalación de la Asamblea Legislativa, el 1 de marzo de 1990, en lo que resulta una pieza emocionante, que describe las condiciones en que se encontraba el país después de la invasión que terminó con el periodo de gobierno militar entre 1968 y 1989. Era su primer discurso ante el Órgano Legislativo. En esta sesión, el doctor Carlos Arellano Lennox fue elegido presidente de la Asamblea.

“Seremos una nación libre cuando cada panameño tenga igual oportunidad de desarrollarse integralmente como ser humano… cuando respiremos optimismo, seguridad en nosotros mismos, tolerancia y orgullo por nuestros valores culturales, morales, cívicos y religiosos. Esa es la aspiración del pueblo que nos eligió y ese es el objetivo de mi gobierno”, termina el discurso de Endara.

Otros

“Las olas de nuestra prosperidad han venido y se han ido, como las olas de los mares de nuestros dos grandes océanos…. No dependamos más de los nuevos oleajes de prosperidad de que hemos tenido anteriormente ejemplos, seguidos de la decadencia y escasez. Dependamos de nosotros mismos y de nuestros propios empeños. Después de nuestra fe en Dios, tengamos fe en el trabajo”. (Belisario Porras, 1918).

“Esmeradísima atención consagraré a la opinión pública, convencido como estoy de que mientras no dediquemos nuestros esfuerzos a la propagación de la enseñanza sobre bases científicas y sistemas modernos, la idea republicana seguirá llevando entre nosotros vida anémica”. (Dr. Manuel Amador Guerrero, 1904)

“Los hombres no nacen iguales ni existen dos personas idénticas… la igualdad o la superioridad nadie se la da a nadie; ellas se ganan a base de esfuerzos, de estudio y de preparación… es un deber de todo ciudadano hacerse fuerte, practicar sanas costumbres y desarrollar las aptitudes heredadas para asegurar el bienestar para sí y para los demás”. (Arnulfo Arias, 1940)

“El Estado no puede cruzarse de brazos ante la explotación y extorsión de determinadas clases sociales” (Arnulfo Arias, 1940)

“La democracia no se impone por decreto. Alcanzarla requiere una actitud permanente y una práctica diaria, personal y colectiva. Ella implica respetar la opinión de todos los ciudadanos y garantizar la existencia de todos los partidos y de todas las corrientes de pensamiento. Democracia es una vivencia cotidiana donde la moral y la política se deben conciliar para que no predominen la arbitrariedad, la inmoralidad o el cinismo. Es el respeto a la ley y su cumplimiento sin fueros ni privilegios. Es la realización plena de un Estado de Derecho. Democracia es ante todo educar y educarse para crear una sociedad con la base moral, la capacidad y la solidaridad humana que la conduzca hacia su progreso en libertad y autonomía”. (Doctor Nicolás Ardito Barletta, 1985).

El autor

Pocos imaginarían que detrás de este exhaustivo trabajo de compilación e investigación histórica se encuentra un ingeniero de profesión.

Juan Cardona, graduado sigma lambda en la Universidad Tecnológica de Panamá, trabaja de lunes a viernes como ejecutivo en una empresa de servicios marítimos, pero los fines de semana da rienda a su afición por la historia, una pasión inculcada por su abuelo, Leonardo Conte, quien solía contarle innumerables anécdotas de su niñez y juventud en la naciente República de Panamá.

“Mi abuelo me hablaba mucho de las penurias de la época de la Depresión. Para él, que era miembro de Acción Comunal, fue muy impactante el derrocamiento del presidente Harmodio Arosemena (1928-1931) del cual no quiso participar”.

Hace un par de años, reflexionando sobre la figura de Florencio Harmodio, Cardona sintió la necesidad de entender mejor las razones por las que algunos consideraron que debía ser derrocado.

“Quise leer el discurso de toma de posesión, pero no lo encontré. Lo busqué en Google; recorrí las bibliotecas públicas; pregunté en la Presidencia, en la Asamblea, pero no pude localizar el discurso. Es más, apenas ubiqué dos o tres de los otros de otros presidentes”, señala Cardona.

¿Dónde estaban los discursos? Se le ocurrió que podían haber sido publicados en los periódicos al día siguiente de la toma de posesión. ¡Eureka! Allí estaban, distribuidos entre las páginas polvorientas, a veces rotas y difíciles de leer. Algunos párrafos aparecían en primera plana, con un pase a las páginas interiores. La versión de un diario debía verificarse con la de otro.

Tras transcribir a mano el discurso de Florencio Harmodio Arosemena, palabra por palabra, quedó picado. A partir de entonces, la Biblioteca Nacional Alfredo Castillero y la Roberto F. Chiari, de la Autoridad del Canal, se convirtieron en su lugar de trabajo cada sábado durante más de un año.

“Cuando me di cuenta, tenía el material para un libro sobre la memoria histórica de los presidentes”, recuerda.

¿Qué lecciones saca de la lectura conjunta de los discursos?, preguntamos al autor, a lo que responde:

—“No soy historiador ni político, pero como ciudadano puedo intuir que gran parte de los problemas que hemos tenido a lo largo de la historia provienen de la falta de institucionalidad. Atacamos a nuestros presidentes sin piedad cuando nosotros mismos no respetamos ni promovemos la ley ni las reglas del juego. Hay que ser muy hábil para superar esos escollos. El presidente debe decidir todos los días si sale a pelear y desgastarse, o se queda cómodo y hace lo que puede”.

“La lección más grande que aprendí es la necesidad de que los ciudadanos apoyemos y luchemos por la institucionalidad”.