Temas Especiales

13 de Jul de 2020

Nacional

La naturaleza, agravios y desquites

La naturaleza ha tomado el camino de la violencia, del sacudimiento, del desquiciamiento global. Es su hoja de ruta. Para algunos es reacción. Más que ofensa es desquite.

La humanidad vive momentos terribles; de algunos el hombre es protagonista, de otros es espectador. Son momentos creados por la naturaleza o ejecutados sin piedad por los seres humanos.

La naturaleza, agravios y desquites

La naturaleza ha tomado el camino de la violencia, del sacudimiento, del desquiciamiento global. Es su hoja de ruta. Para algunos es reacción. Más que ofensa es desquite. Los agravios inferidos por los depredadores vienen provocando respuestas. El calentamiento del globo –tierra y aguas– como fruto de la imprevisión y hasta del dolo humano torna más frecuentes y devastadores los huracanes. Y como para que la humanidad sienta vergüenza de su propio egoísmo, la naturaleza se ensaña con los pueblos pobres, abandonados, que habitan miserablemente en las orillas de los ríos sublevados o en el camino de las tempestades.

Esos golpes de agua y de vientos denuncian el lado oscuro del “sueño americano” y de todos los sueños, y quedan al desnudo la pobreza, el contraste y la injusticia como símbolos de la miseria moral de nuestros tiempos. El hombre como espectador no puede creer, por ejemplo, lo que reveló el trasfondo de Nueva Orleans. En la conquista del espacio suman miles de millones de dólares invertidos y en la conquista del petróleo se desvaloriza la vida, millares de vidas, y nadie ataja el despilfarro "lunático" y bélico. Mientras tanto, por las calles de Nueva Orleans sobre las aguas desorbitadas flota derrotado el espíritu de una nación. Pienso que los días finales de Sodoma y Gomorra fueron tan tristes y bochornosos como las horas de angustia de Nueva Orleans. Era la angustia no solo del dolor íntimo de un pueblo, sino de un sistema que ya no podrá ocultar su hipocresía. Un sistema de apariencias, de fachada, al estilo de los sepulcros blanqueados.

La protesta de la naturaleza es universal. Los presagios son de pesadilla. El Ártico se deshiela y lentamente se agitan los fuelles del calentamiento (¿Afecta el deshielo del Ártico el ensanchamiento del Canal? ¿Los panamax preferirán la ruta ártica?). La tierra se acerca más a las hogueras del averno y nada se hace en firme para evitarlo. Es más, se rechaza abiertamente toda política previsora, como el pacto de Kyoto.

La misma condición humana trueca su salud por el placer, y engendra el sida. Es tanto el azote de la especie que la depresión, como enfermedad del sistema nervioso, superará los males cardiovasculares. Los entendidos presumen que antes de 15 años el hecho será un dato estadístico.

“Existe la microconvulsión que nace y se desarrolla en los patios 
interiores de todas las sociedades del mundo. Me refiero a la 
delincuencia que galopa airosamente”.

Es que el ser humano como protagonista en la competencia por concebir el mal adquiere trofeos por acciones conocidas, pero ahora deliberadamente perfeccionadas. El inventario exhibe la existencia de desalmados en la conducción política de los pueblos. La hemorragia sin fin del Oriente Medio y la ilegal guerra contra el pueblo de Irak son los símbolos pérfidos de la época. Es la macro violencia, vesánicamente puesta en escena. A partir de la guerra de Irak, los precios del petróleo se vienen disparando a valores históricos. ¡Gracias a Mr. Bush!

Existe la microconvulsión que nace y se desarrolla en los patios interiores de todas las sociedades del mundo. Me refiero a la delincuencia que galopa airosamente. La pregunta es una: ¿Ha fracasado el alma humana? ¿O de lo que se trata es que no ha surgido una doctrina que haga descansar el alma en una sociedad justa, equilibrada? ¿Viene la delincuencia del alma torcida de nacimiento o el alma es torcida por una sociedad avarienta y diabólica? ¿No constituye un monumento de suprema estulticia la ley de Florida, aprobada hace pocos días, que faculta disparar a todo sospechoso de terrorista o de agresor bajo la excusa de la legítima defensa subjetiva? La ley de la selva ahora rige la seguridad de una sociedad moderna.

Debe entenderse que la delincuencia no reside únicamente en la envoltura del tradicional maleante o del vulgar piedrero. Existe un delincuente mayor que actúa en niveles insospechables. ¿Se conoce hoy maleantearía mayor que la de quienes lucran indebidamente con el negocio del combustible? ¿Es posible que no se entienda que solo el desarrollo económico podrá amortiguar en gran medida el conflicto interior, doméstico, de las sociedades y que el aumento del combustible es una puñalada fatal en la yugular de la economía de todos los pueblos, en especial de los pueblos pobres?

El hombre como protagonista de tantas iniquidades no quiere enterarse del significado de lo que sucede en estos instantes con los inmigrantes africanos que escalan los muros fronterizos de España, huyéndole al hambre y a la miseria. Lo que viene ocurriendo en España pronto será la estampida habitual de la pobrería del mundo avanzando hacia las sociedades ricas o saltando de sus estériles campos a los comedores de las ciudades.

¿Qué hacer? Buscar el alma de la tierra. Organizar un movimiento mundial de los espíritus, de la responsabilidad, para que la solidaridad sea la suma de todos los idearios sociales. Solidaridad con la naturaleza, solidaridad con los seres humanos. La realidad de todos los pueblos no ofrece muchas alternativas: el hombre hace un alto en su camino y se convierte en protagonista de la igualdad de todos los pueblos o seguirá actuando como sepulturero de la humanidad.

(Publicado originalmente el 8 de octubre de 2005).

La naturaleza, agravios y desquites

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 empezó su vida política como un líder estudiantil que rechazó el acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.