Temas Especiales

29 de May de 2020

Nacional

Análisis: carencias de una salud bajo el fuego mercantilizador

Hay cierto nivel de asociación entre los países con sistemas de salud estructurados bajo la lógica mercantilista—privatizadora y la mayor letalidad de la pandemia del nuevo coronavirus

Hacia el norte de Europa el nivel de cohesión social relativamente robusto, parece explicar un impacto menor del virus que lo experimentado hacia el sur de este continente.Pixabay

En la batalla contra el COVID-19, es evidente que se ha soslayado el carácter sociológicamente político que condiciona a las diversas medidas biomédicas para frenar la epidemia.

Se trataba de modificar conductas que se han cultivado durante las últimas décadas para mercantilizar la sociedad y la cultura de los panameños y ahora, de ya para ya, se esperaba modificarlas al llamado de la voz presidencial.

Parece ignorarse que a los trastornos sanitarios, no se les vence únicamente con medidas biomédicas, ni burocráticas, sino con decisiones (políticas) que modifican la organización esencial de la sociedad. (Castro; Leff; MacNeil, Pinnock).

Sistemas de salud y mercantilización

Si tomamos en cuenta el nivel de letalidad—o si prefieren decir de mortalidad—provocado por la pandemia, no se observa el mismo comportamiento de país a país. Hablando desde el plano de las ciencias naturales, unos ven en la demora para tomar las decisiones de control epidemiológico la razón de las diferencias. Otros, coinciden en señalar que la falta de responsabilidad de ciudadanos de ciertos lugares para “alinearse” con las medidas de control, son causas de esas diferencias.

Científicamente, estos argumentos describen pero no explican causas. Por ejemplo, hemos podido observar que hay cierto nivel de asociación entre los países con sistemas de salud estructurados bajo la lógica mercantilista-privatizadora y la mayor letalidad de la epidemia.

Dado lo anterior, hemos procesado información de los países de Europa y América (Abya Yala) en cuanto a mortalidad por la epidemia, y en cuanto al grado de presencia de la lógica mercantilista—en tres categorías ascendentes—en sus sistemas sanitarios.

“En Panamá y otros países, se tuvo que acudir a las autoridades religiosas en abono a esa necesidad de alineamiento social con las medidas epidemiológicas, para compensar la falta de legitimidad de las autoridades políticas”.

Hallazgo y mercantilización

Al aplicar la prueba de correlación de Pearson entre las dos variables mencionadas anteriormente resultó, como tendencia general, que mientras mayor presencia de las leyes de mercado se ciernen sobre las formas de organizar los servicios de salud, mayor letalidad-potencia para matar del virus-se observa en los países tanto de Europa como de Abya Yala. Por lo demás, esta correlación parece darse con relativa más fuerza en nuestro continente.

Estos resultados, nos llevaron a indagar qué proporción de la variable “Grado de mercantilización” es la que explica el comportamiento de la mayor o menor letalidad y cuánto espacio deja a otras variables. Aproximadamente, en tres de cada diez casos el grado de mercantilización de los sistemas de salud determina el nivel de letalidad. El resto, lo determina otro factor o combinación de factores junto con aquella.

En nuestro continente, cuatro de cada diez muertos se estarían explicando por el grado de mercantilización de los sistemas de salud…mientras mayor grado, mayor letalidad.

La solidaridad, ¿acto de magia o cultural?

Ahora bien, ¿y cuáles serían esas causas adicionales al grado de mercantilización de los sistemas de salud? A medida que avanza esta epidemia, la urgencia de las clases sociales dominantes en cada país, se vuelve un imperativo universal. Esto llevó a introducir medidas que buscan alinear a la población con la conducción de la estrategia epidemiológica y de protección de la base productiva, con resultados heterogéneos.

Así, hacia el norte de Europa (Finlandia, Noruega, Austria, Dinamarca, Islandia, etc.) el nivel de cohesión social relativamente robusto, parece explicar un menor impacto del virus que lo experimentado hacia el sur de este continente (Italia, España, Francia, etc.) con evidencias de cohesión social menos sólidas entre las clases que ejercen el poder político y las clases excluidas de este, de manera similar a lo observado en nuestro continente, incluido EUA.

Es decir, las medidas de “distanciamiento social” han sido más rápidamente acatadas allí donde las autoridades públicas encuentran legitimidad en la sociedad.

En Panamá y otros países, se tuvo que acudir a las autoridades religiosas en abono a esa necesidad de alineamiento social con las medidas epidemiológicas, para compensar la falta de legitimidad de las autoridades políticas.

Ciertamente, la tecnocracia ha ignorado, la inequidad social: grupos que residen en espacios amplios y otros que viven en hacinamiento, producto de la lógica mercantilizadora inmobiliaria, que ha pensado en residencias para dormir, no para la vida de hogar, sobre todo para los adultos mayores y los menores.

Esta condenación de habitabilidad está emparentada con su condición de clase, en buena medida, gente para quienes la urgencia de obtener recursos en la calle, es inaplazable, ante la oferta insuficiente que anuncia el gobierno.

Amén de los segmentos sociales pobres y no pobres, deformados por los mismos medios de comunicación, que hoy le exigen cordura. Así, las condiciones para el fortalecimiento de la epidemia…crecen, pero por razones sociales, no naturales.

Las utopías no han muerto

Sin duda, el coronavirus ha puesto al desnudo no solamente las carencias de nuestros sistemas de salud, aprisionados por la lógica de mercantilizar la salud, la vida, la naturaleza.

Así, hizo obligante la unificación de los servicios de salud como un solo sistema, por parte de los que se resisten a esto. Así, hizo mirar a los gobernantes lo estratégico de la producción de alimentos y bienes de primera necesidad nacional.

La epidemia, ha puesto de nuevo en el tapete las utopías en las que las instituciones sociales deben ser orientadas por el principio de solidaridad, no de la mezquindad del ánimo de lucro. Se trata de cambiar de sociedad, no de cambiar la sociedad. Penosamente, las clases dominantes no tienen el menor interés de abandonarla.

El autor es sociólogo investigador en sistemas de salud.

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