Temas Especiales

03 de Jul de 2020

Nacional

Recordando a Gil Blas Tejeira, el Caballero Esplandián

'Gil Blas Tejeira fue uno de los periodistas más influyentes del siglo XX y figura sobresaliente de su época', sostiene su alumna y colega Griselda López

Adoptó el seudónimo de Caballero Esplandián, en alusión al personaje del libro de Garci Rodríguez de Montalvo (Las proezas del Caballero Esplandián, 1510), conocido como héroe y aventurero, supuesto hijo primogénito de Amadís de Gaula y la princesa Oriana de la Gran Bretaña, y heredero del trono del emperador de Constantinopla.

Recordando a Gil Blas Tejeira, el Caballero Esplandián

“Lo adoptamos (el seudónimo) porque estamos dispuestos a mantenernos… a la altura de aquel caballero andante grato a la evocación del magro manchego”, aseguró Gil Blas Tejeira en algún momento de su vida.

Y sí que estuvo a la altura del caballero Esplandián, asegura la profesora Griselda Lopez, biógrafa de Tejeira.

“En sus crónicas periodísticas (Gil Blas) se aseguró de deshacer entuertos, fabular mitos, defender verdades, batallar por la cultura y la educación; combatir el neocolonialismo; romper las barreras de la incomprensión y cimentar el sentimiento nacionalista de los panameños” (ver biografía de Gil Blas Tejeira, por Griselda López en Protagonistas del siglo XX panameño, www.protagonistaspanamsigloxx.com).

“Y así fue Gil Blas Tejeira, cervantino a ultranza, que se mantuvo a la altura de este personaje quijotesco y fue ese caballero agradable, gentil, de buen humor y fina ironía, nacionalista, con una cultura, abrevada directamente de los libros y con una experiencia de vida que tuvo como escenario la campiña interiorana y la vida en las ciudades de Panamá, Caracas, San José y Kingston”
GRISELDA LÓPEZ
ACADÉMICA Y BIÓGRAFA

Tejeira no solo fue uno de los más populares periodistas del siglo XX. Su extenso currículo no cabría en esta página. Además de escritor, periodista, diplomático, magistrado del Tribunal Electoral, diputado de la Asamblea Constituyente de 1946, viceministro y ministro de la Presidencia, fundador del semanario Calle 6 de la ciudad de Colón, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá; miembro de número de la Academia Panameña de la Lengua; miembro correspondiente de las Academias de la Lengua de España y Venezuela; fundador y presidente de la Sociedad Cervantina de Panamá y miembro honorario de la Sociedad Cervantina de Madrid.

Lo curioso es que solo llegó hasta tercer grado de la escuela: “Llegó a dominar las letras ... por su tesón y su deseo de aprender, su inconmensurable entrega a la lectura y al aprendizaje”, sostiene López, añadiendo que “su empeño autodidacta y su aguda inteligencia hicieron de él uno de los más destacados cronistas y prosistas epigramáticos” de la historia del país.

Gil Blas Tejeira nació en Penonomé, el 18 de enero de 1901. Falleció en la ciudad de Panamá el 10 de agosto de 1975.

Profesora, ¿cómo conoció a Gil Blas Tejeira y qué relación tuvo con él?

Cuando estaba en la escuela primaria, mi papá me compraba a diario el periódico La Estrella de Panamá y me convertí en asidua de la columna de Gil Blas, que siempre leía en voz alta. Entonces solía decir a mi padre que algún día quería conocerlo. “Está lejos, hija”, me decía él, recordándome la enorme distancia que entonces nos separaba de la ciudad de Panamá.

Lo conocí pocos años después, en el marco de una de las primeras celebraciones del Festival de la Mejorana en Guararé. Paseábamos por el parque, cuando mi papá, que era entonces alcalde del pueblo, me señaló un señor que caminaba solitario por la feria, observando todo con una sonrisa de satisfacción. “Mira, ese es don Gil Blas Tejeira. Ven, que te lo voy a presentar”, me dijo.

Nos acercamos y me encontré con este señor amable, risueño y campechano, quien se mostró encantado de que yo fuera una de sus más pequeñas y jóvenes lectoras. Después de ese episodio, intercambiamos algunas cartas, pero no lo vi más hasta llegar a la universidad.

“Pertenece a la vanguardia de los columnistas que aquí se atrevieron a pedir una patria territorialmente integrada y a golpear con la pluma, día a día, sobre esta tesis, como un martillo sobre el yunque, hasta hacer saltar las chispas de la dignidad nacional en el alma del pueblo”,
LEONIDAS ESCOBAR
PERIODISTA, DURANTE SU DISCURSO DE RECEPCIÓN COMO MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LA LENGUA

¿Alguna anécdota de su relación con él o de su experiencia como su alumna?

Siempre quise ser periodista, pero cuando tuve edad de ingresar a la universidad, no había estudios para esta carrera, por lo que debí matricularme en la Escuela de Español. Sin embargo, en 1961, tan pronto se abrió la Escuela de Periodismo, fui una de las primeras seis estudiantes de esta nueva escuela, junto con la doctora Laura Arango, Erasmo Gómez, Conchita Almendral y Lilia de Freeman. Gil Blas Tejeira fue el primer director. Mi deseo de ser su alumna se había cumplido. Dictaba el curso de “Introducción al periodismo”, una cátedra de lujo. Aprovechaba la clase para contarnos todo tipo de fascinantes anécdotas, nutridas de sabiduría y cultura, porque era un gran conocedor de la literatura. Él nos enseñó que para hacer periodismo no solo había que escribir bien, sino “leer y leer” y decir siempre la verdad. Los domingos, nos abría su casa en San Francisco de la Caleta, para darnos acceso a su biblioteca y allí continuaba, de manera paternal, la docencia, rodeado de las hermosas mujeres de su familia: su esposa Matilde Jaén; sus hijas Olimpia, Isis y Bertilda. Su biblioteca, que él llamaba una “biblioteca habitada”, estimulaba nuestro amor por la lectura.

Gil Blas tuvo una vida plena, cargada de actividades de las más variadas índoles que le permitieron adquirir un contexto rico de la vida y de diferentes sectores de la sociedad. ¿Qué elementos en su etapa formativa cree que lo llevaron a influenciar más como periodista y como persona?

Como menciono en la biografía que escribí para Protagonistas del siglo XX, hubo tres experiencias importantes que marcaron la vida de Gil Blas Tejeira: La primera fue su contacto con la campiña interiorana, pues nació en Penonomé y luego recorrió largamente el país como maestro rural. La segunda fue el impacto que produjo en él la construcción del Canal (nació en 1901 y, como panameño de la época, fue testigo del inicio de la obra y su conclusión). Las inquietudes generadas por esa experiencia las plasma en su novela Pueblos perdidos. La tercera, los años que vivió en la ciudad de Colón, donde fundó su primer periódico, Calle 6. Este recorrido patrio influyó en sus convicciones ideológicas y políticas, en su compromiso y sensibilidad social, y se reflejó en su obra literaria y en sus crónicas periodísticas, que son un legado histórico que nos permite reconstruir momentos fundamentales de nuestro devenir como nación.

“Tejeira realizó una fecunda labor de superación en beneficio de las nuevas generaciones. No solo cuando recogía libros para formar bibliotecas en apartados caseríos campesinos, sino también cuando trabajaba afanosamente en sus lecturas y en sus escritos para llevar sus lecciones a los periódicos o para preparar las charlas que con tan generosa frecuencia ofrecía, siempre con magisterial desprendimiento, a los estudiantes de las escuelas y colegios o de las universidades… Tejeira fue siempre un maestro, un gran maestro, en el más noble, amplio y elevado sentido de los términos”,
MARIO AUGUSTO RODRÍGUEZ
PERIODISTA Y CUENTISTA Y UNO DE SUS MÁS CERCANOS AMIGOS Y COLEGAS

¿Cuál cree que fue el secreto del éxito de sus columnas y su influencia sobre la población?

Sus columnas estaban llenas de anécdotas, que enmarcaba en un estilo coloquial, plagado de humor. Sus obras –El retablo de los duendes, Campiña interiorana, Lienzos istmeños, Pueblos perdidos, Cuatro cuentos inéditos y Epigramas y sonrisas– hablan de la vinculación a la tierra, de sus experiencias de vida, de sus luchas patrióticas. De toda su obra, me impactó siempre Pueblos perdidos, porque se ubica en la historia de Panamá, aquella que se ha ido perdiendo y no ha sido recogida por los historiadores.

¿Qué nos puede comentar sobre su proceso de investigación, fuentes consultadas, libros leídos, sorpresas encontradas durante el periodo de preparación de la biografía para 'Protagonistas del siglo XX panameño'?

Fue un proceso muy interesante y me alegro de que los directores de este proyecto –editado por Penguin Random House, y cuya concepción y dirección general corrió a cargo del doctor Jorge Eduardo Ritter y coordinado editorialmente por Lorena Roquebert– me invitaran a participar. El equipo de colaboradores incluyó historiadores, escritores y docentes, y al final se logró hacer de Protagonistas del siglo XX panameño, una obra de gran trascendencia y, sobre todo de carácter histórico y educativo, que será de utilidad para las presentes y próximas generaciones.

Mi contacto directo fue mi amigo y periodista Fernando Martínez, quien me dio orientaciones sobre lo que se esperaba de la obra. Juntos compartimos anécdotas y experiencias, disfrutando la riqueza del personaje. La biografía que escribí se centra en los tres acontecimientos que marcaron la vida de don Gil Blas: el impacto de la construcción del Canal, su experiencia como maestro rural y su compromiso con la sociedad. Tuve la suerte de haber sido amiga suya y de sus hijas Isis, la escritora recientemente fallecida, y Bertilda, quienes me apoyaron mucho. También me acerqué a algunos de los colegas que igualmente fueron sus alumnos, como el profesor Rafael Ayala y Milciades Ortíz.

Griselda López

Griselda LópezCedida

Biógrafa

Magíster en ciencias de la comunicación con especialidad en periodismo. Ha desempeñado numerosos cargos, entre ellos, directora de la Escuela de Periodismo, decana 'ad hoc' de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y docente en varias universidades. Ha sido periodista, directora, jefa de Redacción, columnista en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Ha publicado varios libros: 'Piel adentro', 'Sueño recurrente', 'Género', 'Comunicación y sociedad', 'Las capas del tiempo'. Fundadora de Canal Once, Televisión Educativa. Nació en Guararé, provincia de Los Santos.