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17 de Ene de 2022

Nacional

Procrastinación y educación superior

En algún momento de nuestra vida quizá hemos escuchado la palabra procrastinar o procrastinación, por esta razón queremos profundizar acerca de este término silencioso que nos puede estar causando dificultades en diversas áreas de nuestra vida, especialmente, en la académica.

En algún momento de nuestra vida quizá hemos escuchado la palabra procrastinar o procrastinación, por esta razón queremos profundizar acerca de este término silencioso que nos puede estar causando dificultades en diversas áreas de nuestra vida, especialmente, en la académica.

La procrastinación va más allá del control del tiempo, guardando una estrecha relación con la regulación de nuestras emociones. Por lo tanto, procrastinar es el hecho de dilatar, postergar, aplazar cualquier tarea, dejándola a un lado para realizarla en otro momento y dedicar tiempo a actividades de menor relevancia, enfocándose en los estados de ánimos negativos que generen estas labores y no tanto en la tarea.

La mayoría de las personas ha procrastinado sin darse cuenta. Pero, ¿qué ocurre si esta conducta se vuelve repetitiva y constante? De ser así, no nos permite avanzar, realizar actividades importantes en cada aspecto de nuestro diario vivir; tendremos poca satisfacción en el desempeño de las actividades, frustración, estrés, disminución en la autoestima.

Gloria Husmann y Graciela Chiale comentan en su libro de procrastinación, que la propensión a posponer perturba la vida cotidiana y el rendimiento estudiantil, laboral y social, lo que provoca efectos nocivos en la salud emocional y psicológica de la persona, por la tanto categorizar a estas personas con términos como “vagas”, “perezosas”, no son los mejores conceptos. Ya que la procrastinación puede llegar a ser un síntoma que afecta la vida del individuo.

Con la pandemia, esta conducta se intensificó en muchos jóvenes universitarios, debido a que todo el ambiente educativo se trasladó a cada uno de sus hogares, cambiando la modalidad de aprendizaje, implementando la tecnología como recurso básico para llevar a cabo las clases a distancia.

Situación que no fue fácil, lo que ha representado un reto para todos. Por tal razón, la Universidad Especializada de las Américas (Udelas), adquirió el compromiso de realizar intervención psicoeducativa, recomendando ciertas prácticas que aportarán a los estudiantes un manejo adecuado para evitar caer en la procrastinación.

Los enfoques cognitivo-conductuales vienen a ser un medio de apoyo para disminuir la procrastinación, como son: llevar un registro de tareas, crear calendarios de estudios o actividades académicas pendientes para que logren organizarlas y concienciar al estudiante llevándolos a establecer metas reales y objetivas.

Es importante mencionar que para lograr cambios significativos a corto, mediano y largo plazo, no basta con las rutinas o los registros, hay que crear un patrón autorregulatorio que involucre la capacidad de autodirigirse, donde incluyan las metas impuestas por ellos mismos, estrategias de autocontrol y metacognitivas como la autoevaluación, que lo llevará a un mejor rendimiento académico.

Involucrando estos elementos, el estudiante beneficiará su salud mental, a través de higiene del sueño, mayor estabilidad emocional, y mejores hábitos alimenticios, que como sabemos son importantes para el proceso de aprendizaje.

Te dejamos algunas recomendaciones dadas por Gallego (2006) para fomentar la voluntad, la motivación y la constancia en los alumnos procrastinadores, y que se recomienda incluir en la práctica docente:

Enseñar técnicas de estudio, organización y planificación a los alumnos.

Insistir en el uso de la agenda y tomar apuntes del día. Tener un orden.

Orientarlos para la cuidadosa presentación de trabajos y evaluaciones.

Pedirles que elaboren y cumplan un horario personal para el trabajo realizado en casa, universidad, además de su tiempo libre.

Exigir puntualidad en las clases y el cumplimiento de las tareas.

Enseñarles a centrarse en la tarea que están realizando, evitando distracciones.

Mejorar la constancia, es decir, una vez que emprendió una actividad, mantenerse y persistir en sus logros.

Actuar de forma metacognitiva controlando, evaluando, y revisando el proceso de su propio aprendizaje (Qué, cómo y cuánto estoy aprendiendo).

Recuerda: Un cerebro sano, es un cerebro feliz, activo y dispuesto para aprender.

Psicólogas clínicas