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27 de Ene de 2022

Nacional

Las razones que tuvo Estados Unidos para intervenir a Panamá

Estados Unidos tenía dos objetivos: derrocar a Manuel Antonio Noriega y desmantelar las Fuerzas Armadas. Al cumplir con su misión, entregaron el país a la fuerzas políticas que ganaron las elecciones

Las razones que tuvo Estados Unidos para intervenir a Panamá
Las razones que tuvo Estados Unidos para intervenir a Panamá

La crisis económica, política y social, que vivía el país en la década de los ochenta, polarizaron a la sociedad panameña en dos bandos: quienes veían en una intervención norteamericana el fin de las angustias de un régimen militar, que empezó con Omar Torrijos Herrera en 1968 y que terminó con Manuel Antonio Noriega en 1989, y que a su paso dejó muertos y desaparecidos. Mientras que por el otro lado, estaban quienes rechazaban la acción militar, que hoy es considerada la peor tragedia de toda la historia republicana del país. Y, que finalmente fue una decisión de un país extranjero: Estados Unidos.

Treinta y dos años después de la invasión, muchos de los testigos de la denominada “Causa Justa”, ordenada por el presidente George Bush, coinciden que nunca más debe repetirse un derramamiento de sangre similar y que este nunca hubiera ocurrido sin la existencia de una dictadura militar y el pensamiento que el poder era eterno.

En los 80', Panamá era un país territorialmente dividido por la zona que ocupaban los estadounidenses dentro de la capital del país. Estados Unidos imponía presiones económicas que no solo asfixiaban al gobierno panameño sino también a la sociedad panameña, que clamaba por el retorno a la democracia. Pero, la terquedad de Manuel Antonio Noriega, de no querer dejar el poder militar y político, dejó el camino abierto para una inexcusable intervención norteamericana.

El 9 de noviembre de 1989, un informe del G2 de la extinta Fuerzas de Defensas de Panamá daba cuenta de un inusitado incremento de soldados en las bases estadounidenses y de la llegada de civiles norteamericanos. La amenaza de la invasión para derrocar el régimen militar de Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotráfico, manipulación de elecciones y asesinatos, empezaba a convertirse en una realidad.

“Tropas militares de los EE.UU. : realizaron una marcha forzada saliendo de Corozal hacia la Boca (frente a la policía de Balboa) y retornaron a Corozal. Participó un aproximado de 13 tanquetas de oruga”, decía el informe, que registraba otro ejercicio similar en la atlántica ciudad de Colón: “Una compañía de infantería del ejército de EE.UU., realizó ejercicio en el área de funcionamiento del canal, cerca de Mount Hope, incluyó el uso de helicóptero”.

A las diez de la noche del 19 de diciembre de 1989, una hora antes de iniciarse la operación militar, la solicitud de la invasión llegó a las manos de tres líderes opositores: Guillermo Endara, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford por parte de miembros del gobierno estadounidense. Los tres se negaron a firmar la acción militar.

“Yo no creía en la invasión por el trauma que suponía para la población, consideraba más viable utilizar un comando que sacara a (Manuel Antonio) Noriega del país y lo entregara a Estados Unidos”, expresó Ricardo Arias Calderón , en sus memorias, escritas por el periodista Julio Bermúdez Valdés.

De acuerdo al informe sismográfico de la Universidad de Panamá, en las primeras dos horas de la invasión, un descomunal fuego fue desplegado (400 bombas de mil y dos mil libras) y fue un efectivo disuasivo contra las resistencias militares panameñas. El ataque fue intenso y continuo contra el principal cuartel de las Fuerzas de Defensas de Panamá, en El Chorrillo. El hospital Santo Tomás comenzó a llenarse de heridos.

El ejército más poderoso del mundo, con un sofisticado armamento de guerra aún sin estrenar, más de veintiséis mil soldados y un excesivo uso de la fuerza, bombardeó veintisiete áreas del país, con la excusa de proteger a sus ciudadanos, devolver la democracia y capturar a un hombre que a diario recorría las fronteras de la extinta zona canalera, donde estaban acantonados los soldados estadounidenses, y a quien los mismos norteamericanos habían formado como agente de la Central Intelligence Agency y que de un momento a otro se convirtió en un peligroso enemigo por osar desobedecer sus órdenes.

“El 9 de noviembre de 1989, un informe del G2 de la extinta Fuerzas de Defensas de Panamá daba cuenta de un inusitado incremento de soldados en las bases estadounidenses y de la llegada de civiles norteamericanos”.

Teresita Yañiz, viuda de Arias Calderón, no justifica un hecho tan lamentable y doloroso para un país. “Que malo será rescatar este país sobre un montón de cadáveres”, respondió Yañiz de Arias cuando su marido le dijo “¿te das cuenta que están bombardeando la ciudad?”. Unas declaraciones que están recogidas en las memorias del ex vicepresidente panameño.

Endara, Arias Calderón y Ford tomaron posesión de sus cargos como presidente, vicepresidente y segundo vicepresidente del país en una base militar porque legítimamente habían ganado las elecciones de 1989. Durante años, esta acción ha sido castigada por la sociedad panameña. Pero, ese hecho tiene un toque de nacionalismo. "De no haberse hecho, Panamá no solamente hubiera sido un país invadido sino también ocupado”.

“Cuando los diferentes sectores en conflicto no están dispuestos a ceder o a llegar a un acuerdo. Uno no sabe cuál puede ser la reacción. Puede ser una guerra civil violenta o puede ser una intervención extranjera. En Panamá lo que ocurrió fue una intervención extranjera”, recordó el abogado Ebrahim Asvat, porque la intervención de los Estados Unidos tenía el propósito de la destrucción de las Fuerzas de las Defensas en Panamá y sacar a Manuel Antonio Noriega del poder.

La intervención de los Estados Unidos de 1989 no tenía el objetivo de permanecer en el país bajo un régimen colonial, solo tienen un punto de entrada y de salida cuando se cumple un objetivo.

El objetivo era sacar del poder a Manuel Antonio Noriega, llevárselo y desmantelar las Fuerzas de Defensa.

“Lo anterior se logró”, recuerda Asvat y el paso a seguir era entregar el poder a la oposición que había ganado las elecciones de 1989 y desprenderse de la responsabilidad de administrar un país. “Nunca hubo la intención de los Estados Unidos de permanecer en territorio panameño en ocupar el país de una forma permanente”, puntualiza Asvat.

Quizá si las negociaciones entre el gobierno de los Estados Unidos y Manuel Antonio Noriega hubieran concluido con su salida del poder no se hubiera producido el 20 de diciembre de 1989.

Al cumplirse 32 años de la intervención de Estados Unidos a Panamá, a pesar de las diferencias, denuncias de corrupción y críticas constantes, se han producido elecciones con la alternancia del poder, estabilidad que ha producido la inversión extranjera y local .

“No es un país perfecto, no hemos llegado al nivel de desarrollo, pero si ha habido prosperidad en todo los niveles. El país ha avanzado”, mira Asvat, al cumplirse 32 años de la intervención militar de los Estados Unidos.