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02 de Apr de 2020

Política

Los 100 primeros días de Martinelli

Hace unas semanas, cuando le preguntaron al presidente Obama qué seguía después de sus primeros 100 días de Gobierno, el mandatario resp...

Hace unas semanas, cuando le preguntaron al presidente Obama qué seguía después de sus primeros 100 días de Gobierno, el mandatario respondió que “el día ciento uno”.

Era una manera jocosa de quitar presión a uno de los hitos más importantes para nuevos presidentes no solo en Estados Unidos sino en muchas democracias, entre ellas la nuestra.

Los primeros 100 días de Gobierno, o la "luna de miel" como decimos en Panamá, es un período clave para los presidentes porque en él se define de cara al público quién es, qué quiere hacer con su liderazgo y cómo lo quiere hacer.

Son tres meses fundamentales cuyas acciones o inacciones anclan en los ciudadanos una percepción (bueno o mala) sobre lo que será el nuevo Gobierno.

Una vez que esa idea se consolida en la mente de los ciudadanos, es prácticamente imposible para un presidente volver a definirse; podrá a lo sumo generar variantes de esa percepción, pero en el fondo los ciudadanos lo juzgarán a partir del marco de referencia que sus acciones fijaron en los primeros 100 días de Gobierno.

Si bien el presidente es quien marca la ruta en este período, la articulación de su narrativa fundacional depende también en grandísima medida de su Gabinete.

Si los ministros no están perfectamente sincronizados con los principales temas que impulsa el presidente, entonces el esfuerzo corre el riesgo de diluirse y los ciudadanos terminan confundidos.

Por ejemplo, un ministro demasiado protagónico o empeñado en impulsar su agenda particular podría estar haciendo un daño importante al establecimiento de esa narrativa presidencial. Allí es donde interviene el jefe de Gabinete.

Aunque siempre hay espacio para debate, pienso que los presidentes Endara y Pérez Balladares son dos ejemplos que mandatarios que supieron definir con claridad su qué y su cómo.

El primero a través de una narrativa de “reconciliación y recuperación económica”, que le costó incluso una grave ruptura de la alianza que le llevó al poder; el segundo con sus “políticas de modernización del Estado”, blanco de dura oposición sindical.

El presidente Ricardo Martinelli busca hacer lo propio y de allí sus acciones y estilo muy visibles en relación con algunos temas como las concesiones en la Calzada de Amador y el discurso duro en el tema de la seguridad.

Para Martinelli, como para sus predecesores, el tiempo en que se le juzgaba como candidato llega a su final. Lo que construya en estos primeros cien días es lo que importará.