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12 de Apr de 2021

Política

Los nuevos rostros del miedo

PANAMÁ. Hace algunos años publiqué en el libro En tiempo de Crisis el poema ‘Miedo’ (ver recuadro).

PANAMÁ. Hace algunos años publiqué en el libro En tiempo de Crisis el poema ‘Miedo’ (ver recuadro).

El poema expresa, obviamente en lenguaje poético, una preocupación real que, en el caso panameño, se contextualiza en la aguda crisis que vivía la sociedad panameña, cuyo desenlace fue la invasión militar del 20 de diciembre de 1989. Del momento en que escribí el poema a la fecha, han pasado muchos cambios en el mundo y con ellos el miedo se ha hecho aun más agudo y generalizado.

Hoy la inseguridad internalizada ha modificado la rutina de miles de panameños: las casas están resguardadas por barrotes de hierro; se ocultan los números de los teléfonos celulares; los vehículos privados están obligados a disponer de dispositivos y alarmas contra robo; entrar a los cajeros automáticos levanta sospechas frente a cualquiera que se acerca; detener un taxi es también entrar en un laberinto sadomasoquista; circular por un área desconocida produce incertidumbre; sospechar de todo y de todos ya no es patológico, sino conducta preventiva normal. Por eso, es mejor residir dentro de cercas perimetrales con casetas de seguridad u organizar a ‘los vecinos vigilantes’ por cuenta propia. Las víctimas de secuestros, asaltos y homicidios nos recuerdan permanentemente que nadie está exento del peligro, como tampoco lo estamos de sufrir las consecuencias de temblores, inundaciones, huracanes o epidemias. Igual, no podemos colocarnos al margen de conflictos políticos de nuestro entorno que cristalizan en más violencia y confrontaciones.

EL MIEDO COMO HECHO SOCIAL

En efecto, de acuerdo con Robinson y Melissa Salazar, prologuistas de La arquitectura del miedo: ‘El amanecer del siglo XXI trajo el imaginario del miedo, a la subjetividad colectiva como espejo de un mundo exterior conflictivo, riesgoso, incierto y cargado de pesimismo, cuya presencia de inseguridad perpetua en la imaginación de los ciudadanos, inmovilizándolos, además de desnudar su carencia de recursos’.

El miedo, la manera en que los individuos interiorizan los niveles de inseguridad integral de sus vidas, va creando la sensación en los miembros de la sociedad, que están atrapados’ en la lógica de la imaginación sociológica de Wright Mills.

La realidad es que el ‘miedo’ se ha convertido en un ‘hecho social’ según las categorías de Emile Durkheim (Las reglas del método sociológico), ya que existe independientemente de la voluntad de los individuos y ejerce un nivel de coerción sobre la sociedad, moldeando nuestro comportamiento.

CAUSAS Y TIPOS DE MIEDO

¿De dónde viene el miedo? ¿Dónde aparece y quiénes lo provocan? ¿Por qué nos priva de la libertad y del ejercicio pleno de nuestra voluntad?

Por su nivel de complejidad, la diversidad de sus formas de manifestación, el miedo tiende a ser confundido con el temor, terror, inseguridad, angustia o alarma, que si bien están conectados implícitamente, constituyen expresiones de los diferentes niveles de riesgo que pueden enfrentar los individuos.

Existen el miedo, por ejemplo, a ser pobre y excluido, a perder la vida, el empleo o a enfermarse de gravedad, a la pérdida de familiares o seres queridos; en fin, hay tantos tipos como causas que los provocan.

También conocemos los miedos a condiciones o fenómenos naturales, el que se siente ante la oscuridad o a la altura, a las tormentas, las profundidades de ríos y mares, a la selva y precipicios, en fin, a todo aquello que suponemos puede acercarnos al peligro o la muerte. Asimismo, podemos enumerar los miedos que son condicionados por mitos y creencias.

‘Otros miedos pueden ser antinaturales, como fobias o esquizofrenias, donde el individuo se siente solo, no advierte la fuerza del temor, la inseguridad lo destruye y puede optar por el aislamiento en su mundo, ensimismándose hasta encapsularse dentro de su piel’ (Robinson y Melissa Salazar, 2010).

EL MIEDO POLÍTICO

El miedo político, en primer lugar, puede ser provocado por el uso del poder para generar obediencia y control social. Si la obediencia la impone una persona que detenta un poder político omnímodo, el miedo es hacia la tiranía.

Si la obediencia se estructura hacia el Estado porque nos garantiza la seguridad necesaria para la reproducción de la sociedad, en la medida en que nos protege y garantiza la vida, proporciona la paz en nuestro entorno, el miedo, en este caso, es hacia el Poder del Estado y las instituciones que lo garantizan.

Otra forma de miedo político es el miedo oculto, producto de situaciones, de luchas internas, violencia militar, que han impactado en la memoria colectiva de pueblos y comunidades. Estos miedos ocultos que componen el drama social de pueblos enteros durante varias generaciones han sido poco estudiados. Vale la pena preguntarse si la Invasión a Panamá no generó entre quienes la vivieron, miedos ocultos que aún están latentes en las generaciones panameñas actuales. El documental del GECU, Las casas son para vivir (realización Fernando Martínez - Antonella Ponce, 1990), que muestra los efectos de la invasión sobre los niños de El Chorrillo, es un enunciado de este problema.

‘El miedo es concebido en la política como percepción de amenaza, real o imaginaria, vinculada a la idea de orden. Cuando un régimen se apropia de los miedos y los ideologiza en la lucha contra el crimen organizado, el terrorismo, instrumentaliza el lenguaje y la acción y convierte el miedo en terror’. El miedo por su sombrío cuerpo e imperceptibles pasos, paraliza y carga de sufrimiento a quienes lo sienten.

‘El miedo vivido y prolongado puede llevarnos a un cuadro de terror permanentemente donde las circunstancias del sujeto lo aprisionan, recorta su accionar y ve en su entorno una amenaza permanente que lo coloca en una posición defensiva perpetua’.

Con la utilización del miedo, algunos gobiernos tienen la intención de redireccionar la mirada y la vida de los seres humanos, principalmente desposeídos, hacia un solo sentido, donde el camino sea irreversible y no haya oportunidad de ser representado, porque ya está trazado, y ni hay alternativa paralela’. (Robinson y Melissa Salazar 2010).

El miedo como argumento de lo social y lo político, según Fabián Nieves y Pablo Bonavena en su artículo ‘El miedo Sempiterno’ publicado en Arquitectura Política del Miedo, existen también diferencias significativas entre ‘miedos innatos y miedos adquiridos.

El miedo es procesado por lo social, pero también incide en la conformación de lo social. El entorno social nos educa para percibir el miedo, para entenderlo y procesarlo. El miedo puede ser gestionado, administrado, provocado o atemperado con altos grados de racionalidad. El miedo cobra vigencia y cumple su función en los contextos sociales en que ocurre. En consecuencia, es un elemento presente en las estructuras básicas de la sociedad, en el sistema de relaciones sociales que le dan coherencia a la existencia misma de la sociedad y está igualmente presente en la cultura, en sus normas y valores, me atrevo a señalar que un componente intencional de las leyes es el miedo’.

Desde esta lógica, ‘El miedo es un frente ideológico, que construye escenarios de riesgo (reales o imaginarios) insertados en la subjetividad de los colectivos, dibujando en la mente de los sectores excluidos y explotados, con el significado que tiene para ellos, la represión, los secuestros, las desapariciones o asesinatos realizados por paramilitares o delincuentes, que se convierte en un arma para disminuir las protestas sociales en las calles. (Nieves y Bonavena – 2010)

El miedo, en todos los aspectos de la vida, y sobre todo en los espacios cotidianos, es un fenómeno, cuyos alcances y significados en América Latina apenas empiezan a ser revelados por los estudios que lo abordan desde la dimensión, política, tecnológica, sociocultural, mostrando su valor como nuevo instrumento de control social. El libro citado Arquitectura política del miedo, es una obra representativa de estos nuevos esfuerzos científicos sobre el tema.

Nuestro país se encuentra en la espiral del miedo, la ciudad de Panamá, en su tránsito de ciudad a metrópolis, se ha ido convirtiendo, en el contexto de su nueva complejidad, en terreno fértil para el desarrollo del miedo como componente ideológico y de nuestro comportamiento social presente y futuro.