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23 de Nov de 2020

Política

El último suspiro del gallo

PANAMÁ. Mucha agua ha corrido por debajo de la mesa desde que Panamá se constituyó como República el 3 de noviembre de 1903.

PANAMÁ. Mucha agua ha corrido por debajo de la mesa desde que Panamá se constituyó como República el 3 de noviembre de 1903.

En estos poco más de 100 años de vida republicana mucho ha sido el camino político por donde se ha transitado; sin embargo, la madurez política y la consolidación democrática aún están en tela de duda.

Seguramente, la herencia política colombiana fue un factor directo de asociación implícita, tanto en estilo como en la forma, trastocando el modo de conducir este país, que aunque pequeño, sigue denotando signos evidentes de un conflicto externo que dejó huellas a lo interno. El liberalismo en Panamá y la herencia colombiana.

Sin dudas, el componente político, así como la esencia ideológica de la mayoría de los partidos en Panamá, presenta marcados rasgos que denotan un pasado con raíces liberales. Las diferentes facciones y corrientes que han liderado el país así lo revelan.

Pasando por los liberales ‘porristas’, ‘chiaristas’ y ‘samudistas’, el movimiento liberal en Panamá ha tenido una gran capacidad para redibujarse y replantearse a través de los años, ya sea con fusiones, alianzas o con la creación de nuevos colectivos. Los partidos liberales siempre han estado allí, cerca del poder político y económico. Hoy día, su último reducto formal se debate entre asumir una nueva fusión política o seguir asumiendo el peligro de navegar hacia la nada.

CON EL LIBERALISMO EN LAS VENAS

El Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena) es una agrupación política resultante de las corrientes liberales adversas al liderazgo de David Samudio y creada por líderes políticos provenientes de diferentes partidos abolidos luego del golpe militar de 1968 como el Partido Liberal, Partido Republicano, Tercer Partido Nacionalista y la Coalición Patriótica Nacional. Esta corriente política podría denominarse el último vestigio formal de lo que en su momento fuera el gran Partido Liberal. Tan claro como antagónico, el Molirena asume sin remordimiento dos conceptos insolubles entre sí, liberalismo y nacionalismo.

Luego del golpe de 1968, el país se dividiría en dos grandes liderazgos, uno establecido desde los cuarteles, comandado por Omar Torrijos Herrera, y el otro dirigido desde el exilio por Arnulfo Arias Madrid. PRDs y panameñistas, así de fácil se resumía la historia política de ese momento.

El Partido Revolucionario Democrático (PRD) se constituiría en el brazo político para tratar de legitimizar el proceso de gobierno después del golpe apoyado por prestantes figuras del entorno liberal adversas a Arias Madrid. En la otra esquina, se posarían los liberales que apoyaban a Arnulfo, pero que consideraban al panameñismo un partido hecho a la medida de su caudillo y que preferían respaldar la lucha desde un espacio más independiente y abierto al pensamiento político, formando a principios de la década de los 80 el partido Molirena.

Una vez restablecido el orden constitucional tras la invasión norteamericana que derrocaría el régimen militar el 20 de diciembre de 1989, el Molirena revaluaría su papel como partido secundario y desde su nuevo rol dentro de la alianza de gobierno buscaría llegar a la Presidencia de la República de la mano del ex contralor Rubén Darío Carles. El fallido intento tuvo profundas incidencias, al punto que evidenció la necesidad de los panameñistas de contar con el brazo electoral del Molirena, en caso de aspirar con alguna opción real a futuro para llegar al poder por la vía de los votos.

De modo tal, que el denominado partido del ‘gallo’ no solo se había constituido en un colectivo que aportaba votos presidenciales desde su papeleta, sino que ponía diputados, alcaldes y representantes de corregimiento, logrando representación nacional y participación política en la mayor parte de los circuitos electorales del país, algo que solo era posible realizar por el PRD y el panameñismo.

Con esa misma fuerza po lítica, cinco años más tarde, el Molirena impulsaría la candidatura de Mireya Moscoso a la Presidencia. Fueron precisamente, los votos del Molirena los que marcaron la diferencia electoral frente al PRD en 1999. De allí en adelante, otra sería la situación de los ‘gallos’.

MÁS QUE SUBSISTENCIA

Actualmente, la dirigencia del Molirena, encabezada por su presidente Sergio González Ruiz, se debate frente al denominado grupo de ‘Los Notables’ por el futuro del partido político.

Fusionarse o no con Cambio Democrático de Ricardo Martinelli es una opción que baraja la actual dirigencia, mientras que los ‘viejos’ fundadores del partido se rehúsan a disolver la agrupación política que ha mantenido vigente el liberalismo en Panamá.

Tomando en cuenta que muchos de los principales líderes políticos que conforman las diferentes corrientes políticas del país provienen del liberalismo, no es de extrañar que haya tanto apellido liberal diseminado en el PRD, Panameñismo e incluso en Cambio Democrático. Pero la pregunta del millón de dólares no puede ser otra: ¿qué gana el Molirena si se fusiona con Cambio Democrático?

Otro de los partidos liberales, Unión Patriótica, hace mucho tiempo dejó de pensarlo y su disolución ya es casi un hecho. La fusión de sus estructuras para plegarse al principal partido de gobierno, absorberá de tajo lo que fuera el Partido Liberal Nacional y Solidaridad. Sin embargo, dentro de las filas del Molirena la resistencia es mayor.

La representatividad de sus fuerzas en el entorno político nacional lo hace un factor de interés político, pese al mal momento que atraviesa como colectivo. Aunque es parte de la alianza de gobierno, su papel en la toma de decisiones es casi nula. A diferencia del 2009, de seguir con vida el Molirena, podría ser fundamental en las próximas elecciones, sobre todo ante el hecho de una posible ruptura de la alianza entre Cambio Democrático y el Panameñismo.

Posiblemente, sea este el meollo del asunto. La existencia de un partido satélite que históricamente ha sido aliado del panameñismo y que también esté en capacidad de brindar profundidad y presencia nacional en una futura contienda electoral a Cambio Democrático, sea lo que convierte al Molirena en un manjar muy apetecido en el actual entorno político. Al Partido Panameñista le conviene un Molirena entero, mientras que a Cambio Democrático le sirve diluido dentro de sus filas. ¿Pero al MOLIRENA qué es lo que le conviene? Es lo que le tocará definir a los ‘gallos’.