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25 de Feb de 2021

Política

Las implicaciones de la masculinidad en Panamá

Para algunos lectores podría parecer ocioso el título de este artículo, pero más que ser una reacción atípica, podría evidenciar el desc...

Para algunos lectores podría parecer ocioso el título de este artículo, pero más que ser una reacción atípica, podría evidenciar el desconocimiento que se tiene a nivel académico, y a escala nacional y regional, sobre el estudio de la masculinidad como fenómeno multidimensional en términos disciplinarios y existenciales.

La demografía propuso en un principio adecuar el estudio de lo masculino partiendo del contraste entre la cantidad de hombres en relación con las mujeres en una población determinada.

De esta forma, la ponderación generaría un índice demográfico que permitiría percibir claramente en qué sociedades prevalecía la figura masculina por encima de la femenina.

Sin embargo, a pesar de las observaciones críticas que el uso de este índice ha generado en ciertos círculos académicos —que en términos muy básicos, lo consideran poco explicativo y preciso— este ha sido avalado universalmente como la principal medida para conocer lo masculino.

De esta manera, el índice de masculinidad ha logrado establecer generalidades continentales importantes, como el hecho de que en Europa y en Norte América hay más mujeres que hombres, y que en gran parte del medio oriente y Asia predominan los hombres.

MASCULINIDAD EN CIFRAS

En la región centroamericana, con la sola excepción de El Salvador y Guatemala, el índice de masculinidad refleja una proporción casi perfecta en relación a hombres y mujeres, lo que se evidencia por el hecho de que casi todas estas sociedades se encuentran en el parámetro 1.0. No obstante, Belice (1.03), Panamá (1.02) y Honduras (1.01) muestran niveles más altos que las demás, según datos de CIA World Factbook (2006).

Ahora bien, siendo Panamá la segunda sociedad centroamericana que refleja un mayor contingente masculino, sería oportuno describir la distribución interna de esta condición demográfica, en miras de identificar posibles procesos temporales de masculinización en ciertas provincias del istmo, siendo Darién, Bocas del Toro y Veraguas las que proporcionan los índices de masculinidad más altos del país.

Desde 1990 hasta el 2010, han habido grandes cambios, ya que los índices de masculinidad de casi todas las divisiones políticas han bajado en términos comparativos, salvo con la única excepción de la provincia de Panamá, la cual muestra un índice de masculinidad casi estacionario (ver cuadro).

A pesar de estas consideraciones analíticas, la provincia de Panamá ha sido siempre la que refleja los índices de masculinidad más bajos en comparación con las otras. La posible explicación teórica de este fenómeno se debe al hecho de que esta provincia siempre ha sido la mayormente urbanizada, a diferencia de las otras, las cuales se han mantenido hasta escasamente una década bajo una estructura social rural, basada principalmente en la agricultura.

Si tomamos al pie de la letra la teoría sociodemografica de la masculinidad, pudiéramos inferir que la disminución de las demás provincias se debe principalmente a procesos de urbanización, los cuales están edificando nodos geográficos basados principalmente en el comercio y la industria. Así, en términos muy generales, se pudiera concebir la tesis de que la inmigración femenina del interior a la capital está bajando y, en cambio, se está gestando procesos de emigración femenina a estas zonas del país.

ALGUNAS IMPLICACIONES

Esta repoblación y poco éxodo femenino de las áreas rurales trae consigo implicaciones significativas sobre el universo social. En términos económicos, implica la génesis de la pérdida de hegemonía financiera del hombre sobre la mujer, lo cual es una ruptura de gran envergadura sociológica, ya que la figura del hombre en estos parajes era sinónimo de estabilidad monetaria, estatus y poder jerárquico.

A su vez, instituciones sociales sensibles, como es el caso del matrimonio, se podrían ver afectadas. Igualmente, la cultura machista, nociva o no a la sociedad, estaría sujeta a una mayor vigilancia de la opinión pública, al igual que el maltrato doméstico en todas sus formas.

Todas estas consideraciones, a pesar de que llevan en sí una matización de lo masculino por lo femenino, sugiere a su vez la posible desestructuración psicosocial de algunos grupos de hombres arcaicos, los cuales serían afectados en su masculinidad por aspectos tan curiosos como que sus esposas trabajen y estudien de manera formal, que realicen decisiones domésticas y empresariales importantes, que se reúnan de manera política y grupal con otras mujeres, entre otros muchos ejemplos de empoderamiento femenino. Así como se podría deducir que todos estos cambios en la estructura sociodemográfica de una sociedad no son insignificantes, sino que producen interrelaciones conflictivas entre ambos géneros.

GÉNERO Y MASCULINIDAD

La teoría de género, a diferencia del feminismo, sostiene dentro de sus muchas premisas que existen diferencias de roles y estatus entre hombres y mujeres, los cuales pudieran en ciertos momentos históricos y geográficos espaciales, generar tensión entre ambos. De esta forma, plantearse la necesidad de concebir lo masculino como un todo exento de lo femenino más que ser un error es una falacia argumentativa, ya que ambos son indisolublemente inseparables (a pesar de la opinión de algunos académicos).

La masculinidad como fenómeno antropológico y sociológico sugiere la necesidad de sostener la premisa política que afirma que al tiempo que uno de los géneros se hace menos o más hegemónico, la relación en cuanto a control y poder del otro se hace más o menos clara en términos de la regulación sexuales, la socialización de roles sociales, el estatus y el prestigio, la distribución laboral y financiera en el hogar. El mismo afecto y manejo de las situaciones humanas se transforma, para bien o para mal, en un contexto problemático dentro de la atmósfera privada del hogar y en la vida pública.

Por otra parte, la problematización de la vida cotidiana en una estructura basada en lo masculino, como consecuencia de cambios sociales producto de factores demográficos y urbanos, están tendiendo a homogenizar la pirámide sexual, como por ejemplo, que el hombre pase por procesos típicos de feminización y viceversa, lo cual no debe confundirse, por ninguna razón con adquirir tendencias homosexuales o lésbicas.

MUNDO (DES)ESTRUCTURADO PARA HOMBRES

No debe entenderse que la masculinidad se encuentra en crisis, a pesar de los datos estadísticos. Menos aún que nos encontramos en el advenimiento de sociedades feministas en donde el hombre es minoría, ya que la evidencia demográfica demuestra que nunca ha sido así (históricamente hablando). La sociedad panameña siempre ha tenido una mayor presencia masculina en comparación con la femenina.

El hombre panameño (en especial el que vive en zonas rurales del istmo) debe afrontar con humildad estos cambios estructurales, y democratizar las oportunidades para sus homólogas femeninas.