06 de Oct de 2022

Política

Mesas de diálogo, ¿una engañosa puerta de salida?

PANAMÁ. Las mesas de diálogo se han convertido en el método que el gobierno utiliza para apagar el fuego en conflictos que él mismo gene...

PANAMÁ. Las mesas de diálogo se han convertido en el método que el gobierno utiliza para apagar el fuego en conflictos que él mismo genera y que han llegado a poner en jaque la gobernabilidad del país.

Tras el frenesí popular, el Ejecutivo se ha visto forzado a recular en al menos cinco ocasiones. Con el mecanismo del diálogo, el gobierno trató de buscar consenso con la clase trabajadora de Bocas del Toro, con la comarca Ngäbe-Buglé, con los medios de comunicación social, con la clase política y ahora en Colón.

Y aunque en la práctica las autoridades han utilizado este recurso como una fórmula de salvación para purgar los errores cometidos, para algunos miembros de la sociedad civil la estrategia no ha rendido frutos.

LOS EFECTOS DEL DIÁLOGO

El presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas, Roberto Troncoso, sustenta que en las diferentes mesas de diálogo que ha instalado este gobierno ha faltado ‘un verdadero compromiso d e cumplimiento’.

Para Troncoso, quien participó en la comisión investigadora de la crisis en Bocas del Toro, se han constituido en una forma ‘de bajar las tensiones entre manifestantes y gobierno’, pero a largo plazo no han rendido resultados.

Con Troncoso coincide Ricardo Miranda, dirigente indígena del Movimiento 10 de Abril, quien asegura que las clases populares han perdido confianza en el gobierno.

Y es que tras los enfrentamientos en la comarca Ngäbe-Buglé en 2011 y en febrero de 2012, el dirigente indígena está convencido de que el poder gubernamental dejó su huella arrastrando muertes y heridos que no han sido indemnizados —una promesa que fue sellada por el gobierno en la mesa del diálogo que duró un mes—.

LA EXPERIENCIA NGÄBE

Miranda citó los casos de Leonel Cedeño y Ariel Girón, heridos por armas de fuego en las manifestaciones indígenas que hoy se encuentran postrados en condiciones de pobreza, pese a que el gobierno dijo que los indemnizaría.

En el caso del proyecto hidroeléctrico Barro Blanco, la dirigencia indígena se encuentra a la espera de resultados. ‘Nos sentimos burlados, el gobierno solo quiere ganar tiempo porque insiste en beneficiar a la empresa Genisa’, afirma Ricardo Miranda.

La clase política, en tanto, también tiene su opinión sobre estas conversaciones. ‘Solo han servido para burlar la voluntad popular’, concluye el economista Juan Jované.

PRESIÓN POPULAR: LA CLAVE

Pero, cómo hacer para dar un golpe de timón a esta realidad. Conocedor de la realidad sociopolítica del país, Jované resalta que la clave está en la población, esa gente que organizada une esfuerzos para que su voz sea escuchada. Estos ejercicios (diálogo), deben ‘estar orientados a un plan programático y propuestas claras’, amplía.

Descansa entonces en la mayoría el deber de velar porque los acuerdos pactados en la mesa del diálogo se cumplan, afirma.

PRECONDICIONES

En el ámbito de la comunicación social, el presidente del Sindicato de Periodistas, Filemón Medina, manifiesta que el ‘mal llamado al diálogo’ que hizo el Ejecutivo a los gremios periodísticos solo fue ‘una excusa para entretenerlos y consecutivamente seguir atacando al cuarto poder’. Dice que las intimidaciones no han cesado, siempre hablan de diálogo, pero ellos ponen sus condiciones.

Es por esta razón que desde la perspectiva del comunicador social, las mesas del diálogo no han servido para resolver conflictos, sino más bien para entretener a la población y ganar tiempo. Al final, Medina asegura que la práctica se repite: ‘el gobierno seguirá imponiendo su propio criterio’.

Quien tiene experiencia en estas mesas, la cacica Silvia Carrera, dice que lo único que le interesa al gobierno es calmar las aguas porque al final ‘no cumple lo que promete’.