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30 de Oct de 2020

Política

Éxodo masivo a la ciudad

PANAMÁ. José Guerrero llegó hace dos años a la capital. Lo hizo para terminar los estudios de Comunicación Social en la UP. ¿Por qué no ...

PANAMÁ. José Guerrero llegó hace dos años a la capital. Lo hizo para terminar los estudios de Comunicación Social en la UP. ¿Por qué no se quedó trabajando con su padre y otros familiares las tierras que cultivaba su abuelo? La respuesta es simple: ‘El trabajo en el campo es duro, bajo sol y agua, y además paga muy poco’.

Guerrero es uno de 23,000 jóvenes provincianos que dejaron a sus familiares para trasladarse a la capital durante los últimos años. Quizás Guerrero trae más ventaja que los demás: en pocos días recibirá el diploma de culminación de sus estudios superiores.

‘En mi provincia, Coclé, por menos de $10 te tienes que zurrar todo el día bajo un sol que quema hasta los mismos huesos. En Veraguas escuché los años que estudiaba allá que el pago es menos que eso. Acá, como hay hoteles y construcciones que pagan más, ha hecho que los campesinos ganemos más’.

Productores y empresarios del sector primario, desde hace años, han mostrado preocupación por la escasez de mano de obra para los campos productivos.

Estos empleadores señalan que contratar trabajadores en el campo es un asunto costoso. Las megaobras capitalinas y los grandes complejos turísticos de las cabeceras de provincia han secado el caudal que siempre tuvo la actividad agraria.

‘YO QUIERO ESE CELULAR’

‘Un muchacho nacido en Renacimiento, hijo de productores, mira en la televisión y aspira a tener los mismos celulares que los jóvenes de la capital. Entonces se viene a la capital. Además, cuando las personas mueren, los hijos venden las tierras y también migran’, dice el ministro de Desarrollo Agropecuario, Oscar Osorio, para explicar el éxodo del campo a la ciudad.

El ministro afirma que en estos momentos las personas que se dedican a producir en el campo son personas de más de 55 años. Las nuevas generaciones, los hijos de los campesinos, están dispersados por una capital que crece a pasos largos hacia el este y el oeste.

Osorio recomienda a los productores que cambien los modelos productivos de antaño por los sistemas tecnológicos que hacen la tierra más rentable. ‘En este momento hay 6,000 personas que ordeñan a mano, aún cuando la máquina es más eficiente. ‘Si un trabajador va engomao le puede dañar la teta a la vaca. Con la máquina no pasa esto porque trabaja siempre con las mismas condiciones’.

Sin embargo, esta implantación de la tecnología en los campos agropecuarios podría traer consigo una reducción considerable en la ya mermada masa laboral campesina.

En la historia del istmo, más que los inventos tecnológicos pensados para mejorar el agro, son los megaproyectos los que atraen la mano de obra de las provincias. Ya ocurrió cuando continuó la construcción del Canal por los estadounidenses, sostiene el profesor e investigador Marco Gandásegui en su libro La Fuerza de Trabajo en el Agro.

Otro factor que expone el profesor es que el empleo en el agro es de tiempo definido; es decir, se contrata a los trabajadores para periodos de zafra o cosecha. El personal de planta que podría beneficiarse con contratos más prolongados es muy poco.

Uno de los sectores que han empleado a una gran cantidad de trabajadores ha sido el cultivo de guineo para la exportación. En los años 70, en los alrededores de las plantaciones de banano se levantaron infraestructuras similares a las de las caberas de provincia. El banano, en zonas como Barú, provincia de Chiriquí, quedó en quiebra, y años después inició la reconversión de las plantaciones: donde hubo banano ahora hay palma aceitera, así hasta 40,000 toneladas métricas en los últimos dos años, según el Mida.

EFECTO CASCADA

¿Habrá empleos sostenibles para esa cantidad de jóvenes que dejan las provincias para afincarse en la capital?, es una de las preguntas que se hace el consultor en Reinserción Laboral y Autogestión Sostenible, René Quevedo.

Quevedo intenta imaginar qué pasará cuando terminen las obras estatales que se construyen en diversos puntos, como la ampliación del Canal y la construcción del Metro.

Cuando esto ocurra, una gran parte de los 23,000 jóvenes que migraron ya tendrán familias que mantener y demandarán una serie de inversiones de parte del Estado, como carreteras, centros de salud, acueductos o escuelas, entre otros.

¿Está el Gobierno pensando en generar nuevas oportunidades de ingresos dignos para cuando terminen estos proyectos?, ¿qué pasará si no se tienen esas plazas de empleo?, ¿volverán nuevamente al campo?, se pregunta Quevedo.

DIVISIONES, CATEGORÍAS Y MENOS INGRESOS

Cada dos años, de no ocurrir algo extraordinario, Panamá revisa el salario mínimo del sector privado. Una comisión de empleadores, gobierno y empresarios recorren el país para luego sentarse a discutir en el Ministerio de Trabajo cuánto deberá ganar un trabajador en la pequeña, mediana y gran empresa, por actividad comercial.

La última fijación de salario, hace dos años, la hizo el mandatario Ricardo Martinelli porque la comisión no pudo acordar la cifra. En se entonces, se dio un gran salto al eliminar la zona tres, quedando solamente la zona uno y la dos. La aspiración de los sectores laborales era que se quedará solamente con la zona uno.

‘Para ambas zonas, el rango varía según actividad y tipo de ocupación, con trato especial a las pequeñas empresas y al sector agropecuario’, decía la ministra Alma Cortés al anunciar el incremento entre el 15% y el 18% que rige actualmente. Pero Quevedo sostiene que no existe información concreta sobre cuánto se paga en el campo.

La referencia para ver cómo anda el sector, dice el consultor, es la Encuesta de Propósitos Múltiples de la Contraloría General de la República correspondiente a marzo 2013. Podría afirmarse que mientras más apartada es la zona, menos ingresos obtienen los trabajadores por jornada. Los números que presenta el ente fiscalizador son: $204 en la comarca Guna Yala, $338 en la Emberá y $270 para la Gnäbe Buglé. El salario de las provincia va desde $315 hasta $514 mensuales.

Mientras continúa la migración diaria a la capital, dirigentes sindicales como Rafael Chavarría, volverán a plantear que se tenga una zona única de trabajo, para que no hayan ‘obreros de primera y segunda’ y para que los campos no se queden sin su gente.

Busque mañana: De la nevera al cesto de la basura.