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23 de Apr de 2021

Política

Turismo residencial rural, ¿desarrollo para quién?

Alrededor del mundo –en oficinas de gobiernos, empresarios, y las ONG, así como también en casas de quincha– la gente ha estado buscand...

Alrededor del mundo –en oficinas de gobiernos, empresarios, y las ONG, así como también en casas de quincha– la gente ha estado buscando maneras de acceder a capital a través del turismo. Los gobiernos lo promueven como un medio para alcanzar crecimiento económico, modernización y ’desarrollo’. Para las áreas rurales, se alega que el turismo puede incrementar los ingresos y las plazas de trabajo, atraer inversiones, y, por lo tanto, mejorar el bienestar de la población rural pobre.

Panamá ha estado a la vanguardia de esta tendencia. Desde principios de 1990, el gobierno ha desarrollado una serie de fuertes incentivos para atraer turistas, inversionistas, y vendedores de bienes raíces extranjeros, incluyendo las regulaciones relajadas para la inversión e inmigración, atractivos incentivos fiscales, e incentivos financieros. Fue un triunfo.

En el año 1999, menos de la mitad de un millón de turistas vinieron a Panamá; en 2011 llegaron más de 1.4 millones. Es más, el turismo ha sido clave para el éxito económico nacional actual de Panamá. Para 2010, el turismo estaba generando el mayor ingreso de todos los sectores económicos, y contribuyendo así con una de las tasas de crecimiento económico más altas en América Latina: en el 2011 y 2012 logró más del 10%.

¿DESARROLLO PARA QUIÉN?

Así, el turismo en Panamá está generando enormes riquezas y divisas extranjeras. ¿Está contribuyendo a mejorar el bienestar de la población rural pobre? Es una pregunta crucial, dado que en 2011 casi la mitad (45%) de la población rural de Panamá vivía por debajo del umbral de pobreza, y más de un cuarto (27%) vivía en extrema pobreza.

Para comenzar a abordar esta pregunta, podemos repasar estudios recientes de científicos sociales que examinan los impactos locales de turismo residencial en dos de las áreas más promovidas por el gobierno, Boquete y Bocas del Toro. Turismo residencial donde las personas relativamente bien acomodadas, en busca de mejor calidad de vida, compran terrenos y/o viviendas en una nueva ubicación y se mudan allí por periodos variables de tiempo.

Los estudios documentan la espectacular riqueza generada por el turismo residencial en los dos lugares desde 2000. Sostienen, sin embargo, que la mayor parte de esta riqueza cae en manos de los turistas ricos, inversionistas, promotores inmobiliarios, y especuladores, tanto extranjeros como panameños.

Aunque algunos residentes locales también se benefician de poder aprovechar las nuevas oportunidades creadas por el turismo, la mayoría de los locales carecen de los recursos (capital) o habilidades (el inglés) necesarias para el éxito.

Al mismo tiempo, el turismo residencial crea problemas nuevos para esta mayoría. Por ejemplo, hay un aumento de puestos de trabajo, especialmente en la construcción, pero frecuentemente son de tiempo parcial y temporal.

Además, enfrentan la pérdida de terrenos, el creciente costo de vida, y un decaimiento de la calidad de vida social y ambiental. Otros impactos profundos que afectan la vida cotidiana han sido el aumento notable de conflictos sobre los terrenos y la desigualdad.

Como parte de un estudio antropológico en curso por 40 años, he documentado ciertos hallazgos similares en Loma Bonita, una pequeña comunidad en las montañas de la provincia de Coclé.

Desde 2000, cuando una nueva carretera pavimentada abrió los terrenos del área a forasteros más ricos, el turismo residencial ha seguido lentamente a través de la comunicación oral, ‘de boca en boca’, en lugar de los incentivos gubernamentales.

Los pequeños agricultores de Loma Bonita, como muchos de Boquete y Bocas del Toro, han tenido que vender sus terrenos a precios bajos porque no tienen títulos legales o información sobre mercados de tierras.

El dinero recibido de estas ventas les ayuda a cubrir algunos gastos inmediatos, pero el turismo residencial está generando nuevos problemas a largo plazo. Hay un alza del precio de los salarios de jornaleros y de los terrenos, y un gran aumento de conflictos sobre los terrenos dentro de las familias de la comunidad, y entre ellos y los compradores de afuera. A la vez, el aumento de la desigualdad está transformando la vida comunitaria.

Por un lado, el turismo residencial está reforzando las desigualdades preexistentes de género y económicas. Por ejemplo, cuando los forasteros pagan más del salario local a los peones de Loma Bonita, aumenta el costo de la mano de obra para todos.

Esta alza salarial perjudica mayormente a las familias más pobres que no pueden pagar más. Por otro lado, la presencia de forasteros más ricos en Loma Bonita está introduciendo las diferencias de clase por primera vez en la historia.

De ambos lados he escuchado elogios al otro. Pero más frecuente, escucho oposición. Un comprador me dijo que los trabajadores de Loma Bonita, ‘quieren comodidades sin tener que trabajar…’. Y un residente local, expresó así su resentimiento: ‘La electricidad se acerca, pero son los rabiblancos…que se beneficiarán primero… porque nosotros no tenemos dinero…’.

DESARROLLO, ¿HASTA CUÁNDO?

Un vistazo a estos tres casos da pausa a la noción de que el turismo residencial puede mejorar el bienestar de la mayoría de la población rural y pobre. Al contrario, está transformando comunidades en formas que añaden nuevos y profundos problemas a los problemas preexistentes.

Estos problemas tienen implicaciones nacionales. El turismo residencial extrae terrenos previamente destinados a la agricultura, lo cual disminuye la cantidad de tierra dedicada al cultivo. Y disminuye la mano de obra agrícola, convirtiendo a agricultores pequeños en trabajadores migrantes no agrícolas que participan típicamente en trabajo inestable.

Dado el aumento de dificultades económicas en sus comunidades rurales, incluyendo los conflictos familiares, y la desigualdad, estos migrantes son menos propensos que sus predecesores a poder regresar a casa cuando necesitan un refugio o apoyo económico. ¿Qué va a pasar en las ciudades y pueblos de Panamá cuando los emigrantes no puedan regresar a ’casa’? El turismo residencial, por tanto, no parece ser una estrategia de desarrollo sostenible para el futuro de Panamá.

ANTROPÓLOGA