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21 de Apr de 2021

Política

Mujeres afro: Pobreza, exclusión y marginalidad

El pasado mes de diciembre, la Asamblea General de la ONU adoptó por consenso una resolución que establece el Decenio Internacional de l...

El pasado mes de diciembre, la Asamblea General de la ONU adoptó por consenso una resolución que establece el Decenio Internacional de los Afrodescendientes a partir del 1 de enero de 2015 hasta el 31 de diciembre de 2024, cuyo lema será: ‘Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo’, tomando en cuenta que todos los seres humanos nacen libres, con igualdad de derechos y dignidad.

La resolución de la ONU, sin lugar a dudas, reconoce formalmente una realidad palpable que aún viven millones de personas de descendencia africana, debido sobre todo a la existencia de diversas formas de racismo, discriminación, xenofobia e intolerancia heredada de un pasado colonial y violan sus derechos humanos.

POBREZA Y MARGINALIDAD

La realidad que ha caracterizado a la población afrodescendiente y en particular las mujeres negras a América Latina ha sido la pobreza, la exclusión y la marginalidad. Todavía vivimos la secuelas de la esclavitud y el tráfico trasatlántico de africanos y africanas. Y a pesar de que se trata de una población cuatro veces mayor que la indígena, su situación ha permanecido invisibilizada en toda la región. Hay que reconocer que esto se debe, en parte, a que la población afrodescendiente, a diferencia de los indígenas, ha estado menos organizada en función de sus problemas e intereses comunes; y por otro lado, su situación social ha sido tratada como un problema poco relevante al no contar con indicadores y registros oficiales que muestren la realidad.

De acuerdo con estimaciones realizadas por algunos organismos internacionales, como las Naciones Unidas, CEPAL, el Banco Mundial y el BID, se estima que los afrodescendientes en América Latina representan por lo menos un tercio de la población total: unos 200 millones de personas. De ellos se calcula que más del 50% viven en condiciones de pobreza, y por lo menos la mitad somos mujeres. Desde todo punto de vista, las mujeres y niñas afro-descendientes son las más afectadas con esta situación, dadas las condiciones de vulnerabilidad y riesgo permanente en que se encuentran debido a diversos factores estructurales y culturales.

La mayor parte de las poblaciones negras están localizadas principalmente en las zonas costeras de América Latina y del Caribe debido a factores históricos. No es casual que las áreas donde se localizan sean las más pobres, las más aislada, marginadas y donde se reporta un menor grado de desarrollo. En dichas áreas los residentes están expuestos a inseguridad, violencia y a las más precarias condiciones socioeconómicas. Así mismo, las y los afrodescendientes están concentrados en bolsones de pobreza de las zonas urbanas, en áreas marginadas o tugurios alrededor de las principales ciudades.

Las poblaciones afrodescendientes en todos los países se caracterizan por tener necesidades básicas insatisfechas que afectan con mayor intensidad a las mujeres y niñas afrodescendientes. Existe grandes carencias de servicios básicos, niveles educativos bajos, altos índices de deserción escolar, alta incidencia de embarazos en adolescentes, hogares numerosos con altos porcentajes de jefatura femenina, insalubridad, hacinamiento habitacional e ingresos que están muy por debajo de la línea de pobreza.

Entre las necesidades prioritarias de las mujeres afrodescendientes se incluye la falta de atención a su salud sexual y reproductiva, alta incidencia del VIH, violencia doméstica y de género, educación formal de baja calidad, diversificación de sus vocaciones técnicas, y mayor acceso sin discriminación al mercado de trabajo formal y no tradicional.

TRABAJO Y GENERACIÓN DE INGRESOS

El desempleo y el subempleo son una constante entre la población afrodescendiente. En estudios realizados en comunidades centroamericanas con importante porcentaje de afrodescendientes se pudo verificar que cerca del 45% de la población económicamente activa no tenían acceso a un trabajo asalariado, en el 50% de las familias se dependía de un solo salario, y el 6% depende completamente del sector informal (servicios personales o domésticos). Otro sector importante de las familias depende de remesas que les llegan del extranjero. (BID, 2004)

Las mujeres afrodescendientes, que en un alto porcentaje tienen una baja escolaridad, generalmente realizan los trabajos menos remunerados y en las peores condiciones laborales. Son muy pocas las mujeres afrodescendientes que logran alcanzar posiciones de mando y poder y cuando esto ocurre generalmente se le somete a pruebas difíciles que tienen que superar.

En la mayor parte de las comunidades afrodescendientes localizadas en áreas inaccesibles e incomunicadas del litoral Atlántico y Pacífico, los niveles de educación básica operan en condiciones de inferior calidad con respecto al promedio del país. La educación que reciben no les da ninguna posibilidad de obtener un empleo digno y bien remunerado. Generalmente se les hace muy costoso adquirir una formación técnico-profesional, secundaria o universitaria, están obligados a trasladarse a otras áreas para completar sus estudios, lo que conlleva costos para su transporte, alimentación y alojamiento que no pueden pagar.

RACISMO Y DISCRIMINACIÓN RACIAL

La discriminación racial tiene diversas modalidades. Esta se manifiesta en forma sutil y abierta. Las formas más frecuentes de discriminación incluyen la excusión de empleos, malos tratos y lenguaje despectivos mediante el uso de expresiones racistas.

A los afrodescendientes, y en particular a las mujeres negras y jóvenes, se les discrimina a la hora de buscar un empleo. Ante la mirada indiferente de las autoridades, se limita su acceso a sitios públicos que continúan utilizando eufemismos racistas y excluyentes de las personas negras, tales como letreros que dicen ‘Reservamos el Derecho de Admisión’; sitios exclusivos VIP; también en anuncios clasificados se habla de ‘Residencial exclusivo’; ‘Condominio exclusivo’ y se solicita empleados/as con ‘Buena presencia’, cuando se trata de puestos para atención del público, igualmente, aún se exige una fotografía en la solicitud de empleo.

Todos estos son mecanismos sutiles que limitan el acceso de las personas negras, son prohibidos por la Convención Internacional Contra la Discriminación Racial (CERD), porque violan la dignidad y los derechos de las personas, ya que se basan en prejuicios y estereotipos racistas.

No debemos perder de vista que el racismo es una ideología impuesta por un grupo dominante, que está cultural y socialmente arraigada en la conciencia de las personas y por diversos mecanismos se sigue reproduciendo y sustentando en la creencia de la ‘supremacía blanca’.

FORTALECER EL LIDERAZGO DE LOS AFRODESCENDIENTES

Ante este panorama es urgente la necesidad de que los afrodescendientes se organicen, que asuman un mayor liderazgo y la responsabilidad histórica de incidir en las instituciones democráticas para promover el desarrollo y la inclusión de las poblaciones afrodescendientes y elevar su calidad de vida. Es imprescindible trabajar arduamente para asegurar un futuro mejor a sus hijos e hijas, y a todas las próximas generaciones, donde se respeten los derechos humanos de los afrodescendientes. Donde no falte la alimentación, ni la vivienda, donde la salud y una buena educación estén garantizadas y no se le discrimine ni se les trate como ciudadanos de segunda categoría por su condición racial o de género.

SOCIÓLOGA