21 de Feb de 2020

Política

El poder constituyente y la cultura política en Panamá

La percepción de la corrupción y la secular deficiente institucionalidad del país contribuyen al desafecto con el sistema político.

Detrás de todo diseño constitucional, a diferencia de lo que usualmente se cree, no hay juristas.

Ellos las escriben, pero detrás de los textos están siempre las fuerzas sociales más importantes de la sociedad en un momento dado.

Fuerzas que expresan las características fundamentales de la estructura social, y es desde ella donde se explica la forma mediante la cual estos sectores se articulan a los factores de poder tanto en lo económico como en lo político.

Por estas razones, algunos de dichos sectores constituyen invariablemente las fuerzas estratégicas de una sociedad. Sin embargo, la manera como el poder se nos presenta como poder codificado (Constitución y leyes), crea la imagen equivocada que son los juristas los que lo construyen.

Con todo, desde la teoría política existen maneras de develar lo que el poder generalmente oculta e identificar los temores que aquejan a quienes lo ejercen cuando se invoca al soberano como depositario último del poder legítimamente constituido.

Ello sucede cuando se alude al ‘poder constituyente', como la construcción de un nuevo pacto político social de quienes ostentan la conducción intelectual y moral en una coyuntura determinada de la sociedad.

Esto es lo que se conoce como hegemonía política, y esta es la razón mediante la cual el bloque de fuerzas que la configura no podría bajo ningún aspecto imponer modalidades de debate y aprobación no democráticas, si el nuevo diseño constitucional es de naturaleza profundamente democrática.

El problema no está en articular una multiplicidad de voluntades dispersas con objetivos heterogéneos en torno a la idea política: poder constituyente. Sin embargo, para que esta idea fuerza sea compartida por distintos sectores —no importa lo diversos que sean—, y pueda ser convertida en una voluntad política que se exprese a través de un vínculo hegemónico, tiene que instalarse esta idea en el centro de la cultura política e ideológica de una sociedad.

Y esto es lo que no ha sucedido pese a existir condiciones favorables. Veamos esto.

LA CULTURA POLÍTICA

Hay distintas aproximaciones teóricas –como es usual— al concepto de cultura política. Sin embargo, se insiste que ella contiene en su definición aquellos elementos que son el producto de la historia colectiva de un sistema político.

También es el resultado de las historias personales de los miembros de dicho sistema; y del papel que en ellos juegan la escuela y los medios de comunicación.

Cotidianidad y subjetividad construen los diferentes niveles de significación (valores y actitudes) mediante la cual los panameños y panameñas establecen su condición ciudadana, y con ello legitiman o no un sistema político determinado.

Los temas de legitimación son importantes, ya que la cultura política al estar orientada también en torno a instituciones y procedimientos, permite identificar en el ciudadano la percepción de problemas políticos y establecer un rango posible de acciones, en función de la estabilidad institucional o el desafecto. ¿Cuál es la cultura política del panameño y panameña?

De acuerdo al Barómetro de las Américas (2013) y a los estudios LAPOP ( Latin American Public Opinion Project) que realiza la Universidad de Vanderbilt, se define ‘legitimidad política' en relación al ‘apoyo de los ciudadanos al sistema político y la tolerancia a los derechos políticos y la participación de otros'.

Siendo este indicador central en la medición de la cultura política, el informe coloca a Panamá en una escala de 0-100, como el segundo país con el menor apoyo al sistema político (43.9). Acompañan a Panamá en los últimos lugares Honduras (41.4) y Haití (44.9).

Desagregando el indicador en sus componentes (cinco), los valores de Panamá están por debajo de la mitad de la escala (0 a 100), en negativo. Ver cuadro.

Refuerza lo anterior, el descenso del apoyo al sistema político: entre 2010 y 2012 –de acuerdo al estudio—, el apoyo al sistema político se redujo en 15 puntos (2004: 52.6; 2006: 46.6; 2008: 49.2; 2010: 60.2; 2012:44.6). Contribuyen a este desafecto con el sistema político, el aumento de la percepción de la corrupción y la secular deficiente institucionalidad política del país.

DESAFECTO Y DESMOVILIZACIÓN

La manera mediante la cual la población del país evalúa en disímiles escalas el mundo político, tiene que ver con una complejidad de sentimientos de agravio o de confort que no siempre devienen en las necesarias condiciones políticas para que se genere la inevitable movilización orientada a proponer una nueva constituyente.

Adicionalmente, si consideramos que instituciones públicas —en una escala de 0 a 100— como partidos políticos (37.0); Asamblea Nacional (38.4); Presidente (38.8); Alcaldía (44.7); Corte Suprema (46.1) se encuentran en estos fuertes niveles de desconfianza, tenemos el panorama casi completo.

No es posible desconocer el impacto que tienen las diferentes percepciones de legitimidad política, en la producción y en el intercambio de significaciones que tienen lugar en los distintos estratos y actores de la población.

Para que una situación determinada pueda ser percibida como insoportable y genere las acciones –políticas y organizativas— tendientes a darle solución a dicha situación, se requiere de algo más que malestar.

Sin embargo, pareciera que es la desconfianza en los diferentes actores públicos y en el sistema político en su conjunto, lo que impide que la insatisfacción generalizada se traduzca en la posibilidad de voluntad política.

Este es el problema crucial de la convocatoria a un poder constituyente: no ha llegado el actor político (partido o movimientos) con la credibilidad y ascendiente cultural e intelectual para mover el país en esa dirección.

EL TAPÓN

Si por una parte, la cultura política del panameño y de la panameña expresa un ‘desencanto' hacia las instituciones públicas, la cultura institucional se orienta y se configura utilitariamente.

La cultura institucional republicana en la primera mitad del siglo pasado en nuestro país, era la de los abogados, notarios y contadores públicos autorizados.

A la vuelta del primer cuarto del siglo XXI, en la cultura institucional pública persisten las prácticas abogadiles empapeladas ahora por el lenguaje pomposo que justifica desaciertos institucionales con tecnicismos procedimentales; los notarios sustituidos por los financistas, que establecen en el espacio público el ámbito de su lucro.

Y los contadores públicos sustituidos hoy por empresarios -tecnócratas, que hacen de la política pública— al incrementar sólo su aspecto técnico— el espacio del cálculo pragmático y de los rendimientos decrecientes. ¿Qué hacer?

MISIÓN Y VISIÓN DE FLACSO

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) es un organismo regional, instituido por la UNESCO para impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de las Ciencias Sociales.

El Programa FLACSO-Panamá busca dotar a la población de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.