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26 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Nuestra política y el mundo

Estamos inmersos en una campaña electoral aldeana. Abordando nuestros problemas locales. que sin duda tienen gran trascendencia para nos...

Estamos inmersos en una campaña electoral aldeana. Abordando nuestros problemas locales. que sin duda tienen gran trascendencia para nosotros, pero poco estamos viendo nuestra región, los violentos cambios económicos que nos manejan, las crisis partidarias continentales y cómo vamos a defenderos para sobrevivir.

El capitalismo salvaje con libertinaje desrregulado creció aceleradamente con tecnología, experiencia y habilidades; pero también con especulaciones, explotaciones e injusticias. Ese supuesto éxito trajo los fondos de Oriente y Medio Oriente. Se saturó el mercado.

Se infló de tal manera que los bancos no sabían qué hacer con los flujos. Se vieron obligados a un pseudo populismo paternalista. Les dieron préstamos leoninos a países que no le han podido devolver y a deudores de hipotecas que no las podían cubrir.

Como no le pudieron pagar, se cortó el flujo de retroalimentación, no vino dinero de vuelta y vino la aparente quiebra. Como dicen en Chile, “se pisaron la huasca (rejo)”. Viene otro factor. La competencia. El más grande se come al más chico.

La mano invisible del mercado resultó una fantasía. No era tan invisible. En vez de ser los consumidores, eran los grandes consorcio y prestamistas.

A los inversionistas de Asia se les contrajeron los dólares, y para prolongar la agonía, el Estado es llamado a salvar el capitalismo, pero no a las víctimas explotadas. No es que el capitalismo no produzca, sino que lo acumulan en una canibalezca competencia. Resultado: inmensamente ricos y gran cantidad de pobres.

Los partido políticos se han convertido en instrumentos de los malos e incapaces comerciantes. Donaciones, coimas, tráfico de influencias, subsidios, compras directas, licitaciones fraudulentas, uso de información calificada, presupuestos politizados, demagogia, corrupción, desaparición de partidas — cadáveres y muñecos de bronce— son las herramientas que han desprestigiado a muchos partidos.

Cuando aparecen nuevas corrientes, cuando el pueblo cansado toma conciencia y camina con nuevas formas de lograr desarrollo social y beneficio nacionalista pretende satanizarlo y meter miedos infundados. Las dictaduras apoyadas por el mal capitalismo encarceló, exiló, torturó, asesino, desapareció ciudadanos (Torrijos).

Miremos al sur socializante, y veamos si en algún lugar se está dando esa tragedia. Las ideologías que deben mover los partidos políticos, deben ser retomadas y respetadas. Ser verticales y leales a los principios y metodologías.

El Pueblo ha dicho: congelen los precios de la canasta básica, intervengan las empresas de energía, dar gratuidad a los corredores, aumenten los sueldos, revisar la deuda externa, garantizar la neutralidad y soberanía económica (pajes del Canal).

En nuestra relación con el comercio mundial, actuar sin dependencia a consorcios que están en crisis; y con autoestima, sin complejos y valorizando nuestra posición geográfica; tomemos acciones firmes más favorables al país.

No somos sólo una tierra de atletas y artistas. Vayamos a un auténtico nacionalismo panameño.

Valorizar nuestra política electoral. Los partidos políticos deben volver a sus raíces. Se deben dejar de seguir con propagandas baratas, encuestas amañadas y engañando con la política del dinero.

El pueblo tiene que tomar conciencia de su fuerzas, para decidir nuestro propio destino como país. Si esto no se da seguiremos siendo dependientes, usados manipulados y víctimas de los teóricos monetaristas transnacionales.