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23 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Hace 40 años

El 11 de octubre de 1968, militares panameños, debidamente avalados por la agenda regional de EEUU, irrumpen en la administración del Es...

El 11 de octubre de 1968, militares panameños, debidamente avalados por la agenda regional de EEUU, irrumpen en la administración del Estado y asaltan el poder político para dar inicio a la época más oscura, represiva y violatoria de derechos humanos de nuestra historia republicana.

Fue justamente durante esos 21 años que se concibió, ejecutó y profundizó el denominado “juega vivo”; conducta que logró penetrar en casi todos los estratos sociales y que ahora cargamos como una cruz que no nos deja avanzar como país, con una población sin la suficiente cultura general y política para poder salir del subdesarrollo. Entre otras razones, por las dos décadas de atraso político que tuvimos. No podría decir que todo fue malo durante la dictadura. De los pocos logros que se le pueden atribuir está el hecho cierto de una clase media baja profesional que pudo acceder al poder político del Estado, situación que le estaba prácticamente vedada antes de 1968.

Pero como no todo podía ser perfecto, estos civiles de aquella clase media en ascenso, que se pusieron al servicio de los militares, hicieron uso de sus talentos en positivo, para modernizar el país, en negativo, para sustentar la dictadura política e ideológicamente y desde esa sustentación consolidar dicha autocracia.

Pero en fin, de eso pudiéramos, todos, hablar y escribir tanto que no es a lo que me quiero referir. A donde quiero llegar, pensando en los 40 años pasados, es a la reflexión o pregunta ¿habremos los panameños aprendido la lección? ¿tendremos todas las válvulas de seguridad, como sociedad, para no repetir aquella pesadilla de 1968 a 1989? Buena parte de las respuestas a estas y otras preguntas afines al tema la podemos dar nosotros mismos como ciudadanos, la otra, la tiene la clase política panameña. Sería interesante conocer cuál es la visión de país que tenemos los panameños y cuál la de los políticos. Probablemente hay afinidad o tal vez no; y si la respuesta es no, en qué podrían radicar las diferencias de unos y otros. Pero creo que la respuesta es no.

Lo anterior me atrevo a afirmarlo porque es evidente la diferencia de visiones (de país) que hay entre, por ejemplo, los miembros del PRD y el resto de los partidos políticos o lo que es igual, los denominados de oposición. Aunque en honor a la verdad, tengo que reconocer que el PRD durante y después de la dictadura siempre ha tenido su propia visión y agenda, no así el resto de los partidos, cuyo único objetivo es ganar elecciones para después sólo administrar el poder, pero sin rumbo y objetivos específicos. De hecho esa es una de las principales razones, en mi opinión, del porqué les cuesta tanto armar alianzas, justamente porque no tienen un proyecto compartido.

Si 40 años más tarde los sectores democráticos (dentro de los cuales no incluyo al PRD por su génesis) no han entendido el peligro que es para la democracia no tener un proyecto y una visión de largo plazo para el país, es por lo que me aterra pensar que la lección no fue debidamente aprendida. Mientras que para unos el objetivo sólo sea ganar elecciones y no procurar mejor calidad de vida y lo que ello conlleva para las familias más humildes de este país y que como consecuencia de su peso y tamaño los otros sigan siendo una máquina de generar votos, pero con una visión no compartida por el resto de la sociedad, parece que estaremos condenados a un círculo vicioso que podría generar, en poco tiempo, nuevas corrientes antisistemas que nos hagan regresar a aquella desgracia política ya vivida.