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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cultura democrática

El Barómetro de las Américas es un documento que todo ciudadano preocupado por su país debe tener. Es un estudio de la cultura política,...

El Barómetro de las Américas es un documento que todo ciudadano preocupado por su país debe tener. Es un estudio de la cultura política, de la democracia, en nuestro país y el impacto de la gobernabilidad.

Hoy sólo me enfocaré en un aspecto, el índice de confianza del ciudadano. Este puntos la muestra ubica a los partidos políticos en el último lugar con 36.1%, incluso debajo de la Asamblea Nacional.

De este informe se desprende que existe una “anomalía interesante, cuando el 67.9% de los entrevistados dice no tener simpatía por algún partido político, sin embargo, más del 60% de los electores que — forman la base para la muestra de nuestra encuesta — están inscritos en partidos políticos”. Aunado a ello, los consultores Pérez y Seligson dicen que los panameños “ ...expresan altos niveles de insatisfacción en cómo funciona la democracia en Panamá”.

Llama poderosamente la atención lo anterior, porque en nuestro país tenemos aproximadamente 1,318,645 habitantes en partidos políticos. Es decir que al mismo tiempo que mostramos desconfianza en los partidos, proporciones guardadas según la población, Panamá tiene un nivel de participación en partidos más alto que una democracia consolidada como Chile.

¿Cómo se explica eso? Algunos comparten la idea de que eso responde a que el ciudadano no desconfía del sistema democrático, ni en los partidos en sí, sino de los políticos, y más allá, desconfía del viejo estilo de hacer política. Otros opinan — a mi parecer también acertadamente — que en Panamá la tónica es el clientelismo político como producto de una inscripción de conveniencia, por diversos motivos y no necesariamente por una afiliación de conciencia o por ideología, resultando en un espejismo al momento de las elecciones generales. ¿Cómo vamos a cambiar las cosas? Recordemos que todavía quedan aproximadamente 900,000 que no estamos inscritos en un partido. O sea, casi la mitad de los electores somos independientes, las personas pensantes que definen el resultado de una elección.