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01 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Campaña aburrida

Utilizo la expresión “aburrida”, porque la única intensidad que ha tenido esta campaña ha sido el proceso de descalificación entre los t...

Utilizo la expresión “aburrida”, porque la única intensidad que ha tenido esta campaña ha sido el proceso de descalificación entre los tres candidatos. Lo que más hemos podido escuchar son las razones que el uno da contra el otro para no favorecerle con el voto; pero lo que menos se dice es cuáles son las diferencias de forma y de fondo en el planteamiento que cada uno hace sobre sus propuestas.

El asunto es tan grave, en mi opinión, ni siquiera Guillermo Endara, ex presidente de la República, independientemente de sus posibilidades, ha logrado articular una propuesta que mueva a la discusión, a pesar de ser el que más experiencia tiene de los tres en lo que a ejercer el cargo se refiere.

Pero si con Endara sorprende, no menos ocurre con Balbina Herrera, de quien nadie puede cuestionar su experiencia acumulada en materia de servicio y administración pública. Alcaldesa, legisladora y ministra de Estado son los cargos que destacan en su vida pública. Sin embargo, no ha podido encontrar una propuesta que genere un debate en la opinión pública y que a su vez pueda ser contrastada con la que proponen sus adversarios.

Es más, algunas de las que ha esgrimido felizmente no han generado la polémica deseada como la “.. disciplina militar” que en boca de una candidata del PRD debería activar las alarmas civilistas, pero ni eso ha ocurrido.

De otra parte, está la campaña de Ricardo Martinelli quien ha presentado un rosario de propuestas en distintas direcciones en varias de las facetas de la vida nacional, pero al igual que sus contendores, con ninguna ha logrado generar que la sociedad gire sus análisis y discusiones como para concluir que esto o aquello es lo que nos conviene. Y eso que Martinelli también tiene experiencia en el servicio público, menos que sus rivales, pero la tiene. Es decir, ninguno de los tres podría argumentar que si gana hay que darle tiempo para aprender el desempeño del cargo; justamente por eso me asombra que no hayan logrado inspirarse en aspectos de fondo en lo que a la modernización del Estado se refiere.

Ahora bien, en justicia no le puedo endilgar toda la responsabilidad de que esta campaña sea aburrida a los candidatos. La mayor cuota de responsabilidad la tenemos los electores al no tener precisión en qué es lo que queremos o hacia dónde deseamos que gire el rumbo del país. El país no va a cambiar porque alguien elimine las botellas, eso será aplaudido, pero solo resuelve una situación de forma y no de fondo. Igual ocurre con el tema de si es un metro o un monorriel, sí, tal vez lo uno o lo otro resuelva el problema del transporte público, pero ¿será eso lo único que hay que solucionar? Porque si lo único que hay que resolver es que la gente llegue más temprano a su trabajo y a sus casas entonces hagan lo que hay que hacer, pero creo que el asunto es más grave que eso. De qué me vale llegar más temprano a mi casa si el salario no me alcanza, no puedo darle una buena educación a mis hijos, ni aspirar a una vida decorosa, no tengo garantizadas mis prestaciones médicas y además creo tener certeza de que cuando me retire mi calidad de vida se verá disminuida.

Las campañas de 1984 y 1989 tuvieron como motivación la lucha de la democracia contra la dictadura. Las de 1994 y 1999, entre otras cosas, sirvieron para que las denominadas terceras fuerzas comenzaran a emerger como una opción frente al tradicionalismo político, que sin duda ya está en crisis. Es por ello que ésta (la de 2009) debió ser la de las propuestas, que aun no llegan, porque la población no las exige.

-El autor es profesor y analista político.ecabrera@wpanama.com