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24 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Liderazgo político del cambio

Con redoblada frecuencia nos referimos a la necesidad de ser proactivos. En otras palabras, actuar en vez de reaccionar como nación fren...

Con redoblada frecuencia nos referimos a la necesidad de ser proactivos. En otras palabras, actuar en vez de reaccionar como nación frente a las contingencias globales. Ante la muy seria amenaza de una epidemia mundial de gripe porcina, por ejemplo, aquellos países que adopten medidas correctivas inmediatas (y entiéndase bien que todos tendremos que hacerlo ahora o después) serán beneficiados por la oportunidad de pautar gratuitamente su imagen, no sólo como nobles paladines comprometidos con el bienestar de su población, sino también, entre otros, como aventajados destinos turísticos en detrimento de aquellas naciones con tardías metamorfosis.

Es aquí donde se visualiza la diferencia entre adalides y países mediocres. En los albores del siglo XXI, ya es hora de que Panamá ingrese al primer grupo. Para ello, la administración del Estado debe ser liderada por un ejecutivo competente, con visión de estadista, rodeado de un equipo de genuinos peritos, cuyo amor por la patria y vocación de servicio a sus compatriotas sirvan de faro a sus acciones.

La última edición del Diccionario de la Real Academia Española define líder como persona a la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora. Nos resulta de cabal importancia visualizar a nuestro presidente como un orientador. Una brújula que domine las acciones cotidianas de nuestro quehacer. Un profesional exitoso con verdadera vocación social para frenar las vergonzosas diferencias de ingresos que nos señalan como uno de los países de mayor disparidad en el globo. Un líder que ensanche los horizontes de nuestra Liliputiense progresión brindando soluciones reales a nuestros problemas y una red vial, aérea y portuaria que permita el integro desarrollo de la nación.

No es perfecto Ricardo Martinelli, y así lo ha reconocido una y otra vez. Pero sí es Ricardo lo más cerca al visionario que Panamá a gritos necesita. El metro, las autopistas, los aeropuertos internacionales, los polos de desarrollo fuera de la ciudad capital, estos son todos elementos de una propuesta para un verdadero cambio, como resultados de la implementación de políticas de cambio verdadero que nos induzcan a un permanente desarrollo para el bienestar social de todos los panameños.

El pasado domingo, durante el cierre de campaña de la Alianza por el Cambio, tuve la oportunidad de conferir con compatriotas de distantes rincones del país. Entre otros, departí con una eufórica Mariela Samaniego, fiel representante de nuestra etnia kuna; al igual que don Dionisio Troncoso, orgulloso campesino de nuestra campiña herrerana. Sus rostros reflejaban un anhelo y una dulzura de carácter poco vistos en actos de esta naturaleza, caracterizado por sus vivarachos ojos maquillados por una espontaneidad y derroche de entusiasmo durante esa calurosa tarde de cambio de estación donde privó el licor. “No nos va a caer ni un bajareque”, exclamó don Dionisio, observando al cielo, como augurando que hasta Dios estaba festejando.

Este fin de semana tendremos la oportunidad de desplazar a los mediocres que han mal administrado la nave estatal por tantas décadas. Los compatriotas decentes, que somos mayoría, tenemos bien claro el paso a seguir: el voto Martinelli en plancha, para evitar más bajareques de corrupción y encaminar a la Patria por el sendero del progreso. ¡Es esta la esencia del verdadero cambio!

-El autor es especialista en turismo.panamaallinone@yahoo.com